Investidura: el Gobierno de Coalición en vías de fracasos

¿Están rotas las negociaciones entre el PSOE y Unidas Podemos como se ha estado venido especulando desde primeras horas del inicio de la sesión de investidura este Lunes, del candidato Pedro Sánchez Pérez Castejón? ¿No rotas, pero si congeladas, según otros, ante las exigencias de un partido que, tras aceptar el sacrificio de su secretario general por su incompatibilidad con Pedro Sánchez y considerado el principal escollo para ese Gobierno de Coalición, no ha querido ceder en las peticiones programáticas o, en el número de miembro de Podemos que tienen que sentarse en la Mesa del Consejo de Ministros y el nivel de esa presencia ministerial con sus correspondientes presupuestos?

Estas dos preguntas han volado sobre el Hemiciclo del Congreso de los Diputados sin que nadie, ni del PSOE ni de Podemos, hayan podido aclarar cómo estaban las negociaciones entre las dos delegaciones cuando el señor Sánchez subió a la Tribuna del Congreso para leer su discurso de 31 folios y dos horas de duració,n en el que en tono tecnocrático y sin pasión, ha hablado de los grandes retos a los que tiene que hacer frente España y hacia dónde debe ir el país, en Europa y en el mundo. Un desafío que pasa por cambios radicales en la economía, en la lucha contra el cambio climático y en el mundo digital.

A lo largo de su discurso, el líder socialista se ha dedicado a glosar su programa, su proyecto para España, para abordar una “segunda transformación” del país. Con planteamientos que el PSOE ha mantenido siempre y que consta en su programa, y con el que se presentó a las elecciones, ha identificado seis grandes desafíos y ha planteado sus respuestas para un empleo digno, la lucha contra la precariedad y la defensa del sistema de pensiones.

La necesidad de afrontar una revolución tecnológica que tiene sus consecuencias también en una nueva fiscalidad de las plataformas digitales. La emergencia climática. Y la desigualdad social. “Vamos a trabajar para una España en que la igualdad sea la base de nuestra convivencia”. El candidato ha insistido en la la lucha contra la desigualdad social, porque “8,5 millones de españoles están en riesgo de exclusión social” en la cuarta economía de la zona euro. “Vivimos en un país que no da las mismas oportunidades a todos y en especial a todas. No es cierto que sea una consecuencia de la falta de méritos”. La desigualdad es una lacra moral, que socava las bases de nuestra democracia”.

Esa insistencia se ha extendido a la defensa de las mujeres, tanto en la parte de lucha contra la violencia de género como en otros ámbitos. “La discriminación de la mujer no es fruto del azar sino de una sociedad patriarcal”, ha asegurado. Por ello ha anunciado una Ley de Igualdad de trato en el empleo y la conciliación y la modificación de los delitos sexuales porque “una violación es una violación. En la política de vivienda se ha comprometido al límite del precio de los alquileres. Sánchez ha anunciado que habrá “medidas” para frenar las “subidas abusivas” y una ley estatal para evitar el desamparo y la exclusión” una nueva subida del Salario Mínimo Interprofesional hasta situarlo al 60%, es decir 1.200 euros.

En materia laboral ha planteado una actualización del Estatuto de los Trabajadores para que “blinde derechos” al tiempo que prometía “derogar los aspectos más lesivos de la reforma laboral” del PP. También ha apostado por renovar el Pacto de Toledo consolidar la revalorización de las pensiones en base al IPC y acabar en cinco años con el déficit de la Seguridad Social con el estudio de nuevas fórmulas de financiación para garantizar la sostenibilidad del sistema. Y, todo eso, con una lucha ejemplar para combatir el cambio climático, un desafío para lo que supone para España el desafío digital y, una esperanza del lugar que un país como España, un gran país, debe ocupar, y va a ocupar como cuarta potencia económica de la zona la decimotercera del mundo.

La gran incógnita que sobrevolaba sobre el Palacio de San Jerónimo se resolvía pasadas las siete de la tarde, cuando el portavoz de Unidas podemos, Pablo Iglesias tomó la palabra y realizó un discurso demoledor contra el candidato socialista, corrigiendo como un profesor todas las faltas que el discípulo Pedro Sánchez, decía que había cometido. Sin traspasar la cortesía parlamentaria, Iglesias, dolido de que fuese puesto en público como “escollo” de un posible Gobierno de Coalición, se dedicó, en esos momentos a hacer todo lo posible porque las negociaciones fracasasen.

“Cuando todavía no hemos negociado un acuerdo de Gobierno, usted insiste en pedirle la abstención al PP y a Ciudadanos. “Le pido, por favor – le ha dicho a Sánchez, que no se la pida también a Vox cuando intervenga a Abascal”, le ha reprochado Iglesias al Presidente en funciones. “Excusas, excusas y más excusas como están dándonos ustedes. La gente no quiere más excusas, quiere un Gobierno progresista”, le ha dicho, instándole a que “no malogre su patrimonio político que puede liderar construyendo un Gobierno” de izquierdas.

El Iglesias más dolido ha expresado que no ha habido un “ejercicio de generosidad y responsabilidad” mayor que el que él ha hecho, apartándose a un lado y renunciando a estar en el Gobierno. “Hemos retirado a nuestro candidato porque ha planteado un veto, que era la excusa a la que se agarraban para evitar un Gobierno de coalición”, le ha dicho, pero siguen las excusas …y siguen…