No se puede seguir mendigando una entrevista con el defensor de la vía eslovena

El presidente del Gobierno Pedro Sánchez ha confirmado este Lunes, durante una recepción a la prensa en el Palacio de la Moncloa con motivo de la Navidad, y a cuatro días de la celebración del Consejo de Ministros que se celebrará en Barcelona y que, sorprendentemente, ha sido calificado de “acto de provocación” por el independentismo, que no tiene noticias sobre si podrá reunirse o no con el presidente de la Generalitat Quim Torra, pero que si la entrevista no es posible, será responsabilidad del Presidente de la Generalitat.

Y no será por los sucesivos mensajes que durante la última semana se le ha venido enviando al señor Torra. Primero por carta oficial firmada por la vicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo en la que se le solicitaba la entrevista, cuando en realidad, era un trámite que sobraba porque, al fin y al cabo, el Presidente de la Generalitat es el representante del Estado en Cataluña y no deja de ser chocante que sea la Vicepresidenta del Gobierno, en nombre del Presidente, la que tenga que cumplir con el trámite de pedir el encuentro oficial, como si se tratase de una petición de Audiencia. Petición de audiencia de un Presidente del Gobierno a un Presidente de una Comunidad Autónoma… Algo realmente insólito.

Pero es que lo insólito ha durado toda una semana en la que se ha utilizado todo tipo de contactos para forzar una reunión que forma parte de las obligaciones de quien tiene la responsabilidad de gobernar en Cataluña. Aunque, en realidad, esa es una labor que tiene aparcada prácticamente desde su insólito nombramiento de forma provisional por Puigdemont, porque quien realmente sigue ejerciendo desde Waterloo de Presidente es él, después de huir de Cataluña y dejar abandonado a la totalidad de su Gobierno, parte del cual está en prisión a la espera de juicio y en huelga de hambre.

Por eso se entiende el grado de malestar existente en sectores socialistas que califican incluso de “humillación” la reacción de Torra, empeñado como está en que, si hay reunión, sea una reunión entre los dos gobiernos, el de la Generalitat y el España, para que se visualice que estamos ante una situación de trato de Estado a Estado. Si a esa situación, añadimos que para que se reúna el Gobierno de España en territorio nacional, en la Llotja de Mar de Barcelona, casi de prestado por la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación, hace falta un montaje de seguridad como si se tratase de una Cumbre del G-20, algo muy grave está pasando en Cataluña, donde el Estado, después de una dejadez de años, ha perdido el control y, sobre todo, el principio de autoridad.

Ya es transigir reunirse con alguien que acaba de proponer para Cataluña una independencia por la vía eslovena, es decir por la vía violenta, desafiando al Estado y haciendo una propuesta que judicialmente constituye una provocación para la Rebelión y una colaboración necesaria por omisión en desordenes públicos, y mendigar casi, un encuentro, sin que se haya producido la menor rectificación, es de un efecto desmoralizador, cuyos efectos por actos similares, se han empezado a notar en los resultados electorales de Andalucía.

Por si faltara poco, y en vísperas del tenso consejo de Ministros del Viernes (que ya ha empezado a ocupar importantes espacios informativos en la prensa de la UE) los políticos en huelga de hambre en la cárcel de LLedoners (Jordi Turull, Jordi Sánchez, Josep Rull y Joaquín Forn) han enviado una carta a cuarenta Presidentes, autoridades y lideres de países europeos para denunciar la situación de indefensión en la que dicen encontrarse y para internacionalizar el conflicto. Copia de la carta ha sido enviada también al Presidente del Gobierno.