El Rey preocupado por la inestabilidad y por cómo terminar con los bloqueos

El Rey ha entrado de lleno en la situación de inestabilidad política que vive el país desde la celebración de las últimas elecciones generales de hace tres meses y ha expresado su creencia de que los partidos se pondrán de acuerdo para evitar unas nuevas elecciones generales, que serían las cuartas en el espacio de cuatro años. Un fenómeno político de clara inestabilidad que nunca se ha producido en España desde la desaparición del bipartidismo y una situación nueva para la monarquía de Felipe VI. Frente a su padre, el rey Juan Carlos, que en 39 años no tuvo la menor incidencia en las distintas legislaturas, que agotaron con normalidad sus cuatro años de mandato gracias al bipartidismo y tuvo gobiernos con el PSOE y con el PP o con la desaparecida UCD y el partido socialista. Felipe VI ha tenido que hacer frente a una inestabilidad y un bloqueo político, desconocidos en la democracia española posfranquista y se sabe de su preocupación por la actual situación que no deba de ser una repetición de lo que ocurrió en 2015 con Rajoy.

Hasta ahora, ya en pleno mes de agosto, no se han reanudado oficialmente los contactos políticos formales entre los negociadores del partido socialista y el resto de los partidos, como es la intención del presidente en funciones Pedro Sánchez (“no tiro la toalla”) para intentar una segunda investidura, pese a que durante los días previos a la fracasada investidura del 25 de julio, había insistido en que no lo intentaría de nuevo y que, la única alternativa si Podemos no aceptaba su última propuesta de una vicepresidencia y tres Ministerios para la formación morada, era ir de nuevo a unas elecciones generales para el próximo 10 de noviembre. Entre medio, Sánchez ha iniciado los encuentros con movimientos sociales para presionar a Podemos para que acepte un Gobierno monocolor apoyado desde fuera por Podemos y otras formaciones, mientras personalmente ha establecido contactos con Compromis y próximamente con el PNV .

La verdad es que lo tiene difícil si Podemos no cede (aún así las relaciones personales han quedado tan deterioradas que va a ser complicado un pacto sensato, porque Pedro y Pablo no se entienden y no se fía uno de otro) y si los bloques de la derecha, Partido Popular y Ciudadanos, no cambian de actitud y contribuyen con su abstención al desbloqueo de la actual situación. Parece que algunos todavía no quieren darse cuenta de que la aparición de un quinto partido (Vox) en el reparto de los escaños del Congreso de los Diputados no sólo ha terminado con el bipartidismo imperfecto fomentado por la propia Constitución, sino que con el sistema electoral existente, crea, de por sí, inestabilidad que solo se resuelve con una cultura de pacto y de consenso que no forma parte ahora del comportamiento de una clase política que, según las encuestas, es el segundo problema del país, después del paro. Ha sido ese bipartidismo, muy criticado por la llamada “nueva política” lo que ha dado estabilidad al sistema , durante estos últimos cuarenta años.

Durante los debates de la frustrada última investidura, el candidato socialista Pedro Sánchez ponía de manifiesto que en estos momentos existen dos problemas que condiciona cualquier investidura: una coyuntural y otra estructural. Esta último se debería, según su opinión, a que el artículo 99 de la Constitución “no funciona” y “hay que reformarlo”. “Este es el primer acuerdo de país que voy a ofrecer al conjunto de fuerzas parlamentarias”, anunciaba Pedro Sánchez, durante su discurso de investidura del pasado mes de Julio.

Él había sufrido en dos ocasiones el fracaso de dos investidura por normas establecidas en ese artículo 99 de la Constitución. El citado artículo, en su punto 3, establece que el Congreso debe otorgar la confianza de la Cámara al candidato propuesto por el Rey por mayoría absoluta de sus miembros, en una primera votación. Y si no se alcanza esa mayoría, se someterá la misma propuesta a nueva votación 48 horas después de la anterior. La confianza se entenderá otorgada si el candidato lograse mayoría simple. Es decir más Síes que Noes.

Según el presidente en funciones no tiene sentido que los Ayuntamiento estén constituidos desde el pasado 15 de junio y para constituir el Gobierno de la Nación se permita que la política de bloques y la existencia de cinco partidos lleve a una situación de bloqueo como le pasó a Mariano Rajoy en 2015 y a él mismo en 2016 y 2019. En los Ayuntamientos cuando se convoca el pleno y no sale un gobierno porque no hay mayoría absoluta, gobierna la lista más votada.

Para Sánchez no tiene sentido que no suceda lo mismo en el caso de la investidura del Presidente del Gobierno. Habría que evitar de este modo el mecanismo que “impida coaliciones negativas que puedan abocar a la repetición sistemática electoral”. Sánchez ha anunciado que si logra formar gobierno este será el primer acuerdo de país que pondrá encima de la mesa : la reforma del artículo 99 de la Constitución para que “esta sea la última vez que ocurra en todo proceso de investidura futura”. A la mayoría de españoles, según el último baronetro del CIS (45,9 %), les parece bien esa reforma, frente a un 27,1% que cree que el cambio es innecesario.

De todas formas se trata de una reforma discutible, porque el nuevo escenario político que se dibuja en nuestro país lo que obliga a los líderes de los partidos es a hablar y hablar y a pactar y pactar, intentando superar esa política de bloques. Es lo que ocurre en estos momentos en la mayoría de los países europeos. Sobre esta reforma los partidos están divididos . Podemos está totalmente en contra, Ciudadanos no lo ve claro y cree que se debería establecer un “umbral mínimo del 3% nacional” que asegure un mínimo de representatividad en el Congreso, pero sin alterar, dicen, el “principio de representatividad” que recoge la Constitución. Más claro lo tiene el Partido Popular que piensa en una reforma inspirada en los modelos griego e italiano que priman con 50 escaños al ganador de unas elecciones. Esa idea obligaría a aumentar el número de diputados de los 350 actuales a 400.