Sánchez no quiere un gobierno de Coalición con Podemos, sino a la portuguesa

“No es ningún secreto que el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, quiere un Gobierno de coalición, y tampoco lo es que esa vía “no despierta especial entusiasmo en el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, a la luz de sus propias declaraciones”. Esas afirmaciones del ministro de Asuntos Exteriores Josep Borrell en Radio Nacional de España, son la primera reacción al largo encuentro de este Martes del presidente del Gobierno en funciones Pedro Sánchez con el dirigente de Unidas Podemos Pablo Iglesias, con el que se ha cerrado la ronda de encuentros del Presidente con los representantes de los principales partidos parlamentarios de nivel nacional.

Borrell se ha pronunciado a favor de un pacto a la portuguesa, un pacto de gobierno similar al del socialista Antonio Costa en minoría parlamentaria, apoyado desde fuera por el Partido Comunista y el Bloque de Izquierdas, que se pensó cuando se firmó, que sería una auténtica catástrofe. Sin embargo, para asombro de Bruselas, el gobierno Costa, se ha mantenido en el poder desde finales de 2015, consiguiendo, además, éxitos económicos indudables como una estabilidad presupuestaria que tanto preocupaba a la UE, combinada con una reducción del déficit hasta el 2%, un crecimiento del PIB del 2,7%, y una bajada de la tasa de paro del 7,5%.

El propio Sánchez, recién ganada la moción de censura el pasado mes de Junio, visitó Portugal, se entrevistó con Costa y no ocultó su admiración por el dirigente portugués y por esa fórmula de gobierno que sería la que podría aplicar ahora en España, con un gobierno minoritario de 123 diputados, apoyado por Podemos, pero no con un Gobierno de coalición con Ministros de Podemos, sino con un Podemos, que ocuparía alguna cota de poder (a través de independientes cercanos elegidos por Sánchez), no necesariamente ningún Ministerio, y con la redacción de un programa de gobierno común. Un gobierno en minoría, similar al portugués, al belga, al holandés, o al danés, todos en minoría, que es una fórmula que es la última que se ha implantado en muchos países europeos.

Hoy en aras de la prudencia, discreción, tranquilidad, y llamada al silencio, que han pedido tanto la Moncloa como Podemos, no ha habido ninguna reacción a las declaraciones de Borrell y ha seguido el misterio en torno a las dos horas largas de conversación y, en parte de desacuerdos, entre Iglesias y Sánchez que puso fin a la ronda de contactos del presidente en funciones Pedro Sánchez con los dirigentes de los principales responsables de los partidos políticos nacionales, para hacer un balance político después de las elecciones generales. Por cierto que si las entrevistas eran institucionales, no se entiende la ausencia de Vox.

“Si en algo nos hemos puesto de acuerdo es en que vamos a trabajar para ponernos de acuerdo”. Ese fue anoche el resumen, a lo Groucho Marx, que el dirigente de Podemos Pablo Iglesias hizo, en un tono serio y misterioso, del encuentro de dos horas y cuarto con el presidente del Gobierno en funciones Pedro Sánchez. Un resumen que puede ser consecuencia de lo que Groucho decía que era la política como “arte de buscar problemas, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Hace sólo una semana que ese mismo Iglesias, tan prudente ahora, le planteaba un auténtico ultimátum a Pedro Sánchez cuando se enteró por la prensa, y no por el Presidente del Gobierno con quien inició una nueva etapa de colaboración con la moción de censura y la elaboración de unos nuevos Presupuestos del Estado, de que se iba a producir una ronda contactos con los principales líderes políticos (Republica.com Ultimátum de Iglesias: O Gobierno de coalición o rompe la baraja).

Indignado por la forma en que se enteraba y en ser el último en ser recibido por el Presidente del Gobierno escribía este cronista, Iglesias, como si fuese el verdadero vencedor de las elecciones, a pesar de haber perdido 29 diputados y millón y medio de votos, “se enfrentaba directamente al Presidente, le acusaba de estar sometido a la CEOE y a Ana Patricia Botín, presidenta del Banco de Santander, que están boicoteando un gobierno de izquierdas, amenazaba con no asistir al encuentro del Martes por la tarde hasta no saber de qué se había hablado antes, y daba un paso más insinuando que Podemos no asegurará la investidura de Sánchez si no hay un gobierno de coalición”. Una semana después, el tono era otro a pesar de que la coalición estaba lejos.