El encuentro Sánchez – Iglesias termina como el Rosario de la Aurora

El encuentro de Pablo Iglesias con el Presidente del Gobierno en funciones, celebrado en el Congreso de los Diputados, a dos semanas de la investidura, ha terminado como el Rosario de la Aurora. Para entender la comparación hay que aclarar que en Espera, en la provincia de Cádiz, había una cofradía llamada del Rosario de la Aurora, que salía a rezar en procesión al amanecer con la aurora. Un día, ya en la aurora, coincidió con un grupo poco respetuoso con las costumbres religiosas, que empezaron con gritos e insultos hacia los cofrades y terminó a farolazos y pedradas…

En el caso de hoy los cofrades eran solo dos, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, el cofrade Pedro y el cofrade Pablo. Y después de cerca de dos horas de reunión, no de rezo, consiguieron no sólo no ponerse de acuerdo, sino sacar a relucir sus diferencias y rencores, a pesar de la buena apariencia de las relaciones. El cofrade Pedro volvió a repetir lo que decidió por unanimidad el Comité Ejecutivo del PSOE de cara a la investidura del 22 de Julio: Gobierno monocolor con un socio preferente que es Podemos, que ocuparía cargos de segundo nivel, dentro de la Administración, pero no dentro del Consejo de Ministros, con un programa de cooperación a partir del documento publicado por el partido socialista con nuevas incorporaciones.

El cofrade Pablo no transigía. No quería hablar de programa, que decía que era un programa de corta y pega en el que ni siquiera se había incluido temas importantes incluidos en el compromiso de la moción de censura y en el proyecto frustrado de Presupuestos. No podía haber debate sobre programas, si no se aceptaba la entrada de Podemos en un Gobierno de Coalición, a lo que según Iglesias se había comprometido Sánchez, en la primera entrevista celebrada en el Palacio de la Moncloa.

Al final inevitablemente, salían a relucir los rencores y aquello terminaba como el Rosario de la Aurora. Por parte del PSOE se insistía en que Podemos no tenía ningún interés en hablar de programas, sino sólo de los sillones en un Gobierno de Coalición (en el que Iglesias, pedía una Vicepresidencia) que según Iglesias era lo que había votado el electorado. La versión de Podemos era también de ataque: Sánchez actuaba como si tuviese mayoría absoluta y solo pensaba en convocar elecciones, insistiendo en que no habría una segunda vuelta en Septiembre. O hay investidura en Julio, o por el contrario habrá elecciones el 10 de Noviembre. No hay otra salida. Ni otra alternativa. La Vicepresidencia pedida por Iglesias no era verdad. Estábamos ante un final como la del Rosario de la Aurora, sobre todo después del tuit de Podemos: “Queremos un Gobierno que garantice los derechos sociales. Cuando el PSOE abandone la estrategia de la presión, la amenaza de repetir elecciones y las noticias falsas, nos encontrará dispuestos para negociar un Gobierno de coalición de izquierdas sin líneas rojas ni vetos.

Y eso, a pesar de que ese era el quinto, y no se sabe si último encuentro del cofrade Pablo Iglesias con el presidente del Gobierno en funciones, el cofrade Pedro Sánchez. Probablemente ha sido también el más duro para quien, hasta ayer mismo, en que conocía la decisión de la dirección del PSOE de que no habría Gobierno de Coalición, sino Gobierno monocolor o Gobierno de Cooperación, confiaba en que ese Gobierno de Cooperación, le abriese la puerta para poder sentarse él, y varios miembros de Podemos, en la Mesa del Consejo de Ministros de España.

En la cuarta de las reuniones (las tres restantes fueron en el Palacio de la Moncloa) celebrada en el Congreso de los Diputados, y ante la primera noticia de que lo que Sánchez le ofrecía era un Gobierno de Cooperación, con un programa pactado de cooperación, Iglesias comparecía brevemente ante los medios para declarar que el término, el adjetivo que acompañaba al nombre del Gobierno, no importaba, dando a entender (cuando era todo lo contrario) que era lo mismo, cuando la realidad es que a partir de ese encuentro, la Coalición había encallado (ver republica.com “Un gobierno de Cooperación no es un Gobierno de Coalición”).

A partir de ahí, hay que reconocer que Pablo Iglesias ha procurado limar asperezas, ceder en muchas de sus peticiones, rebajar sus pretensiones y expectativas, y acomodar incluso su forma de ser y de manifestarse a la coherencia y a la mecánica interna de lo que es un Consejo de Ministros. Los últimos impedimentos esgrimidos por los socialistas sobre la homogeneidad que debe tener el Gobierno, han intentado ser superados por Iglesias en sucesivas cesiones, comprometiéndose por escrito, a una lealtad total sobre política exterior (que será la que marque el PSOE y el Presidente del Gobierno) y sobre Cataluña, el problema que es el que más preocupa a Sánchez y al PSOE. En ese tema ha habido una rendición total e incondicional: renuncia a defender el derecho de autodeterminación y a un Referéndum, sintonía total con el Gobierno en caso de una sentencia condenatoria a los procesados y juzgados por el “Procés” y, actuación solidaria con el resto del Gobierno en la reacción a esa futura sentencia y… nada de visitas a los políticos presos, como manifestó el propio Iglesias, en entrevista a El País, en las que declaró que nadie podía impedirle entrevistarse con quien quisiera.

El gran problema es que Pablo Iglesias ha ligado su futuro y el del partido que maneja con mano de hierro a entrar como sea en un Gobierno de Coalición. Su plan de futuro, personal y político, pasa por sentarse en la mesa del Consejo de Ministros de España, mientras su compañera, Irene Montero, se queda dirigiendo el partido en lo que sería un futuro Vistalegre III. Hay un sector del partido, el sector anticapitalista que lidera la andaluza Teresa Rodríguez y el alcalde de Cádiz José María González “Kichi”, que está en contra de esa estrategia que puede terminar, dicen, con el partido ya que tarde o temprano Unidas Podemos sería una nueva Izquierda Unida, y no el partido que pretendía “Sorpassar” al PSOE.

Por otra parte, hay una desconfianza mutua entre dos personajes que es difícil que puedan formar equipo, porque no se fían uno del otro. Sánchez no se fía de Iglesias e Iglesias, que tanto hizo a favor de Sánchez en la moción de censura que le llevó a la Moncloa, tampoco es el político que pueda confiarse en él. La prueba es la desaparición de la foto y del partido de todos los que hace seis años, fundaron Podemos… De todos ellos, incluso de los que eran amigos … no queda ninguno. Lo que Sánchez teme de Iglesias es la deslealtad cuando haya que tomar medidas duras que exija, por ejemplo Europa y, lo que Iglesias teme de Sánchez es que, si no está dentro del Gobierno Podemos, el programa que acuerden no se cumplirá porque, ha venido diciendo  a la primera dificultad a Sánchez le tiemblan las piernas y, adiós programa.

Por último, alguien como Pablo Iglesias, tiene una personalidad tan definida que dentro de un Consejo de Ministros es el que, Sí o Sí, tiene que llevar la voz cantante. Eso forma parte de su personalidad y nadie le va a quitar ese protagonismo que forma parte de su forma de ser, de actuar y… de comportarse.