Negociar una Coalición: límite 48 horas

Tras catorce horas de debate en el que han intervenido la totalidad de los representantes de los partidos políticos representados en el Congreso de los Diputados, el candidato a la investidura Pedro Sánchez Pérez-Castejón no ha conseguido una mayoría de votos suficientes como para ser investido Presidente del Gobierno en primera convocatoria. Con un resultado peor de lo que el candidato pensaba, porque Esquerra Republicana de Cataluña ha votado en contra, cuando se esperaba que, simplemente se abstuviese, aunque eso sí, ha contado a última hora, con la abstención de Podemos, como gesto de que no se han roto las negociaciones, el candidato ha contado con 123 votos, los de su propio partido y el del Partido Regionalista de Cantabria,170 votos en contra y 52 abstenciones.

Un malísimo resultado, a pesar de los continuos llamamientos a la abstención a los dos partidos constitucionalistas, Partido Popular y Ciudadanos para romper el actual bloqueo, que han dado un rotundo No al candidato. Uno de Pablo Casado, líder del Partido Popular, con muy buenos modos, tono moderado y una intervención bien motivada, y otro de Albert Rivera, de Ciudadanos, con un tono exagerado, una intervención sobreactuada y un lenguaje inapropiado, lleno de ejemplos que tenían que ver muy poco con la realidad. Un malísimo resultado el de Sánchez que intentará corregir en la segunda vuelta, el próximo Jueves.

Que en ochenta y tres días, desde las elecciones del pasado 28 de Abril, sólo se hayan conseguido tan pobres resultados significa que algo se ha hecho mal, y que parte de la estrategia negociadora ha fallado. A estas alturas el gran problema con el que han tenido que enfrentarse las delegaciones del PSOE y de Unidas Podemos, ha sido la falta de tiempo para llegar a un acuerdo razonable con serenidad, midiendo todas las consecuencias y valorando cuidadosamente, todos los efectos de lo que sin duda, ese Gobierno de Coalición entre el partido socialista y Podemos, era y es una decisión histórica para el país y para la política española.

Desde la victoria socialista han pasado ochenta y tres días, doce semanas, que se han perdido en parte en Europa, donde el candidato a la Presidencia del Gobierno Pedro Sánchez, se ha centrado en quienes iban a mandar en esa nueva Europa que ha surgido de las últimas elecciones europeas. Como el líder socialdemócrata europeo que más eurodiputados ha aportado a la Eurocámara ha estado más pendiente de lo que ocurría en Bruselas, donde ha hecho de mediador del grupo socialdemócrata, algo que le ha proporcionado un protagonismo que no ha tenido otro Presidente español, que lo que estaba pasando en Madrid, donde en el inicio de las negociaciones, no había forma de que, según la metodología impuesta por el PSOE, primero había que hablar de programa y después de los Ministerios y de quiénes iban a ocupar esos Ministerios. Y todo eso, en un clima de sospecha y de desconfianza entre las dos delegaciones, que no habían conseguido disipar la colaboración que supuso la moción de censura en la que, es verdad, el papel de Pablo Iglesias fue fundamental.

Este cronista anunciaba el pasado 2 de julio que toda la hiperactividad que Pedro Sánchez había desarrollado en Europa como mediador del grupo socialdemócrata, para conseguir que el máximo número de cargos fuesen a parar a los socialistas, se convirtió en desgana para iniciar los contactos con Podemos para el Gobierno de Cooperación, primera propuesta de Moncloa, y para evitar por todos los medios negociar un Gobierno de Colaboración con Pablo Iglesias o Irene Montero de vicepresidentes (ver republica.com “Sánchez hiperactivo en Europa e indolente en su investidura”). Además, las negociaciones se abrían con la decisión unánime de la Ejecutiva socialista de que Pedro Sánchez no hablaría de cargos con Pablo Iglesias hasta que no se acordase el programa de un “Gobierno monocolor”. A lo máximo que llegaba la ejecutiva socialista era a respaldar un gobierno solo del PSOE, con posibles Ministros independientes propuestos por Podemos.

La Comisión permanente de la Ejecutiva Federal respaldaba, por unanimidad, la posición de Sánchez de configurar un “gobierno monocolor” con posibles Ministros independientes de reconocido prestigio propuestos por Iglesias. Este órgano del partido ha aprobado además el documento titulado España avanza. Propuesta abierta de cooperación para un gobierno social, feminista, ecologista, europeísta y progresista, es una síntesis del programa con el que el PSOE se presentó a las elecciones generales del 28 de abril, y que ha sido la base del discurso de investidura de Sánchez de ayer Lunes.

No es verdad que durante las negociaciones, el PSOE no se haya movido, sino todo lo contrario: quienes han mantenido una posición más intransigente ha sido Podemos, hasta el mismo Lunes en que antes de iniciar el debate de investidura hubo una propuesta cerrada a la que se negó a contestar Pablo Echenique, volviendo a la posición de partida, según la versión de la vicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo. La decisión de Iglesias de renunciar a cualquier cargo ministerial dejó descolocado a los negociadores socialistas. Ahora estamos ante un Límite de 48 horas que vence el Jueves a partir de las dos y media de la tarde en que se volverá a votar: habrá investidura si hay más Síes que Noes… Antes, este Miércoles volverá a reunirse la Ejecutiva socialista para decidir si se sigue con el gobierno monocolor o se va claramente hacia la Coalición y cómo…

Pero la realidad es que las negociaciones no van bien a pesar de que la oferta, partiendo de donde comenzaron las negociaciones, incluye la aceptación de Irene Montero como vicepresidenta, con competencias en materia infantil y lucha contra la pobreza, y de uno o dos Ministerios que englobarían Turismo, Vivienda y Deportes . El problema estaría en las competencias y en los Presupuestos así como en la insistencia en el programa económico a todo lo que se refiere al precio de los alquileres, lucha contra el fraude fiscal, y bajada del precio de la luz.