Pedro – Pablo, y el juego de la gallina

Dice uno del otro que está ensimismado en pleno juego de la gallina. En la teoría de los juegos, el de la gallina o del perro loco, se basa en el principio de que hay que crear presión psicológica hasta que uno de los participantes en el juego se eche atrás. La tesis se conoce como un juego estático con información compleja. El mejor ejemplo: dos automovilistas se dirigen a toda velocidad uno al encuentro del otro. El primero que se desvíe de la trayectoria para no chocar… es el “gallina”, el que se ha rendido, el que pierde. En cualquier negociación es un método imprescindible de trabajo: aguantar hasta el final cuando el tiempo está a punto de expirar…

Y en eso, en el juego de la gallina, es en lo que están Pablo Iglesias, secretario general de Podemos y Pedo Sánchez, presidente del Gobierno en funciones. Se han visto desde que se celebraron las elecciones generales hace este Viernes un mes, en cuatro ocasiones, y desde la primera toma de contacto en general hasta la última, celebrada este Martes, y montada a última hora, en vísperas de un largo periplo por Japón (Reunión del G-20) y Cumbre de Bruselas para llegar a un acuerdo sobre nuevos nombramientos en las instituciones europeas, todo ha ido de mal a peor.

Primero fue definir la relación por la cual Podemos se convertía en “socio preferente” del futuro nuevo Gobierno. Una situación nada novedosa porque ya lo era desde la moción de censura que permitió la llegada de Sánchez a la Moncloa. Después, fue bautizar la relación: no gustaba el término “Gobierno de Coalición” y se aceptó, con reticencias de Pablo Iglesias que, públicamente, decía que no importaba los nombres (si se entraba en el Consejo de Ministros). La siguiente fue aclarar que Gobierno de Cooperación no era, ni mucho menos, Gobierno de Coalición. Y la del Martes, fue la definitiva: entrar en el Gobierno sí, pero no en el Consejo de Ministros. Habría nombramientos de segundo nivel, de miembros de Podemos o de su órbita, en todos los órganos de la Administración, pero no en el Consejo de Ministros.

Se ponía en marcha de este modo el juego de la gallina, y para que no quedara duda, el presidente del Gobierno Pedro Sánchez daba un paso al frente, y se ponía en contacto con la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, para una reunión que se celebrará el Martes 8 de Julio, para fijar la fecha de la investidura que en principio será, según Moncloa, el 16 de Julio. Sánchez se presentará, sin acuerdo, con el voto de Podemos o sin él. La respuesta de Iglesias era muy propia del jugador dispuesto a aguantar, y dando por hecho que la investidura fracasaría, porque Podemos no le daría el voto: “El acuerdo está más cerca de lo que parece -decía Iglesias en pleno Juego-, aunque haya que esperar dos meses y medio”. Es decir, que si la investidura fracasa, se pone en marcha el proceso y se espera hasta Septiembre para intentarlo de nuevo. Todo el secreto consiste, a partir de hora, en aguantar y aguantar…

Forzando la jugada, y ya casi en el avión presidencial con rumbo a Japón, la Moncloa filtraba que no habría más oportunidad después de Julio. O la investidura sale en Julio (algo que a estas alturas es imposible por la oposición de Podemos) o no habrá otra oportunidad. Sánchez, es el mensaje, no está dispuesto a dos derrotas y además, Moncloa dixit “no está dispuesto a tragar con ruedas de molino”. El examen es ahora, en Julio y no en Septiembre. Si el 16 de Julio no hay investidura, se pondrá rumbo a nuevas elecciones generales que con toda posibilidad se celebrarán en Noviembre.

Sería la segunda vez, desaparecido el bipartidismo y desde el inicio de la llamada “nueva política” que hay que convocar elecciones generales por el bloqueo político de los nuevos partidos (ver republica.com “La trampa del quintapartito y el fracaso de la nueva política“). En el caso concreto de ahora serían las octavas elecciones que se celebran en nuestro país, en el corto plazo de cuatro años, por la ausencia de diálogo entre partidos, por la nula capacidad de pactos de nuestros políticos, por la ambición personal de quienes gobiernan y de los que aspiran a gobernarnos.

Decía recientemente el expresidente del Gobierno Felipe González, desconcertado por la situación política creada por el quintapartito, que su consejo es que los políticos que ponen inconvenientes a acuerdos y pactos les recomendaría que se retiraran al rincón de pensar. El rincón de pensar es el lugar a donde ponen los maestros ahora a los niños revoltosos o desobedientes… Así que, todos al rincón antes de que el juego de la gallina termine en tragedia.