La izquierda comienza a mirar a Portugal para salir del bloqueo

El 7 de enero de 2016, después de obtener en las elecciones del 20 de diciembre, el peor resultado de la historia del PSOE (90 diputados), Pedro Sánchez, se presentaba en Lisboa para entrevistarse con el primer ministro portugués Antonio Costa. En esas elecciones generales Mariano Rajoy había conseguido 123 escaños, los mismos que ahora tiene Sánchez, y la izquierda de Podemos con todas sus confluencias 69. La suma de la izquierda daba un resultado de 159 votos, una situación, pensó entonces Sánchez, mucho más favorable, que la de un Rajoy que terminaría rechazando presentarse a la investidura con la consiguiente crisis política que duró seis meses.

Era la primera vez que en España, tan cerca, pero tan alejada de Portugal, se empezó a hablar entonces  de “Gobierno a la portuguesa”. Un gobierno formado por el socialista Antonio Costa que había desplazado al conservador Pedro Passos Coelho, con una alianza inédita con el Bloco de Esquerda, el Partido Comunista y los Verdes, una alianza que parecía imposible, bautizada despectivamente como “geringonça" (chapuza), que suma 122 de los 230 escaños del Parlamento portugués y que terminará la legislatura.

La alianza  de izquierdas está a punto de finalizar en el mes de octubre, es posible que las próximas elecciones las gane Costa (esta en el poder sin haber ganado unas elecciones) y ha conseguido un récord de estabilidad política y de transformación radical de un país que tuvo que sufrir un rescate de 78.000 millones de euros y que hoy ostenta unas cifras que indican el alejamiento de la crisis con un crecimiento del 2,1% del PIB, un déficit del 0,5% y un desempleo del 6%. De acuerdo con el pacto programático, se han actualizado salarios y pensiones y se han paralizado las privatizaciones.

Igual que Pedro Sánchez en España, el socialista Antonio Costa presenta en 2015 una moción de censura contra el líder del partido conservador Pedro Pasos, apoyado por toda la izquierda. Ahogado por la crisis, el desempleo y los recortes, muy pocos confiaban en que un inédito pacto de izquierdas que parecía totalmente inviable apenas hace cuatro años lograría sacar a Portugal del agujero y transformar al país en un modelo envidiado por sus vecinos. Pero ese gobierno monocolor apoyado desde fuera por un pacto programático de izquierdas ha sido un autentico éxito y, un éxito que ha sido posible por el pragmatismo y el sentido de responsabilidad de la izquierda.

Ahora, después del fracaso de la investidura y de casi la ruptura de relaciones entre PSOE y Podemos,  en plena guerra de acusaciones sobre la culpabilidad del gran fracaso del Gobierno de Coalición, y de la crisis interna en Podemos por cómo se han llevado las negociaciones, unas negociaciones contrarreloj que no podían salir bien, la brújula ha girado hacia el Oeste, hacia Portugal y hacia esa fórmula que aprobó el Comité Ejecutivo del PSOE de un gobierno monocolor en el que podían entrar independientes cercanos a Podemos y a la Izquierda.

La formula apoyada y defendida por Izquierda Unida y por En Común Podem, supone, colocarse en una mayoría de 173 diputados (PSOE, Unidas Podemos, Compromis y Partido Regionalista Cantabro, PRC). Desde esta base y con un pacto de investidura o mejor, con un acuerdo a la portuguesa, que permita incluso, con esfuerzo, la aprobación del primer gran obstáculo, que pasa por los Presupuestos Generales del Estado, prorrogados desde 2016, se puede establecer una situación estable jugando, además con que no hay otra mayoría alternativa en la Cámara.

Si esta opción no sale por culpa de nuevo de la izquierda, y no se produce la abstención de Ciudadanos (posibilidad descartada por el suicidio colectivo que ha emprendido Rivera) o del Partido Popular (las condiciones que ponga a Sánchez serán muy duras entre otras razones porque es el único partido al que benefician la repetición de elecciones) la única salida es la disolución de las Cámaras y elecciones el 10 de noviembre