El calvario de una Ministra que quiso dimitir y que no se explica

Jamás pudo pensar Dolores Delgado (Madrid 1962) fiscal de la Audiencia Nacional desde 1993, que el puesto de Ministra de Justicia que el pasado mes de Junio le ofrecía Pedro Sánchez, recién llegado a su despacho oficial del Palacio de la Moncloa, tras su investidura como Presidente del Gobierno, le iba a suponer tanto sufrimiento, tanto desgaste, tanto desprestigio y tan larga batalla política y personal, hasta con responsables del propio partido socialista, con el que ella no tuvo en su vida profesional, ningún tipo de relación.

Si dura era la tarea de perseguir al terrorismo yihadista a la que se ha venido dedicando desde hace más de diez años, nada tenía que ver esa actividad con la batalla que ha tenido que dar como Ministra de Justicia. Un  cargo del que quiso dimitir sin que el Presidente del Gobierno le aceptase esa dimisión (tres dimisiones ministeriales en tres meses eran demasiado…) por sus relaciones con amistades peligrosas, especialmente por sus contactos con el comisario jubilado José Manuel Villarejo, responsable de las cloacas del Ministerio del Interior, y sobre las que el excomisario ha construido una auténtica fortuna que supera los veinte millones de euros, colocados, la mayoría, en paraísos fiscales.

Es verdad que en esa época dorada de Vino y Rosas, cuando se convirtió en eficaz colaboradora y defensora a ultranza del juez Baltasar Garzón, y comenzó a asistir a almuerzos y reuniones con el comisario Villarejo (ella después de negar que le conociera y que hubiera coincidido con él, ha admitido, al menos tres reuniones de las que existirán grabaciones ya que el policía grababa todo para poder realizar, en el momento oportuno, los correspondientes chantajes) ya debió haberse dado cuenta de que, como fiscal, estaba pisando un terreno peligroso.

Pero no, de las conversaciones filtradas por el portal moncloa.com se deduce que ella estaba encantada y feliz en ese ambiente de camaradería y chismorreo, en el que era posible que la Fiscal en ejercicio,  revelara que el juez Marlaska  era “maricón”, que alabase la iniciativa de Villarejo de montar redes de prostitución para cazar a políticos, o que contase que en un Congreso jurídico celebrado en Cartagena de Indias (Colombia) determinados jueces y fiscales estuvieron relacionados con menores, algo que ha causado indignación entre los supuestos afectados que han exigido una rectificación bajo amenaza de querella.

Algo tan insólito que nadie puede entender y que debería haber llevado a la dimisión irrevocable, o al cese de la señora Delgado (ver republica.com “La Ministra reprobada tiene que dimitir“). Pero no, la señora Delgado, ha preferido pasar por un verdadero calvario. Ha tenido que aguantar que se le repruebe en el Congreso de los Diputados y en el Senado, ha tenido que oír este Miércoles en el Pleno del Congreso de los Diputados gritos de ¡dimisión, dimisión¡, así como en muchos medios todo tipo de comentarios  descalificatorios sobre su vida privada, mientras intentaba convencer a sus peticionarios de hoy, que no se dejasen chantajear por Villarejo. “No se puede hacer una utilización política de un chantaje al Estado, del que yo soy víctima. No se debe admitir ese chantaje y no se puede revictimizar a la víctima de ese chantaje, porque chantajear, también es seguir la lógica que el chantajista quiere”.

La Ministra que ha comparecido a petición propia ante la Comisión de Justicia del Congreso horas después de la sesión de Control del Gobierno, ha insistido, sobre todo, en  ese chantaje de la que ella se considera víctima. La Ministra que no ha querido entrar en el contenido de los vídeos del escándalo, ni explicar sus relaciones con Villarejo, ni ampliar su primera versión de que en sus veinticinco años como Fiscal solo había coincidido con el excomisario en tres ocasiones, junto a otros mandos policiales o cargos judiciales y fiscales, no ha ampliado nada ni ha querido entrar en el fondo del escándalo, sabiendo que ya estaba condenada y reprobada de antemano en el Congreso de los Diputados, la señora Delgado no ha aportado nada nuevo insistiendo en maniobras de la derecha, de la derecha derecha, y de la extrema derecha, extrema, extrema contra un Gobierno que lo único que pretende es una regeneración de la vida política.

En resumen no ha sido, según han puesto de manifiesto muchos de los representantes de los distintos partidos, la mejor intervención de la Ministra de Justicia .Ni la mejor intervención, ni la mejor estrategia ante una crisis que sigue sin resolverse y de la cual la Ministra cambia de versión cada vez que se pronuncia.