The Economist compara el fenómeno Vox con la Liga Norte italiana

A cinco semanas de las elecciones generales, todas las encuestas, especialmente las tres que publican este Lunes ABC, La Razón y El Confidencial, revelan las líneas generales de lo que puede pasar el 28 de Abril, y todos coinciden en que el PSOE será el partido más votado, que la derecha dividida (Partido Popular, Ciudadanos y Vox) cada día que avanza la campaña tiene menos posibilidades de llegar a esa mayoría absoluta que le permitiría gobernar, que el hundimiento de Podemos es muy posible y que la gran sorpresa puede ser Vox, el quinto partido, que rompe definitivamente el modelo Cuatripartito que substituyó al bipartidismo y que ha salido con tal fuerza que puede dar incluso el “sorpasso”, al partido de Pablo Iglesias, y que confía en una “remontada”.

Han sido tantas las peleas internas, tantas las deserciones, tantas las divisiones y la ruptura de las alianzas y las confluencias que hicieron posible la gran sorpresa en las europeas de hace cinco años y el éxito en las primera generales con aquellos cinco millones de votos, que se está produciendo, según algunos expertos electorales, que el voto de la indignación no está yendo a Podemos donde sus dirigentes, los que quedan después de la guerra interna y de las batallas, se han convertido en “Casta”, sino a Vox. Una formación de extrema derecha, que está arrastrando a todos los desilusionados e indignados con la política. Un fenómeno muy similar a lo que esta ocurriendo en Italia con Matteo Salvini y su Liga Norte, para preocupación de Europa que contempla con inquietud el creciente protagonismo y poder de partidos de extrema derecha en la UE.

Ha sido el semanario británico The Economist, uno de los medios europeos de más influencia, el que ha querido establecer las diferencias que existen entre los dos países, partiendo de la base de que el bipartidismo español se ha transformado en un caleidoscopio multipartidista tras la llegada de Podemos, Ciudadanos y, más recientemente, la formación de extrema derecha Vox, por lo que el 28 de abril, el resultado podría ser una coalición de derechas entre PP, Ciudadanos y Vox (lo que sin duda intensificaría el nacionalismo catalán), o la ausencia de una mayoría que permita formar gobierno si no hay pacto del PSOE con los populistas de Podemos “El país, dice el semanario, no puede permitirse ninguna de estas opciones. La recuperación española oculta la urgencia de acometer reformas en materia de pensiones, educación y mercado laboral, además de una corrupción persistente y el aumento de la inmigración a través del Mediterráneo”.

Los eurócratas señalan que el año pasado, España incumplió más plazos que ningún otro Estado miembro. La repentina irrupción de Vox y su aceptación por parte de otros partidos (cabe señalar que apuntala el gobierno encabezado por el PP en Andalucía) evoca inmediatamente el pasado franquista del país y preocupantes paralelismos con Italia. Allí, la Liga Norte, en su día un partido marginal como Vox, domina ahora una coalición caótica y euroescéptica que está espantando a los mercados , mientras el ínfimo crecimiento del país de las últimas décadas hace tambalearse su montaña de deuda.

Pero, al contrario de Italia, España avanza, asegura The Economist a toda velocidad, al haber crecido en casi un 50 % durante ese periodo. La diferencia entre el bajo metabolismo de Italia y el rápido metabolismo de España, va más allá de las estadísticas económicas. Para los españolas, estas últimas décadas han sido un periodo de prosperidad creciente y libertad tras los sombríos años de Franco. Son neófitos, dispuestos a probar cualquier cosa que huela a futuro. El contraste entre ambos países se ve reflejado en la diferencia entre los espacios urbanos de España, con su reluciente arquitectura futurista y obras públicas, y las decadentes ciudades de Italia; entre la apertura de los españolas frente al cambio social y el conservadurismo de los italianos; entre la melancolía existencial de las películas de Paolo Sorrentino, y el frenesí de Pedro Almodóvar.

Tener un metabolismo nacional rápido tiene sus desventajas. Algunas de las flamantes infraestructuras de España son un derroche, y algunos españolas, especialmente en zonas rurales, reniegan de los cambios y están acercándose a Vox en señal de protesta. Por otra parte Sánchez, que desea que España se convierta en la tercera pata de la alianza franco alemana, es especialmente europeo. Según el Eurobarómetro, el 68% de los españoles es favorable a la UE, en comparación con el 36% de los italianos. La indignación antisistema de Vox no se dirige tanto a la UE como al movimiento feminista y a los separatistas catalanes.

Por último, a pesar del aumento de la inmigración procedente de África y de los nuevos esfuerzos por mejorar la seguridad fronteriza, ninguno de los principales partidos de España propone cerrar los puertos ni adopta el tipo de postura anti-inmigración que caracteriza a Salvini. En otras áreas, también, los españolas han dejado atrás el machismo propio de los años del franquismo; hay un amplio consenso sobre la igualdad de género y los derechos de los homosexuales (el matrimonio gay se aprobó en 2005, solo por detrás de Bélgica y Holanda). Es Italia, que lleva décadas sumida en el conflicto y el estancamiento, la que parece encontrarse más fuera de lugar.