El método judicial del magistrado Marchena, basado en el “Vamos a ver…”

El Juicio del “Procés”, que comenzó el pasado 12 de Febrero, ha quedado visto para sentencia. Cualquiera que haya seguido por televisión en directo el desarrollo de las 52 agotadoras sesiones del juicio, mañana y tarde, se habrá entusiasmado con el mismo; habrá aprendido algo de derecho; se habrá dado cuenta de que todo ha transcurrido con un absoluto respeto a los derechos que asisten a los acusados y que, a pesar de todas las protestas, dentro y fuera de la espectacular Sala de Audiencias del Palacio de las Salesas Reales, todo ha transcurrido con una normalidad y un orden, que muy pocos creían que podría presidir uno de los Juicios más importantes de este siglo.

Dentro de la Sala, en el estrado del Tribunal que han ocupado durante estos cuatro meses los magistrados Juan Ramón Berdugo, Andrés Martínez Arrieta, Luciano Varela, Andrés Palomo, Juan del Moral y Ana Ferrer, todos los espectadores han podido ver en el centro de ese estrado, delante de su ordenador, atento a todo y a todos, al magistrado de la Sala Segunda del Supremo (Sala de lo Penal) Manuel Marchena Gómez (Las Palmas de Gran Canaria 1957). De cuando en cuando, su mirada recorría a derecha e izquierda el estrado de los abogados defensores, el de los fiscales y abogados del estado, y el de enfrente suyo, a los acusados en un banquillo recubierto de simulado terciopelo rojo convertido en banquetas con respaldar.

Responsable de esa Sala Penal del Tribunal Supremo, después de dimitir de la Presidencia del Consejo General del Poder Judicial y de la Presidencia del mismísimo Tribunal Supremo, sucesor del actual Carlos Lesmes, en una lección de independencia, dimitía de su cargo. Determinadas especulaciones en un grupo de Whatsapp del senador del Partido Popular Ignacio Coisidó de que para las causas pendientes del partido el nombramiento de Marchena les venía muy bien, eran suficientes como para rechazar un cargo al que no puede aspirar cualquier jurista, y que contaba con el consenso del PSOE y del PP.

Con mano de hierro en guante de seda, Marchena ha mantenido el orden en la Sala, con un total control de los procesados, de los abogados defensores, y del público, mayormente partidarios de los procesados. Ni un sola vez ha levantado la voz para poner orden, para llamar la atención de algún testigo, dispuesto a plantarle cara, o a algún abogado defensor, que en su ardor por una defensa de su cliente llegaba al limite de la corrección, intentando a la vez, que cayera en alguna trampa para utilizarla en el recurso que presentarán en el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo,(TEDH), en cuanto se conozca la sentencia en Octubre o Noviembre.

Toda su arma ha sido una simple frase que ya ha aparecido en camisetas de fans distribuidas por los sitios más insospechados: “Vamos a ver”… “Vamos a ver señor… no es eso lo que le ha preguntado el fiscal, si no quiere contestar al fiscal dígalo, pero no consuma el tiempo que no tenemos para aclarar esa cuestión… O “Vamos a ver, la fiebre, como comprenderá, no tiene ninguna trascendencia jurídica, así que no nos hable de su fiebre, o con lo que alucina o deja de alucinarse…” “Vamos a ver, usted es, efectivamente, agente de la autoridad, pero está aquí ante la autoridad judicial, así pues le pido que no confunda los escenarios…” (a un Mosso que se declara independentista y que pretende defender sus tesis y dar una lección de patriotismo. Llegó combativo y se fue con la cabeza gacha, después de preguntarle a Marchena si después de recoger se podía quedar en la sala para seguir entre el público el desarrollo del juicio).

“Vamos a ver, sus valoraciones personales no tienen ningún interés…” ” Vamos a ver le pido que no sea reiterativo, parece que está contestando lo mismo a las preguntas que se le están haciendo…” “Vamos a ver usted parece que tiene el interés de confundirnos pero él que se está confundiendo… es usted…” “Vamos a ver usted tiene interés en hablar catalán pero aquí se ha decidido que tenga que expresarse en castellano… Y así, con guante de seda en puño de hierro, ha desarrollado su labor, a veces con sutileza, otras con ironía, otras con ira contenida, un día y otro, hasta esos cuatro meses de un juicio que quedaba visto para sentencia a las siete minutos de la tarde de este Miércoles 12 de Junio.