El día que el Rey me contó por qué hizo el cambio

Hace unos días se presentaba en el Congreso de los Diputados un libro sobre cómo fue la Transición para un numeroso grupo de periodistas y fotoperiodistas que la vivieron y en cierto modo, participaron en ella. El Libro (“Los periodistas estábamos allí para contarlo” Teófilo Comunicación 2018) es un conjunto de reflexiones o historias vividas sobre aquellos meses apasionantes en que un grupo de españoles, que representaban a los partidos políticos de la época, se pusieron de acuerdo para elaborar lo que iba a ser la primera Constitución de todos, la Constitución aceptada y respetada por todos los que creían que sería el broche para cerrar ese periodo que conocemos como Transición (la transición de la dictadura a la Democracia), y que  ahora, tan de moda se ha puesto denostar. Olvidando que probablemente es uno de los periodos más brillantes de la reciente historia de España.

En aquella época, este cronista, dirigía Cambio 16, el semanario emblemático de lo que iba a ser el cambio político en el país (un cambio que tenía que empezar por la elaboración de una Constitución aceptada por todos), y tuve el privilegio de vivir acontecimientos que forman parte de la historia de España y que, en cierto modo, constituyeron la aventura de nuestra vida, la aventura vital de gran parte de los que participamos en este proyecto. Conocí a todos los personajes de aquel apasionante periodo, traté con los padres de la Constitución y, para mí, una fuente privilegiada personal fue Fernando Abril Martorell, uno de los políticos más honrados que ha tenido este país, y que, junto con Alfonso Guerra, desempeñó un papel fundamental para encontrar siempre el consenso y el entendimiento.

Entre la multitud de historias vividas, tendría que destacar hoy 6 de Diciembre en que las Cortes Generales celebran solemnemente el cuarenta aniversario de la Constitución, la entrevista que, a finales de Enero de 1978, le hice al rey Juan Carlos para que explicara, precisamente en Cambio 16, “por qué hizo el cambio”. En vísperas de la consolidación de la Monarquía a través de esa Constitución que había empezado a discutirse, estuve dos horas y media en la Zarzuela, en la que era la primera entrevista que se le hacía al Rey, precisamente el día en que la prensa ya anunciaban que, por lo menos, dos partidos políticos con representación en el Parlamento, el Partido Socialista Popular (PSP) de Enrique Tierno Galván, y el Partido Comunista de España (PCE) de Santiago Carrillo, no iban a presentar objeciones a la forma monárquica del Estado en el proyecto constitucional.

“El trámite de la forma de Estado lo salvaremos aunque haya alguna dificultad”, me confesaba el Rey, pero se incluirá en el texto constitucional que se tiene que votar en Referéndum “Ya los principales dirigentes políticos del país saben y así se lo he hecho saber, que lo que pretendo es una Monarquía de todos, dentro de una Constitución que también sea una Constitución de todos, y no impuesta por un partido o una facción como ha pasado hasta ahora, en todas las Constituciones que ha habido en España. Dentro de este esquema Constitucional la Corona es un poder arbitral por encima de los partidos políticos de turno que debe velar por el cumplimiento de la Constitución, que el Rey debe ser el Rey de todos los españoles y que el futuro español debe basarse en un consenso de concordia nacional, sin el cual sería inútil todo intento de consolidar la democracia. El país quiere democracia y mi compromiso está con la reconciliación entre los españoles y con una democracia que respete, sobre todo, los derechos humanos y las libertades. Quiero que los españoles sepan que quiero el cambio y que el cambio será posible, porque el país lo está esperando…”

Todas esas ideas (que al fin y al cabo son las que presiden la actuación de todas las Monarquías europeas) están recogidas en la Constitución de 1978, a pesar de la oposición de quienes creían que el nuevo Rey iba a perpetuar el Régimen anterior, sin ser conscientes de que el 20 de Noviembre de 1975, con la muerte del Dictador, comienza en España una nueva era. En esa nueva era desempeña un papel fundamental Adolfo Suárez González (Cebreros, Ávila 1932, Madrid 2014), el hombre elegido por el Rey para llevar a cabo a buen término su proyecto de cambio, plasmado en la Constitución.

En aquella entrevista contaba que había estado observando la trayectoria política de Suárez, desde que fue gobernador civil de Ávila y, posteriormente, desde que se encargó de la dirección general de Radiotelevisión española. “Yo le di varias pistas indirectas parta que tuviese en cuenta de que contaba con él en el futuro, pero no se dio cuenta de lo que le quería transmitir, y no sospechó que iba a ser el sucesor de Carlos Arias Navarro, al que tuve que cesar en un momento determinado porque cada vez estaba más alejado del proyecto de cambio en el que yo y Torcuato Fernández Miranda, habíamos pensado”.

Me cuenta el Rey que es por sugerencia de Torcuato como nombra a Suárez ministro secretario general del Movimiento, cuando designa, después de la muerte de Carrero Blanco a Arias Navarro. El futuro candidato, dice, está dentro del equipo y dos meses antes, precisamente en un partido de futbol es donde el Rey le da la primera pista. Jugaban el Zaragoza, que tenía entonces un Presidente muy joven, y el Real Madrid con Santiago Bernabéu al frente. El Rey le comenta a Suárez que hay que renovar la política y que hay que apostar por los jóvenes, “Hay que dar paso a los jóvenes -le dije- porque en todo, la vida del país está cambiando vertiginosamente…”.

Pero Suárez era un perfecto desconocido que sorprende cuando presenta en las Cortes (Junio 1976) el primer proyecto de reforma política, con un discurso claramente democratizador. “Ese día me acerqué desde Burgos, en donde estaba presenciando unas maniobras militares, hasta el Hostal las Landas para, en llamada telefónica, animarle en su defensa de la Ley de Reforma política”. Semanas antes Cambio 16, en una portada que provocó las iras del primer ministro y serias advertencias, después de varios secuestros, sobre la desaparición de la revista, había anunciado con grandes caracteres tipográficos, que Carlos Arias lo paraba todo y que el propio Rey estaba preocupado por el futuro de la Monarquía, y que así se lo había confesado a un conocido cronista del semanario norteamericano Newsweek. Tan preocupado y decepcionado que tarda poco en pedirle la dimisión a Arias

Semanas después, tras el cese-dimisión de Arias Navarro, Adolfo Suárez González, entraba en la terna de aspirantes a la Presidencia del Gobierno que elaboraba el presidente del Consejo del Reino, Torcuato Fernández Miranda. Toma posesión de la Presidencia del Gobierno el 5 de Julio de 1976 y le dimite al Rey, asediado por los poderes fácticos (la Banca, el Ejercito, la Iglesia…) el 29 de Enero de 1981, veintitrés días antes del Golpe de Estado del 23 de Febrero de ese mismo año.