Sánchez aplaza el encuentro con Iglesias, tras el No de Podemos al veto de Moncloa

Esta semana en que se cumplen ya dos meses de las elecciones Generales (el próximo Viernes), no se celebrará un nuevo encuentro del presidente del Gobierno en funciones Pedro Sánchez, con el secretario general de Unidas Podemos (a partir de ahora, Podemos) para desbloquear la situación existente de cara a la investidura, en tanto que Pablo Iglesias ha insistido este Lunes en que su propuesta sigue siendo un Gobierno de Coalición, para lo que se necesita, según él, abrir negociaciones para elaborar un programa y una estructura de Gobierno.

La última propuesta de la Moncloa, hace una semana, giraba sobre un Gobierno de Cooperación en el que miembros, de Podemos, o de su órbita, podrían ocupar altos cargos en la Administración, pero no ninguna cartera en el Consejo de Ministros. Hoy Iglesias ha dicho “no” en un ambiente, dicen los meteorólogos políticos, cada vez está más tenso y cargado, ya que habría que retrasar la investidura. La entrevista entre Sánchez e Iglesias, prevista para esta semana, ha sido anulada y se celebrará después del viaje del Presidente a Japón y a Bruselas, con lo que nos metemos a finales de Junio, después de los dos meses de celebradas las elecciones generales.

En Podemos dicen que las negociaciones no están bloqueadas porque ni siquiera se han iniciado y no se ha empezado a hablar de programas, ni de estructura de gobierno. El único bloqueo que existe estaría en la propia estructura de los bloques, hasta el punto que ni el bloque de la derecha ni el de izquierda, suman para poder gobernar por sí mismas. Es más, si hubiese nuevas elecciones subiría el PSOE y el Partido Popular y bajaría Podemos y Ciudadanos, según NC Report, con lo que nos encontraríamos con un bloque de derechas que sumaría entre 149-158 escaños y, otro de izquierda de 160-164 (ahora 165). Similar es la encuesta, de GAD3 en la el PP es el más beneficiado (gana 19 escaños) a costa de Vox que pierde 14, con lo que el bloque de la derecha se queda en 152 diputados y el de la izquierda en 164, tras la pérdida de ocho escaños que van al PSOE .

Por lo pronto Iglesias, ante de la entrevista con Sánchez, ha querido medir la temperatura de la calle y verse con los secretarios generales de los dos grandes sindicatos (UGT, Pepe Alvarez y Comisiones Obreras Unai Sordo) y con los responsables de la plataforma de los pensionistas, que se siguen manifestando todos los Lunes en petición de una pensión mínima de 1.080 euros, una subida de las pensiones de acuerdo con el IPC y, un blindaje de las mismas en la Constitución.

Tanto los sindicatos como los pensionistas, defienden la entrada de Podemos en un Gobierno de Coalición o de Cooperación, siempre que esa Cooperación sea sinónimo de Coalición y no un término lingüístico para intentar encontrar una solución a un problema. Y el problema es que Sánchez y el aparato del partido, no quieren a representantes de Podemos (especialmente a Pablo Iglesias) sentados en la mesa del Consejo de Ministros. “Una cosa es que estén presentes en Gobiernos Autónomos, como están o estarán, en Valencia, Baleares, La Rioja y Canarias y, otra muy distinta, en el Gobierno del Estado”.

Son especialmente algunos barones con los que, después de las elecciones, se limaron las asperezas que habían los más remisos a la presencia de Podemos. Un Gobierno aún de Coalición, tiene que ser lo más coherente posible no sólo por un programa en común, sino en actitudes y en pronunciamientos. Lo que más alarma produjo recientemente, causante de la actual crisis, fue que en mitad de las negociaciones, y un día antes de su último encuentro con Sánchez en la Moncloa (el que filtró la secretaría de estado de Comunicación), Iglesias le confesase al diario El País, que ser Ministro no era incompatible con todo lo que ha venido defendiendo hasta ahora.

Preguntado sobre si como Ministro se comprometería a no pedir un Referéndum, a no visitar a Junqueras en la cárcel o, a no hablar de presos políticos, la respuesta inquietó a Pedro Sánchez, hasta el punto de replantearse todo. “Sería ilegal – fue la respuesta de Iglesias que hizo que todo se volviese atrás – un veto a visitar alguien en la cárcel; cualquiera puede visitar a cualquiera en la cárcel. Tenemos que llegar a un acuerdo programático que figure hasta dónde podemos llegar como Gobierno. Seremos leales con el acuerdo que firmemos al 100 %, pero eso no quiere decir que renunciemos a nuestras ideas”. Evidentemente un encuentro del ministro Pablo Iglesias con Oriol Junqueras en prisión, sin autorización del Presidente o una defensa de un Referéndum ilegal en cualquier parte del territorio español, crearía tal crisis en ese Gobierno de Cooperación que, aún cesándole del cargo, condicionaría toda la legislatura de Pedro Sánchez.

Esta es la dura realidad aunque Iglesias tiene perfecto derecho a reclamar la parte de poder que le corresponde de esos 42 diputados que aporta a los 169 de la posible investidura, aunque el Presidente sigue defendiendo ese Gobierno a la portuguesa que ha querido bautizar de Cooperación, con un socio preferente que es Podemos. Además Podemos se encuentra en su peor momento, el sector anticapitalista se opone a la entrada en el Gobierno y se espera y, se está pidiendo con insistencia, un Vistalegre III para salir de la actual crisis.

La crisis de Podemos, por otra parte, ha traspasado las fronteras españolas y ha sido un periódico mexicano, Jornada, la referencia de la izquierda latinoamericana, el que ha dado la señal de alarma sobre los partidos que según el periódico, surgieron entre los indignados del siglo XXI y que se han ido plegando “a los poderes económicos, las trasnacionales y el capital financiero”. En España se pregunta el periódico qué ha sido de Podemos, cuyos dirigentes, dice, viajaban a Grecia y veían en Syriza un ejemplo donde reconocerse. “Han seguido el mismo camino” ” En un lustro, inmersos en guerras intestinas se han desgastado. La izquierda política española se encuentra peor que en 2014, antes de su fundación”.

Sin proyecto, e incapaz de entender que ha pasado, “Podemos sufre las consecuencias de su mojigatería. Por ineptitud más que por acierto de sus adversarios, quedó presa de sus mentiras. Se convertirían en la primera fuerza política del país, y el PSOE acabaría sucumbiendo. Serían poder y entrarían en La Moncloa. Se veían presidiendo el Consejo de Ministros. Entrarían en la historia con mayúsculas. Podemos representaba la unidad de lo nuevo. Una generación de emprendedores y empoderados reemplazaba a la vetusta Izquierda Unida y los comunistas. Podemos encarnaba el futuro. Era el momento de dar un paso adelante pero…” nada, ha salido como querían.