El debate en que Sánchez salvó los muebles por hacerle caso a Iván Redondo

Anoche, pasada casi la una de la madrugada terminaba de hecho la campaña electoral con el cierre de lo que machaconamente nos han venido vendiendo como el “Debate Definitivo”, celebrado en Antena 3 entre Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera ,y Pablo Iglesias. Hoy Miércoles, seguirán celebrándose mítines, intentarán convencer a esos indecisos que dicen que todavía quedan, y ante la prohibición de publicar encuestas se irán siguiendo las que se publiquen desde Andorra en las que, en un juego estúpido, los partidos serán substituidos por frutas y hortalizas…

El debate de anoche si fue decisivo de algo, fue decisivo para el debate de la confusión, del ataque a varias bandas, cuando se pensaba que iba a ser un debate centrado en el Presidente del Gobierno por parte de Casado y Rivera, y también de Pablo Iglesias (el futuro aliado de Sánchez) que quería saber si, por fin, el Presidente del Gobierno estaba dispuesto a gobernar con Ciudadanos o con él. Algo que Sánchez dejó aclarado desde el principio: No había posibilidad de acuerdo con un partido que había establecido un cordón sanitario contra él, y contra el PSOE. Pero, sorprendentemente, el verdadero debate se establecía entre las dos derechas, la de Casado y la de Rivera.

Parecía que se habían olvidado del objetivo Sánchez y habían decidido dilucidar, delante de nueve millones de telespectadores, quién iba a mandar realmente en esa derecha, una conservadora y otra liberal, mientras el tercero en discordia, Abascal, el líder de Vox, el que siempre que puede se mete con la “derechita cobarde” y la “veleta naranja”, y que es realmente el que les puede dar la victoria este Domingo, contraprogramaba el Debate Decisivo con un mitin masivo en las Rozas, en una plaza de toros a rebosar con más de seis mil personas cantando el Himno de la Legión. Los enfrentamientos Rivera-Casado se produjeron desde muy pronto por temas de política económica, por la eutanasia, por el aborto o por la violencia machista, pero se podía haber producido por cualquier otra tema. En el fondo, Sánchez, el que temía ser objeto de todos los ataques, por el contencioso catalán y el indulto a los independentistas, no se lo podía creer…

Al principio intentó contestar a las críticas de un crecido Casado y un hiperventilado Rivera, sabiendo que lo tenía difícil, porque además, él mismo es consciente de tener una experiencia en debates, como las de los curtidos Casado Iglesias y Rivera. Después del primer corte de publicidad, y tras el consejo de su asesor Iván Redondo (“Déjate de discutir, tú a lo tuyo, y en plan Presidente”) cambió de estrategia tan confiado que fue el único que se permitió leer lo que llevaba escrito. Incluso la relación de logros que su gobierno había conseguido en apenas nueve meses de Gobierno. Se trataba del partido de vuelta después del de ida del Lunes, en Prado del Rey, en el que el que metió más goles en la portería del Presidente del Gobierno fue Albert Rivera, seguido de Pablo Casado y con Pablo Iglesias, casi de árbitro de la contienda, manejando hora sí y otra también, el articulado de la Constitución. Una Constitución que después de tanto denostarla, se ha convertido en su principal referencia programática, tras de haberla estudiado con desmedido interés durante su largo permiso de paternidad, en el que ha delegado todo en su pareja, la portavoz del partido Irene Montero, convertido de pronto ahora, en “Unidas Podemos”.

Se trataba no del Debate decisivo sino del partido condicionado por el resultado del celebrado en el campo de Prado del Rey, en el que Rivera le comió el terreno, la iniciativa y el tan deseado Cara a Cara, a Pablo Casado (ver republica.com “Un debate duro para Sánchez, que ha ganado Rivera y que ha beneficiado a Iglesias“). El resultado de ese primer Debate, había sido criticado con dureza en rueda de prensa, por el secretario general del PP, Teodoro García Egea, hasta el punto de llegar a recriminar a quien es su socio, su estrategia y sus ataques al líder del PP, haciéndole, decía “el trabajo sucio” al jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez. “Rivera no se ha enterado de que el enemigo de España se llama Sánchez”, aseguraba García Egea horas antes del partido de vuelta en el campo de San Sebastián de los Reyes, indignado por la exhibición por parte de Rivera de la foto del vicepresidente económico Rodrigo Rato entrando en un coche policial camino del Juzgado, como si Casado tuviese algo que ver con esa época .”Ni sus votantes ni los míos – confesaba un desconcertado Casado- , entienden esos ataques”.

Probablemente al terminar el partido de vuelta, los votantes del PP y de Ciudadanos seguían sin entender los ataques entre PP y Ciudadanos, mientras Iglesias hacía de árbitro intentando rebajar tensiones y Sánchez respiraba tranquilo. Si en el primer debate los ganadores fueron Rivera y Pablo Iglesias, en el segundo Iglesias le ganaba el debate e Rivera por sobreactuación del líder de Ciudadanos, y Pedro Sánchez salvaba los muebles… “Presidente tú a lo tuyo y déjate de discutir, que discutan entre ellos…”