Torra entierra la ‘Revolución de la Sonrisa’ por la Vía violenta Eslovena

Tanto el huido Carles Puigdemont como su vicario, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, con sus respectivos círculos de influencia, parecen haber decidido romper con la política de entendimiento con el  Gobierno de Pedro Sánchez, a pesar de las buenas palabras del Presidente y de los esfuerzos por ir hacia una política de ablandamiento y de “desinflamación” que, por ahora, no ha dado ningún resultado, sino todo lo contrario, como se ha podido comprobar en los resultados electorales del pasado domingo en Andalucía.

El espectáculo que está viviendo Cataluña donde la sonrisa y el discurso del pacifismo (aquella llamada de Torra a imitar a Martin Luther King, y luchar pacíficamente por los derechos civiles como si  estuviésemos en Alabama) han sido sustituidos por la agresión, el odio al contrario, y la llamada insensata de quién tiene que poseer sensatez, a que se “apriete” en la pelea e, incluso, en la agresión, como está haciendo Torra. Un Torra, superado por los acontecimientos e incapaz de resolver los problemas cotidianos de los Ciudadanos porque ni sabe ni está preparado para eso. Alarmantemente se está  creando en unos días, un clima muy parecido al del Referéndum de octubre del año pasado.

La actual escalada se iniciaba hace una semana con la huelga de hambre de cuatro de los políticos  presos (Jordi Turull, Jordi Sánchez, Joaquín Forn y Josep Rull) y, ha tenido su punto álgido, con la depuración que se prepara entre los Mossos por haberse, supuestamente, excedido con algún que otro CDR, el movimiento de Defensa de la Republica, en el que participa toda la familia Torra, y con las sorprendentes declaraciones del tal Torra de que hay que adoptar ya la Vía Eslovena, o sea conseguir la independencia catalana, aunque signifique sangre y muertos, como ocurrió en ese país separado de Yugoslavia.

La huelga de hambre, iniciada por decisión de dos de los políticos presos, Jordi Sanchez y Jordi Turull (días más tarde se unirían Forn y Rull) que fueron precisamente los candidatos a presidir la Generalitat pero que no fueron autorizados por la autoridad judicial a estar presente en el Parlament, ha supuesto un paso más en la lucha de dos de los máximos responsables del “proces” para movilizar no sólo a la opinión pública catalana y a los “demócratas de España, de Europa y del mundo”, ante el juicio por Rebelión, Sedición y malversación de fondos públicos, sino, también, para subir un nuevo peldaño en el desafío al Estado, al presidente del Gobierno Pedro Sánchez, y, al Tribunal Constitucional.

El cerebro de esta huelga es Jordi Sánchez, expresidente de la ANC (Asamblea Nacional de Cataluña), el que mejor sigue las instrucciones de Puigdemont, el que, en principio, parece haberse puesto al frente de la Crida per la Republica, el movimiento en el que se quiere integrar a todo el independentismo, inspirado por el exiliado en Waterloo, el que abriga más ambiciones políticas y el que puede enfrentarse con Oriol  Junqueras, el único que va ganando prestigio dentro del independentismo y el que tiene más posibilidades electorales, opuesto desde el principio a este tipo de protestas, porque perjudica a la estrategia de defensa en el inminente juicio.

Hasta ahora, la huelga no ha tenido el efecto que los huelguistas pensaban. El verdadero efecto político lo ha conseguido Torra al anunciar, después de una visita este jueves a Eslovenia, que, a partir ahora, hay que seguir la “vía eslovena a la independencia”, una vía violenta que en el verano de 1991 y, en una guerra que duró diez días contra el ejército yugoslavo, ocasionó más de medio centenar de muertos. “Ya no hay marcha atrás y estamos dispuestos a todo para vivir libres. Hagamos como ellos”, remachaba en Bruselas ante Puigdemont en el acto oficial de presentación del Consell per la Republica, olvidándose de Martín Luther King y, sobre todo, de sonreír.

Mientras tanto, animaba a los catalanes a manifestarse contra Sánchez y su Gobierno ante el Consejo de Ministros que se ha anunciado que se celebrará en Barcelona el 21 de Diciembre, y que la Moncloa  insiste en mantener, a pesar de las protestas contra el Presidente del Gobierno que han estimulado Elsa  Artadi y, el propio President de la Generalitat, con esa extraña táctica de pedirle a los CDR (que son los suyos y los de su familia) que “Aprieten”.

Así que se espera escalada navideña con la huelga de presos, con la depuración en los  Mossos por haber utilizado el legítimo uso de la fuerza contra los grupos extremistas que vuelen utilizando impunemente la violencia, con las divisiones y las luchas internas dentro del independentismo, cada vez más acentuadas, con la guerra contra Oriol Junqueras, y con esa última ocurrencia de importar la “Vía Eslovena” hacia la independencia, aunque no tenga nada que ver con esa “Revolución de la sonrisa” que nunca existió, o con aquella otra vía danesa hacia la Constitución de un nuevo País, que iba a ser ejemplo en Europa. Como diría Borrell, los cuentos que nos cuentan…