El auténtico Aguilar, desde su “Silla de pista”

El mejor Aguilar, el auténtico (Miguel Ángel Aguilar Tremoya Madrid 1943) acaba de publicar un libro de recuerdos, más que de Memorias, que con el título de “Silla de pista”, pasa revista al periodismo y a la política de los últimos cincuenta años, ahora que tanto se celebra en el 40 Aniversario de la Constitución y la Transición. Y digo recuerdos y no memorias porque las memorias, necesitan de un inevitable pase de factura o pequeñas venganzas que no se encuentran en ese libro de recuerdos, a pesar de que nuestro autor tiene suficientes motivos como para pasar muchas facturas.

Por eso digo que “Silla de pista” es un libro de recuerdos, unos recuerdos que ayudan a reconstruir muchas historias que conoce y que Aguilar, con un estilo desenfadado, pero culto y trabajado, es capaz de aportar documentación desconocida, ironía y sentido del humor, que hacen del relato una verdadera pieza literaria de alguien que ha pasado por multitud de medios, que ha conocido a los principales actores de la política española, y que tiene una manera muy peculiar de contemplar la vida y de vivirla.

Aguilar ha pasado por diarios (Madrid, Diario de la Noche, El Sol, El País), semanarios (Posible, Cambio 16), Radio (Cadena Ser), Televisión (presentó y dirigió el informativo “Entre hoy y mañana”) y desde la secretaría de la Asociación de Periodistas Europeos, de la Fundación del diario “Madrid” y de la Fundación Carlos de Amberes, ejerce un activismo cultural, informativo y social que da impronta a la vida cultural madrileña aunque sea gratis et amore, como siempre le recordaba su mujer y amiga Juby Bustamente, la única persona capaz de poner un poco de orden en esa hiperactividad que desarrolla a pelo, porque odia los teléfonos móviles. Cuando las cosas se ponían mal Juby me llamaba y me pedía angustiada: “Pepe, contrólame a Miguel”.

Era la época en que íbamos a las ruedas de prensa del franquismo moribundo, y Miguel se presentaba en la sala del Ministerio de Información y Turismo, ocupada casi en su totalidad por informadores simpatizantes de la Causa, con un conjunto de libros debajo del brazo que incluía el Fuero de los Españoles, el Fuero del Trabajo, la ley Orgánica del Estado y hasta el Código de Justicia Militar, el Portavoz del Gobierno de turno se echaba a temblar. Los Simpatizantes de la Causa nos miraban asombrados y con un evidente signo de rechazo. Nos consideraban como la oposición del Régimen y muchas veces estuvieron a punto de abuchearnos cuando hacíamos alguna pregunta comprometida para el Ministro de Información de turno.

Son muchos recuerdos vividos con intensidad y contado con honestidad y con “autenticidad Aguilar”. Recuerdos divertidos y anecdóticos que, necesariamente, hay que conocer para para saber quién es y cómo es realmente Miguel Ángel Aguilar y, para conocer sobre todo, muchos detalles y secretos de la vida política y periodística de este país en los últimos cincuenta años. Por eso, hay que leer “Silla de pista”, donde se instaló nuestro autor, cuando se olvidó de ejercer la Astronomía, la profesión de muchos de sus antepasados, la Física y su doctorado en… y se pasó al periodismo.

Desde esa Silla de pista (y este cronista ha sido testigo excepcional) Miguel Ángel Aguilar contempla y participa en el espectáculo de un país lleno de sorpresas, de contradicciones y de dramas. Vio morir una España y nacer otra. Estuvo en El Pardo y en La Paz en el final del Caudillo, en el compromiso de muchos con la Transición, en el Golpe de Estado del 23-F, y en el compromiso con las libertades conquistadas con la Constitución. Estamos ante un libro escrito con soltura y brillantez y desde un compromiso con la democracia, ahora en la que en aquella época, todos eran demócratas, cosa que no es verdad. En muchas de las historias que cuenta yo soy testigo que puede confirmar que todo es una reproducción de la realidad y que si de algo ha pecado ha sido de la generosidad para algunos y de ese intento de no pasar ninguna factura pendiente.

Es por eso que este cronista habla de recuerdos y no de memorias. Hay todo tipo de recuerdos: muchos, divertidos, anecdóticos, pero significativos, otros, retratos vivos de una época y de una clase política. Los más, descripciones reales de peripecias que llevaron a todo un cambio de Régimen o recuerdos de cómo ese final de Régimen se produce con derramamiento de sangre.

Especialmente cuando el periodista recuerda ese final con los fusilamientos de Septiembre de 1975, semanas antes de la agonía y muerte del General. Probablemente es el recuerdo más “emocionante y desolador” cuando algunos periodistas consiguen burlar todos los controles en torno a la siniestra prisión de Carabanchel, y en los alrededores de los acuartelamientos militares de Hoyo de Manzanares para intentar acercarse lo máximo posible al lugar donde se iban a producir los últimos fusilamientos del franquismo. Tan cerca que pudieron oír los disparos del pelotón de ejecución e, incluso, los correspondientes tiros de gracia.