Reaparece Él y descubre la existencia de Poderosos y la Constitución

Cuando sólo faltan veinte días para el inicio de la campaña electoral de las generales del 28 de abril , Pablo Iglesias, ha puesto fin a su permiso de paternidad que comenzó el pasado 20 de diciembre, y ha reaparecido entre los suyos en Madrid en la plaza del Museo Reina Sofía, el lugar de encuentro de sus triunfos electorales, para hacerle autocrítica a todos los que han tenido algo que ver con la grave crisis en la que se encuentra Podemos y, para recuperar esa épica romántica con la que quería hace cinco años, asaltar los cielos.

Reapareció ÉL, el del cartel que simboliza toda una forma de hacer política, después de una larga reflexión de tres meses, entre biberón y biberón, para descubrir y contárselo a los suyos, que los ‘Poderosos’ (término que ha sustituido al de ‘casta’, probablemente porque sin quererlo ÉL, ya es casta) son los que mandan, que en el país hay muchos que tienen mas poder que los diputados, aunque no les haya elegido nadie, y que muchos de los problemas están en el poder de la Banca, en los grandes empresarios y en los medios de comunicación.

Esos medios de comunicación a los que tanto les debe (algún día tendría que explicarlo quien Él Identifica como SSS), aunque ahora, hayan sido los que más le han criticado por su cesarismo, su deriva peronista, y, su forma de dirigir el  partido, que ha llevado al borde del hundimiento, con la ruptura de muchas confluencias y muchos pactos, la dimisión y huida de muchos de sus dirigentes, y sobre todo, su falta de autocrítica personal, aunque empezase su discurso de poco más de media hora -su verdadera reaparición fue en La Sexta dónde estuvo más de una hora y tuvo que enfrentarse con preguntas comprometidas y claves para entender lo que pasado, que no pudo contestar- golpeándose el pecho con la autocrítica, en la que, por primera vez se incluyó de pasada: “Hemos dado vergüenza ajena con nuestras luchas internas“.

Pero Él, en ningún momento quiso explicar por qué se produjo el gran fracaso en Andalucía con la pérdida de 300.000 votos, tres escaños y la formación colocada como cuarta fuerza política, ni asumir ningún tipo de responsabilidad. Ni sobre los reiterados intentos de depuración de Iñigo Errejón y de su equipo, que terminarían en el golpe de estado de Errejón, de acuerdo con Carmena, en el Ayuntamiento de Madrid, provocados por unos resultados andaluces que reflejaban el debilitamiento del proyecto político. Lo decían Errejón y Manuela Carmena en una carta conjunta  en la que pedían un “revulsivo” a lo que estaba pasando ya que, afirmaban “Andalucía ha sido todo un toque de atención”. Toque de atención que Él no quiso ver.

Ni el progresivo alejamiento, a veces con ruptura dolorosa incluida, de los históricos que fundaron el partido como Luis Alegre, Carolina Bescansa, el propio Errejón y, en parte Juan Carlos Monedero que ha hablado de la necesidad de un Vistalegre III para recomponer lo que ya esta roto. Este fin de semana se esperaba una reaparición triunfal de Él, pero toda esa autocrítica de la que habló nada más iniciar su intervención se la pidió a los demás. Bastante tenia Él con, después de tres meses de reflexión y estudio, haber descubierto el poder que podían tener los Poderosos, los grandes empresarios, la Banca y los medios de comunicación. Una autentica primicia para un público que, pensaba Él, no tenía ni idea de en qué país vivía.

Aunque la verdadera novedad estaba en el descubrimiento que había hecho de la Constitución, a la que puso como ejemplo de muchas de las cosas que hay que hacer, aplicando solamente su articulado. Con ella en la mano se presentaba como su máximo defensor, frente al desconcierto de sus seguidores, que siempre le habían oído decir y defender que uno de los objetivo políticos más importantes para el país, era romper el candado del 78. El candado, fruto de la Transición, era precisamente la Constitución.