En la muerte de José Pedro, el zorro plateado

Hace unos días había programado una visita al Museo del Prado, de donde era Presidente del Patronato, con un grupo de gaditanos a los que nos había invitado, para que ya cerrado el Museo pudiésemos contemplar la última exposición conmemorativa del 200 Aniversario del Prado. Al final, nos acompañó el pintor Hernán Cortes, después de comunicarnos que José Pedro no podía venir porque se encontraba en cama con una gripe y una fuerte tos.

Esta mañana, muy a primera hora me entero de que esa gripe y fuerte tos con complicaciones pulmonares, se ha llevado por delante a José Pedro Pérez Llorca, un gaditano de 78 años, que se enganchó a la política al inicio de la Transición con Adolfo Suárez y la UCD (Unión de Centro Democrático) hasta que el partido desapareció tras la Presidencia de Leopoldo Calvo Sotelo, y la fundación del CDS (Centro Democrático Social) por Suárez.

Ministro de la Presidencia, de Administraciones Públicas, y de Asuntos Exteriores con Suárez y Calvo Sotelo, José Pedro, el zorro plateado, como era conocido en el círculo de sus amistades, tenía uno de los currículum más brillantes de quienes se sentaron en la mesa del Consejo de Ministros durante la transición política. Diplomático de carrera, letrado en Cortes, profesor de la Escuela Diplomática, fue uno de los siete redactores de la Constitución de 1978, de los cuales sólo quedan vivos dos: Miguel Herrero de Miñón y Miquel Roca.

Elegido diputado de Unión de Centro Democrático (UCD) el 15 de junio de 1977, en las primeras elecciones democráticas que tenía como principal misión la redacción y aprobación de una Constitución de consenso y reconciliación, formó parte en representación del partido formado por Adolfo Suárez, de la ponencia encargada de redactar el borrador de esa Constitución, que sería aprobada en Referéndum en Diciembre de 1978.

Político, diplomático y jurista, fue uno de los artífices, como Ministro de Asuntos Exteriores, de la entrada de España en la OTAN, uno de los principales objetivos que se había marcado el presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, como vacuna segura contra el golpismo, después de la intentona militar del 23 de Febrero de 1981.

Fue en esa época de titular de la cartera de Exteriores, cuando más le traté ya que cubrí, desde el semanario Cambio 16, todos los viajes al extranjero del rey Juan Carlos. Persona afable, de talante moderado, buen conversador y mentalidad jurídica, José Pedro es, sin duda, el ejemplo más significativo de esa generación que vivió y protagonizó la aventura de la Transición, que dio todo por la política y que se retiró a sus cuarteles de invierno, en este caso, uno de los despachos más importantes de Madrid que hoy lleva su hijo, cuando vio cumplida su misión. Para él, la política, nunca fue un oficio. Fue en todo caso un servicio que cumplió con dedicación y brillantez .DEP.