¡Qué República ni que “collons”! ¡La Republica no existe, idiota!

Se ha convertido en la frase del año hasta el punto que está siendo comercializada en jarras para tomar café, el té, la manzanilla o las infusiones tranquilizantes. Fue pronunciada por un Mosso que vigilaba los alrededores del Palacio de Pedralbes el pasado viernes 21 de diciembre, donde se celebrara el Consejo de Ministros en un enfrentamiento con un guardia rural de la Generalitat que le pidió que abandonara lo que estaba haciendo y defendiese a la República.

A estas horas el policía que cumplía con su deber, frente a los insultos y las agresiones de los CDR (una treintena de los agentes resultaron heridos), estará perfectamente localizado porque en los videos y fotos que aparecen en las redes sociales, se puede distinguir perfectamente su número y procedencia, no se sabe si va a ser premiado por cumplir con su deber y por su sentido común, o, por el contrario, va a formar parte de esos Mossos que el presidente de la Generalitat Quim Torra le ha pedido al conceller de Interior, Miquel Buch, que tiene que depurar por haber intervenido en la disolución de una manifestación en la que resultaron golpeados militantes de la CUP y de los Comités de Defensa de la República.

De una República, que según ese Mosso y la mayoría de los catalanes, ni existe ni, por ahora, tiene visos de ser una realidad, aunque durante todo este año que está a punto de terminar, con un Parlament paralizado, sin aprobar ninguna ley, sin abordar los problemas reales de Cataluña, con un Presidente de la Generalitat que no reúne las mínimas condiciones ni experiencia para gobernar y que, cada vez que tiene un problema tiene que llamar a la “Casa de la República” en Waterloo, para pedir consejo y orientación a Puigdemont para hacer exactamente lo contrario de lo que defiende su socio de Gobierno, Esquerra Republicana de Catalunya y su líder en prisión Oriol Junqueras que como el Mosso también está convencido de que ¡la Republica no existe!

Tan convencido que fue que intentó que Puigdemont siguiese hasta el final, esperando, inútilmente, él y muchos de los suyos, la desaparición de la bandera española del balcón de la sede de la Generalitat, mientras el Presidente de esa República no reconocida por nadie, ultimaba los preparativos para huir, escondido en el maletero de un coche, a defender la República en Bélgica, mientras el líder de Esquerra, tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución, era procesado, junto con otros 17 políticos catalanes, por Rebelión, sedición y malversación de fondos públicos.

Esa ficción de estar ya viviendo en la República (la República de tu Casa, según un acertado anuncio publicitario) es, en el fondo, lo que ha mantenido vivo el conflicto durante un año en el que no se ha avanzado nada para poner las bases de un entendimiento y de un diálogo que como sostenía  recientemente ese gran economista y sabio catalán que es Gabriel Tortella, ha sido permanente ya que se ha estado dialogando con los disidentes catalanes más de cuarenta años, y siempre con pésimos resultados.

Primero se dialogó con los catalanistas para consensuar la Constitución. Se cedió en casi todo. Luego se dialogó con los nacionalistas de Pujol en aras de la gobernabilidad. Se dejó al entonces  “Honorable” hacer de Cataluña lo que quisiera, como si fuera su cortijo, transgrediendo las leyes con los extorsión del 3% y demás trapacerías. Luego se dialogó con los soberanistas del tripartito y de  Artur Mas para que no se hicieran separatistas. Se dialogó, después, con los separatistas para que no  declararan la independencia y, naturalmente, la declararon.

Este viernes según el comunicado conjunto de los dos Gobiernos, el de España y el de la Generalitat, redactado en un lenguaje como si fuesen dos Estados, se ha abierto un nuevo diálogo que el Presidente del Gobierno Pedro Sánchez ha acotado en entrevista a ‘La Vanguardia’. “La Generalitat  tiene que pasar de la proclama al diálogo real”. Probablemente el Presidente del Gobierno no se ha dado cuenta, todavía, de que quien preside la Generalitat, el señor Quim Torra, aparte de no ser el que manda, pertenece a la misma especie que ese guardia rural que le pedía al Mosso el pasado viernes, que defendiese a la República catalana.

Y, en eso, es en lo que estamos.