Lo que queda de la manifestación-espectáculo del sábado

Indignación en los portales digitales cercanos al independentismo por el tratamiento informativo de la prensa española de la manifestación de apoyo al derecho de autodeterminación del sábado en Madrid e intento de presentarla como decisiva en la internacionalización del conflicto por las noticias aparecidas,  de forma esporádica, en ‘The New York Times’ (“Primera gran marcha independentista que se celebra en la capital española”),  el diario austriaco ‘Der Standard’ (“El Paseo del Prado ha quedado inmerso en los colores amarillo-rojo-azul de la Estelada, la imagen del independentismo catalán, una imagen inusual en Madrid”) o el diario ‘L’Independent’ de Perpinyá (120.000 personas en las calles de Madrid contra el juicio a los dirigentes independentistas)

Indignación contra lo que llaman la prensa del 155, indignación contra la Delegación del Gobierno por dar la cifra de 18.000 asistentes a un acto que se presentaba como histórico, como una Diada en la capital del Reino, e indignación, aumentada porque los datos procedían de la Policia Nacional, el cuerpo represor del pueblo catalán el 1 de octubre en el histórico Referéndum de independencia. Pero lo del sábado no fue una Diada, sino que quedó reducido a un acto antisistema, con canciones de la Guerra Civil y del final de la Dictadura y canciones de la época para recordar, no solo la independencia de Cataluña, sino la necesaria independencia de todos los pueblos de España.

Teniendo en cuenta quienes se sumaron a la llamada del medio centenar de organizaciones catalanas que convocaron la manifestación a favor del derecho de autodeterminación y en defensa de los presos políticos que están siendo juzgados en el Tribunal Supremo, puede decirse que la “mani” fue un éxito: Gritos contra el Rey y contra la Monarquía, (“Los Borbones a los tiburones”) condena del Régimen del 78, anuncio de que, por fin, ese sábado había caído el fascismo en España, después de gritar una y mil veces de que ”¡No pasaran¡”, insultos a la Justicia, a los jueces, y al Tribunal que están juzgando a los doce presos catalanes. Y todo, envuelto en una frase beatífica repetida por muchos manifestantes como consigna “esto no es contra nadie”, al tiempo que llamaban fascista a todo el que se pusiese por delante, ”¡No pasarán. no pasarán¡”

Representantes de sindicatos alternativos; grupos anarquistas, de diverso origen; defensores partidarios  y familiares de de los Presos de Alsasua que agredieron a guardias civiles indefensos; miembros del Sindicato andaluz de Trabajadores (SAT), letrados de la abogacía de Cataluña con sus togas;  independentistas canarios, mallorquines, valencianos, andaluces (Abderramán make Andalucía great again”) y de Castilla Comunera; banderas republicanas, y cubanas, carteles contra la Monarquía, defensores de Batasuna y, hasta anuncios de despedida ante la inminente independencia de España,  “Hemos venido a despedirnos”.

Con todo ese acompañamiento de una manifestación planteada y definida en la plaza de Cibeles, frente al Ayuntamiento madrileño como “histórica”, haya conseguido movilizar e incluso, entusiasmar a 20.000 ciudadanos (la mitad de los que se presentaron en Bruselas en diciembre para apoyar a Puigdemont,  pidiendo que Europa les escuchase e intentando internacionalizar el conflicto) es todo un éxito. Sobre todo, si se tiene en cuenta que según datos del censo son más de cien mil los catalanes que viven y trabajan en Madrid.

Veinticuatro horas después de la gran “manifestación histórica“ donde se anunció, por fin, la muerte del fascismo, solo quedaban escondidas algunas esteladas sin recoger por los servicios de limpieza, y algún que otro componente del kit independentista repartido antes de salir de Cataluña; la petición formal a los partidos independentistas de la Asamblea Nacional de Cataluña, una de las asociaciones convocantes,  por boca de su presidenta, Elisenda Paluzie de que bloqueen una hipotética investidura de Pedro Sánchez, tras las elecciones del 28 de abril y, esa despedida de España, ante la inminente independencia reproducida en uno de los carteles junto con ese grito de “España cariño, lo muestro no funciona”.

Pero, sobre todo, queda esa hermosa historia que cuenta el gran Manuel Jabois en ‘El Pais’ de la familia catalana paseando, por la Gran Vía, cerca del Hotel Catatonia, y luciendo parte del kit repartido entre los manifestantes que venían de Cataluña:

-Oigan, oigan- la familia se gira, sobresaltada, pañuelo amarillo al cuello y camisetas con las caras de los Jordis.

-Mire, os queremos con nosotros, pero pase lo que pase, os vamos a querer igual… Lo que queda es una gran tristeza.