A un año de la moción de censura y el misterio de por qué Rajoy no convocó elecciones

Fue Iván Redondo, actual director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, el que primero me habló de que era posible una moción de censura contra Mariano Rajoy, en una situación límite. Fue al final de una tertulia televisiva en la que comentábamos la forma de gobernar del anterior Presidente del Gobierno y, la verdad es que lo olvidé hasta que meses más tarde, el 25 de mayo, (ha hecho ahora un año) se presentaba, una moción de censura contra Mariano Rajoy, a primeras horas de la mañana, cuando abrió el Registro del Congreso de los Diputados, para evitar una disolución de las Cámaras, el arma que tenía el expresidente para evitarla.

Fue una buena medida aprovechar la rapidez, pero es muy probable que Rajoy no hubiera dado ese paso de disolver porque, según sus cuentas, los números no salían. Además, el PNV, con el que había que contar le había dado el visto bueno a sus Presupuestos el 23 de abril. Lo único que, en ese momento, le preocupaba a Rajoy, era la sentencia de la Gürtel, en la que el PP, y él lo sabía desde hacía días, no salía muy bien parado, ya que era acusado, claramente, por la sentencia de la Audiencia Nacional, de tener desde 1989, una Caja B en negro y que, como partido, estaba claramente implicado en casos de corrupción, además de una larga lista de dirigentes.

El secretario general del partido, Pedro Sánchez, declaraba en rueda de prensa, que el PSOE daba ese paso “para recuperar la dignidad de nuestra democracia que hoy se ve cuestionada por el partido que gobierna nuestro país; para recuperar las reglas del juego de un partido que ha concurrido a las elecciones dopado con una financiación ilegal”. Sorprendentemente, y después de una serie de consultas con el Ejecutivo, entre los que, por supuesto, estaba la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, la Presidenta del Congreso Ana Pastor, que había atrasado en un mes la fecha de la última moción de censura, la que había presentado Pablo Iglesias, en esta ocasión, actuó con tanta rapidez que la puso el jueves de la siguiente semana: el 29 de mayo y el 1 de junio.

Hace ahora un año de la moción de censura, y, es verdad, que el ideólogo de esa moción fue Iván Redondo que estaba colaborando con Sánchez desde las primarias de 2017, y el que se volcó para que triunfara, fue Pablo Iglesias. Fue él el que habló con los independentistas, con Oriol Junqueras, con Marta Pascal y, hasta con Puigdemont que se negaba a que su partido la votara (estuvo a punto de ir hasta Waterloo a verle), pero que, al final, se vio superado por sus diputados en Madrid que no le obedecieron y, de ahí, la purga que luego hizo en el grupo parlamentario, prescindiendo de Marta Pascal y Carlos Campuzano. Con los votos del PSOE, Podemos, Esquerra Republicana de Catalunya, PDeCat, PNV, Compromis, Nueva Canarias y Bildu, Pedro Sánchez, elegido ya secretario general del PSOE, ante el desconcierto de la oposición, ganaba la censura por la mayoría absoluta de 180 votos. Era la primera vez que alguien que no era diputado, se convertía en Presidente del Gobierno, gracias, además, a los votos de partidos que no contaban con el visto bueno de la Ejecutiva que había provocado su dimisión, y que el exsecretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, había bautizado como Gobierno Frankenstein.

Ese Gobierno, el primero de Sánchez, aprovechaba la llegada al poder, no para convocar elecciones inmediatamente, sino para poner las bases de lo que serían las elecciones Generales del mes de abril de este año, antes de las ya fijadas para el 26 de mayo. Todo un acierto esa fecha, que iba a servir, de lanzadera, para, ganadas las Generales, por una notable mayoría, ganar también las municipales, autonómicas, y ocupar diez de las doce de Autonomías, miles de Ayuntamientos y, las elecciones Europeas. Cuatro elecciones en un mes.

Una cuidada política de marketing político, una activa política exterior, sobre todo de cara a Europa para superar la crisis de Italia, especialmente de cara a un nuevo reparto de poder; medidas económicas como la subida del salario mínimo a los 900 euros, aumentos salariales a los funcionarios que ya estaban aprobados por el Gobierno anterior y retoques en las pensiones, junto con un intento fallido de terminar con la reforma laboral y 32 Decretos Leyes aprobados como única salida a una situación condicionada  por solo 84 diputados para poder gobernar y por una mayoría en la Mesa del Parlamento controlada por la oposición. Con el Parlamento ya disuelto se aprobaron seis Decretos Leyes avalados por la Diputación Permanente: sobre medidas urgentes en materia de alquiler, sobre ampliación del permiso de paternidad, inversión del superávit, recuperación del subsidio de desempleo de larga duración desde los 52 años, reforma del monopolio de la estiba y, por último, medidas ante un escenario de un Brexit sin acuerdo.

Tuvo que acudir a Decretos leyes para intentar, mínimamente, cumplir con un inexistente programa de Gobierno y casi al final de la legislatura. La causa del escaso balance según la oposición (algo que no es verdad porque hay medidas de autentico calado) responde a la falta de apoyos parlamentarios y al adelanto electoral debido a que, finalmente, los Presupuestos Generales del Estado de 2019 eran  tumbados en el Congreso, por la oposición de los independentistas, después de que condicionaran la legislatura con un continuo chantaje sobre un intento de diálogo, interrumpido casi terminada la legislatura por el maximalismo de una Generalitat paralizada durante todo el año.

Lo que está sin resolver es el por qué no dimite Rajoy para disolver y convocar nuevas elecciones y dar paso a otro candidato. Se han dado muchas versiones, a una de ellas, se refería este sábado nuestro colaborador Rafael Halcón. No llega a entenderse su huida, su refugio en un restaurante cerca del Congreso, tomando copas con algunos de sus colaboradores, entre ellos la portavoz del Gobierno Carmen Martínez Castro, que tanto daño le hizo y dejando en el Parlamento a la vicepresidenta Soraya Saenz de Santamaria que, por si acaso, había colocado su bolso en el sitio dónde se sentaba el Presidente del Gobierno.