Donald Trump quiere un Gobierno sin periódicos

Cuando Thomas Jefferson, uno de los padres fundadores de la democracia norteamericano pronunció aquella frase de que prefería la existencia de periódicos sin Gobierno, que Gobiernos sin periódicos, fueron muchos los que, alabando el contenido de la frase, pensaron que, en lo que se refería a los  Estados Unidos de America había una cierta exageración. Era impensable en un país como Estados Unidos, una situación en la que hubiera Gobiernos sin periódicos. Muchos años después, la sociedad norteamericana más culta está empezando a pensar que con Donald Trump es posible todo.

Es posible, incluso, que lleguemos al extremo de que lo que realmente quiere el Presidente norteamericano es que haya Gobiernos sin periódicos, especialmente el suyo, que desde su toma de posesión, hace poco más de año y medio tiene declarada la guerra a la prensa y a los periodistas como ariete importante del Eje del Mal, que ahora se llama “Fake News”. De este modo, por primera vez en la historia de los Estados Unidos, entre 300 y 400 periódicos publicaron el pasado jueves en su página editorial, una defensa de la prensa libre, insistiendo en que no son, como sostienen muchos republicanos ganados por el Trumpismo “los enemigos del pueblo”.

Esta iniciativa no ha sido comentada suficientemente en España porque la actualidad nacional impulsada por los acontecimientos en Cataluña ha ocupado los principales espacios informativos. Ha partido del ‘Boston Globe’ (el diario que denunció los primeros casos de pederastia de sacerdotes en la diócesis más católica del país), y secundada por los medios más representativo del periodismo norteamericano, desde el ‘New York Times’ al ‘Chicago Tribune’, pasando por la CNN o el ‘Miami Herald’ y acompañados  por centenares de periódicos locales, ante los insultos, descalificaciones, y censuras del Presidente de Estados Unidos. Todos, sin excepción, han sido acusados de dar “noticias falsas”, de estar capacitados para “causar una guerra”, y de ser “enemigos del pueblo”, unos nuevos Doctores Stokman denunciadores de lo evidente, como si todos los problemas del país, estuviesen centrados en su prensa, la Institución que más ha luchado contra el exceso de poder y por la libertad de expresión en un país que ya forma parte de su historia, de su democracia y de su propia Constitución.

El señor Trump, cuyo comportamiento público está presidido por la grosería, el insulto, la descalificación, el exabrupto y, sobre todo, la ignorancia, tiene 44 millones de seguidores en Twiter y gran parte de su política, incluso la más arriesgada y secreta, la realiza a través de las redes sociales con las que está obsesionado, hasta el punto de tuitear a altas horas de la madrugada para terror del Departamento de Estado, del Pentágono y del personal de la Casa Blanca. Pero lo más grave, para preocupación de su entorno, es que su mensaje constante de que todo lo que publica la prensa es mentira y que los medios son “enemigos del pueblo”.

Según las últimas encuestas, el 48% de los votantes republicanos creen que, efectivamente, los medios de comunicación son enemigos del pueblo norteamericano. Y, ¡asómbrense! El 43% se muestra partidario de que el Presidente consiga autorización para clausurar medios por su “mala conducta”. Probablemente la respuesta a esta anómala y preocupante situación la ha dado el ‘New York Times’. “Criticar a los medios de comunicación por minimizar o exagerar las historias, o por hacer algo mal, es totalmente correcto. Los periodistas y editores de noticias son humanos y cometen errores. Corregirlos es esencial para nuestro trabajo. Pero insistir en que verdades que no te gustan son “noticias falsas es peligroso para la sangre de la democracia. Y llamar a los periodistas el ‘enemigo del pueblo’ es peligroso. Punto”.