La crisis de Ciudadanos: por qué Rivera odia a Sánchez

Albert Rivera permanece desaparecido tras el terremoto producido este lunes en Ciudadanos por la dimisión en cadena de Toni Roldán, portavoz de Economía en el Congreso de los Diputados, Javier Nart, europarlamentario y, Juan Vázquez, candidato a la Presidencia de Asturias, que ha abandonado su escaño por diferencias, los tres, con la política del Presidente de Ciudadanos y por su empecinamiento en no abstenerse en la investidura de Pedro Sánchez. El Presidente de Ciudadanos se niega a comparecer en público para hacer un análisis de la situación, y se refugia, hasta ahora en Inés Arrimadas y en José Manuel Villegas, para que sean ellos los encargados de explicar la situación del partido naranja, la más grave desde su fundación, en junio de 2005.

El hecho de no aparecer ante la opinión pública y su negativa a entrevistarse con el Presidente del Gobierno (ha rechazado un encuentro en la Moncloa a instancias de Sánchez en lo que es una clara descortesía institucional), indican que no está dispuesto a rectificar y que intenta llevar hasta el final, el “no es no”, cuyo copyright pertenece a Pedro Sánchez, en la investidura de Mariano Rajoy en las elecciones de 2015 y 2016. Por ahora, encerrado en un pequeño círculo al que pertenecen Villegas, del Páramo, Hervías, Arrimadas y Girauta.

Pero a pesar de eso, muchas veces no le hace caso a nadie, empeñado como está, en forzar incluso unas nuevas elecciones que, según las encuestas, no le beneficiarían nada. Se beneficiarían, sobre todo, según las encuestas de NRC y de CAD 3 publicadas el Lunes, Pedro Sánchez y Pablo Casado. Incluso a ese círculo cerrado que tiene la mayoría de contactos con él, a veces no le hace caso… Al final, dicen con ironía muchos que están con él desde los primeros momentos, va a resultar que el verdadero cálculo cero del líder, es el “círculo Malú”.

Rivera todavía no ha olvidado que la moción de censura del año pasado no sólo iba contra Mariano Rajoy, sino también contra él, que aspiraba a la Presidencia del Gobierno, porque las encuestas le eran tan favorables que parecía inevitable, en aquel mes de junio del año pasado, que si se celebrasen elecciones Generales, las ganaría él y su partido. Tardó en darse cuenta de que el enemigo a abatir no sólo era Rajoy, sino también él .Sobre todo si, en contra de lo que anunció Pedro Sánchez, no convocaba elecciones, permanecía en la Moncloa nueve meses y, además, anunciaba elecciones generales en su momento más favorable: el 28 de Abril, un mes antes de las elecciones europeas, municipales y autonómicas.

Con esa estrategia, mientras Rivera se consumía pidiendo día sí, y otro también, elecciones generales, Sánchez ganaba las cuatro elecciones: las europeas, las autonómicas, las municipales y las generales, estas últimas con el mismo número de diputados (123), que Mariano Rajoy en las Generales de 2015 (ver republica.com “Rajoy le dijo No al Rey. El problema de la investidura es el número maldito 123“). Esa es la historia de desencuentro y de revancha, que Rivera tiene con Sánchez, con quien no tuvo reparos en firmar 200 medidas para un Gobierno de Coalición, bautizado como el Pacto del Abrazo, porque se firmó delante del cuadro “El Abrazo” de Juan Genovés, y que al final torpedeó Pablo Iglesias.

Hoy Iglesias, que a última hora ha sido citado por Pedro Sánchez en la Moncloa, tras su regreso de Granada hasta dónde se ha trasladado para la inauguración del AVE, no ha querido hacer declaraciones ni explicar el cambio de fechas porque estaba previsto que, hasta la primera semana de Julio (después de su viaje a Japón y Bruselas) no se produjese ese encuentro. Un encuentro en que estaba previsto que el líder de Podemos le trasladase al Presidente del Gobierno su negativa a la fórmula de entrada en el gobierno, pero en segundos niveles de la Administración y no en el Consejo de Ministros. Sánchez sigue sin fiarse de Iglesias y para desgracia de Podemos está más cómodo con dirigentes de Ciudadanos (han citado fuentes del gobierno, el nombre del dimitido Toni Roldan).

Esas mismas fuentes han filtrado a las agencias informativas nacionales que si el líder de Podemos, Pablo Iglesias, se empecina en sentarse en el Consejo de Ministros “habrá elecciones y él lo tendrá que explicar”. Los socialistas reconocen de forma metafórica que quieren “vivir en el mismo barrio” que Iglesias, pero “no compartir vivienda con él” y solo entienden su obstinación en clave de supervivencia interna. Mala comparación con el barrio y la vivienda, cuando todos saben que la vivienda de Iglesias-Montero, ha sido el tema que más ha desgastado al matrimonio. Es mentar la soga en casa del ahorcado… sin necesidad.