Un recuerdo vivo en la muerte de Manolo Alcantara

Este miércoles Santo, cuando nadie lo esperaba, aunque se consumía poco a poco, y había dejado de publicar su columna diaria en SUR, moría en su Málaga la bella, el gran Manolo Alcántara (Calle del Agua del barrio de La Victoria, Málaga, Enero de 1928) toda la memoria histórica de una brillante generación de poetas, escritores, periodistas, actores y autores teatrales y un veradero maestro de periodistas.

Y es que Manolo representaba a todos, porque había hecho de todo: poesía, literatura, artículos, crónicas periodísticas y, hasta, criticas teatrales, deportivas e, incluso crónicas de boxeo, un deporte del que era un auténtico experto, y de ciclismo cubriendo informativamente varias vueltas ciclistas a España. Además tenía la virtud innata y era una de las cosas que mas admiraba en él, de descubrir a los ” tontos”. “Los reconozco – dice con seriedad – inmediatamente. Hasta cuando los veo de espaldas. Por eso pienso como Ibsen, que el mundo está a punto de hundirse: por el peso de los tontos y de los imbéciles”.

Dándonos prisas, antes de que se hundiera el mundo que entonces parecía inminente, a pesar del optimismo innnato de Manolo, un grupo de amigos nos presentamos en Malaga hace ahora año y medio, el dia que cumplia noventa años para celebrar con él que estaba vivo, lúcido, conversador y divertido. Con ese sentido de la realidad (“la muerte es una víspera”) y con la lucidez que le daba los dos dry martini que, religiosamente, se tomaba en torno a las dos de la tarde y antes del vino del almuerzo y el whisky de la sobremesa, para ponerse, después, ante la máquina de escribir su columna para Sur y el Grupo Vocento, nos saludó aquel dia cariñoso, entrañable, uno a uno, como si quisiese despedirse de todos.

De Ignacio Camacho, de Carlos Herrera, de Jorge Bustos, de su inseparable Teodoro León Grass, de Antonio Méndez, de Rafael Porras, de José Manuel Atencia, de Salva Moreno, del doctor Gemez Angulo… Parecia, aunque no lo era, una ceremonia de los Adioses, una ceremonia de despedida, algo imposible porque conociendo a Manolo, convertido ya en leyenda, él era inmortal. El mismo lo solía decir : “estoy como las islas, rodeado de Dios por todas partes”. Rodeado de Dios, de recuerdos que va desgranando lentamente con voz cansada sobre César González Ruano, sobre Julio Camba, sobre Lorca, sobre Pablo Neruda, al que conoció y al que venera, sobre tantos y tantos, que han marcado su vida, sobre amigos que le queremos y a quienes nos ha dejado ya su herencia de sensibilidad y poesía “Hay un hombre de pie sobre mis huellas, /indefenso y sonoro, a ras del suelo/ que se irá mientras hacen las estrellas/propaganda de Dios allá”.

“La muerte es una víspera” repetía Alcántara aquel día soleado de enero, ante un paquete de Ducados que consumía lentamente, dejando que la ceniza cayese por sí misma, los ojos muy abiertos observando a todos, para paliar su sordera, a la que nunca atendía y que le servia para refugiarse en su mundo interior. Un mundo rico en lecturas, en experiencias, en conocimientos, en amistades y en una profunda experiencia en este universo del periodismo en el que lleva escrito más de treinta mil artículos. Toda una vida dedicada al artículo diario, una columna para la que necesita solamente el título. Y a partir de ahí le surge el manantial de agua fresca y cristalina. Y eso, todos los días del año, excepto el día de Navidad, el de Año Nuevo y el día de Viernes Santo. “Es un artículo corto al que no le sobra ni le falta nada”, dice, y que se publica en el Sur de Málaga y en los periódicos del Grupo Vocento, excepto, sorprendentemente, en ABC.

Manolo era, sin discusión, el Rey de la Columna, esa pequeña joya literaria en la que, efectivamente, no le sobra ni le falta nada, pero que es como un fogonazo, como la luz roja de un semáforo ante el que, necesariamente, hay que pararse para reflexionar, para tomar un respiro y seguir leyendo. Lleva el periodismo en las venas desde que empezó a escribir en el semanario “La Hora “, para pasar a la prensa nacional en “Arriba,” su casa durante mucho tiempo, aunque ha colaborado en los diarios Pueblo, Ya, Marca La Hoja del Lunes. Y, hasta Marca… Con toda justicia ha recibido todos los premios posibles y ha conseguido ser querido, admirado, y casi mimado por una profesión en la que no se envejece inútilmente. Y él, ha sido, hasta este Miercoles Santo, la prueba viva de eso.

La ultima vez que le vi, que rei, que le oi contar lo que nadie contaba, fue una tarde luminosa de Enero, terminando su segundo White Label Azul, y expresando un deseo mientras soplaba la vela de su tarta de cumpleaños, ante un grupo de amigos. “Solamente quiero estar vivo… y consciente, cuando llegue mi hora…” Siempre pensé que probablemente era inmortal a pesar de que en uno de sus primeros poemas ya lo había aclarado. “Dentro de poco se dirá que fuiste / que alguien llamado así, vivió y amaba… / Ser hombre es una larga historia triste / y un buen día se acaba”..

Descansa en paz, maestro.