Incógnitas del atentado contra Maduro en su peor momento político y económico

Setenta y dos horas antes de que el Presidente de Colombia y Premio Nobel de la Paz Juan Manuel Santos entregue el poder a su sucesor Ivan Duque, ha sido acusado formalmente por el Presidente de Venezuela Nicolás Maduro de estar detrás del atentado de la tarde del sábado en el que, según palabras del venezolano “intentaron asesinarle”, mientras el caos se extendía por Caracas, se cortaban todas las señales de televisión que transmitían un acto oficial en directo y se producían las primeras detenciones.

Lo sofisticado del supuesto atentado con la utilización de drones cargados de explosivos plásticos; las versiones contradictorias de que fuerzas de élite de la Guardia Presidencial habrían disparado contra los drones; el número de heridos; la rapidez en las detenciones; la sorprendente acusación contra el presidente colombiano sin ningún tipo de prueba; el lugar común de que toda la conspiración viene de grupos financieros instalados en el estado norteamericano de Florida; el reconocimiento de la autoría  por parte de un desconocido “Militares de franela” y el escepticismo de otros militares sobre la versión oficial, han desembocado, en horas, en muchas dudas que tendrá que resolver el Gobierno y el fiscal general de Venezuela, Tarek Saab, que ha nombrado tres fiscales especiales para el caso, ya que “no descarta la hipótesis de que el atentado contra el jefe de Estado haya contado con cooperación terrorista extranjera”.

Los graves sucesos en la tarde del sábado (noche en España) y el atentado, que sería el más espectacular de los veinte que ha sufrido desde su toma de posesión en 2013 Nicolás Maduro, entre otras razones porque ha sido televisado con el espectáculo añadido de cientos  de militares rompiendo la formación y buscando refugio corriendo dentro de una gran confusión, ocurren en medio de la  durísima crisis económica y social que padece Venezuela, el país con las mayores reservas de petróleo en el planeta, y que se traduce en escasez de todo tipo de productos, hiperinflación y un pésimo funcionamiento de los servicios públicos. Por estas razones, en el país se desarrollan a diario decenas de protestas, en demanda de comida, transporte, agua, electricidad, medicinas y mejores salarios, entre otras exigencias, mientras centenares de miles de venezolanos intentan huir del país, especialmente a Colombia, donde la presión migratoria está llegando a ser dramática.

Por primera vez, la semana pasada, el 31 de julio el presidente Maduro en un discurso interrumpido por constantes cortes de luz, reconoció su responsabilidad personal en la crisis que vive el país y a la que es incapaz de poner remedio. “Los modelos productivos que hasta ahora hemos ensayado han fracasado y la responsabilidad es nuestra, es mía, pero tenemos que echar adelante esa potencia económica que tenemos”, dijo Maduro durante una jornada de trabajo del congreso del partido en el poder, el Partido Socialista Unido de Venezuela. A pesar de ser un país altamente rico en recursos naturales e hidrocarburos, Venezuela se enfrenta a una dura crisis económica que ha generado el desabastecimiento de alimentos básicos y medicinas, el deterioro de los servicios públicos y una inflación que, según las previsiones del Fondo Monetario Internacional, este año cerrará con un 1.000.000%.

La intervención presidencial presentada como autocrítica se producía días después de que el propio Maduro anunciase una serie de medidas para dar una solución a la crisis. Entre esas medidas figuran: levantar los impuestos a la importación de bienes de capital, suprimir cinco ceros al bolívar, revisar la ley de cambios y censar el parque automotor para promover el “uso racional” de la gasolina. Un plan imposible de llevar a cabo sin ayuda económica internacional y que tendrá que dar resultados dentro de dos años según los cálculos del Presidente en esa intervención gran parte de la cual transcurrió a oscuras, con constantes cortes de luz, algo sorprendente en uno de los más importantes países petroleros del mundo, y que estaba denunciando este sábado cuando se produjo la primera explosión, la dispersión de los militares a la búsqueda de un refugio, mientras la escolta personal cubría a Maduro con parapetos negros de protección y se cortaba la señal que transmitía en directo el acto bolivariano.