Política y políticos afectados por la ola y los golpes de calor…

A partir de este martes los meteorólogos han dado por terminada la ola de calor en todo el país, en la que se han superado en algunas provincias extremeñas y andaluzas todas las previsiones y se han producido un total de nueve muertos por “golpes de calor”. Un fenómeno que no ha sido exclusivo de nuestro país sino de numerosos países de Europa que nunca habían visto antes los efectos devastadores del cambio climático. Ya hoy las temperaturas han bajado en algunas zonas entre catorce y dieciséis grados y, en algunas provincias, la bajada será muy pronto, tan sensible que pueden registrarse temperaturas propias del principio del otoño.

Pero, terminada la ola de calor, también han desaparecido los “golpes de calor” que no solamente han provocado la muerte de nueve personas, sino numerosos casos de “alteraciones sutiles del comportamiento”, uno de los síntomas de estos golpes y que en el caso de nuestro país ha producido en estos últimos días efectos devastadores. Entre los afectados por ese “golpe de calor” político, está el presidente del Partido Popular Pablo Casado que aunque ha venido insistiendo en que el tema de su Máster estaba cerrado, y posiblemente olvidado.

Pero no, en plena ola de calor Casado  se veía sorprendido, de que el contencioso de su Máster, pasara al Tribunal Supremo, como aforado, con lo que será imputado con toda seguridad, por delitos de prevaricación administrativa y cohecho impropio, al considerar la jueza Carmen Rodríguez Medel que existen “indicios” de que obtuvo el máster de Derecho Autonómico como un “regalo académico por su relevancia política e institucional”. Hay que aclarar que la jueza ha sido asesora del ex Ministro de Justicia Rafael Catalá que, además, está en el equipo de Casado.

El efecto del golpe de calor en el dirigente popular, durara más de lo que quisiera, ya que hasta Septiembre, por vacaciones en el Tribunal Supremo, no comenzarán todos los trámites tras el nombramiento del juez instructor y el visto bueno de la Fiscalia (que ya se ha producido) para que prosiga la imputación de Casado en el Alto Tribunal. Algo que, indudablemente, influirá en su papel de líder de la oposición en un curso que es decisivo, por la inestabilidad en la que se encuentra el Gobierno y por la propia situación interna del partido en el que no ha terminado de integrarse la ex vicepresidente del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría.

Pero pasado la ola de calor y prescindiendo del Máster, hay casos en que persisten esos efectos que los expertos denominan “alteraciones sutiles del comportamiento”. Es lo que le ha ocurrido al vicepresidente de la Diputación de Alicante Alejandro Morant (PP) que ha propuesto que se ponga en marcha “un plan de deportaciones masivas “de inmigrantes que estén en España, así­ como “cerrar las fronteras” a los migrantes porque, según él, la llegada de personas migrantes a las costas españolas “no es migración”, sino “una invasión silenciosa que acabará con el mundo occidental convirtiéndolo al Islam”.

En otro caso, el caso del responsable de Turismo del Ayuntamiento de Barcelona Albert Arias,  las alteraciones de su comportamiento no han sido “sutiles” ni mucho menos. Su reacción ante quienes han condenado y criticado la paliza que unos “manteros “ le dieron a un turista norteamericano que intentó defender a una mujer que estaba siendo golpeada, y que terminó con numerosas heridas que le obligaron a ser atendido en el Hospital Clínic de Barcelona, fue mandarlos a todos “a la mierda”. A pesar del escándalo internacional y el eco que el caso ha tenido en la prensa británica y norteamericana, el tal Arias, sigue al frente del Plan Estratégico de Turismo de Barcelona.

Y lo mas esquizofrénico de la ola de calor: el intento del consejero de interior del Govern Miquel Buch de poner multas de hasta 600.000 euros a ”fascistas y violentos” que retiran propaganda independentista. Entre esa propaganda están las cruces amarillas que, para asombro de los turistas, lucen en algunas playas catalanas…y que no saben si están en un cementerio o en recuerdos de un campo de concentración de la guerra civil. “El calor, el calor…” intentan explicarles de forma disimulada, los resignados ciudadanos locales…