Casado planta cara a Soraya Santamaría y nombra a un equipo de fieles

Pablo Casado no se ha dejado intimidar por las exigencias de su contrincante Soraya Sáenz de Santamaría en el Congreso del PP, celebrado la semana pasada en Madrid, que le había pedido una representación proporcional del 42% en los nuevas órganos de dirección del partido (ella le ofreció a Casado cinco puestos en su Ejecutiva), y ha optado por un equipo fiel de colaboradores. Un equipo homogéneo, de toda confianza, gran parte de los cuales, han contribuido  a su victoria como sucesor de Mariano Rajoy al frente de la Presidencia del partido. El secretadrio general del partido será el jefe de su campaña Teodoro Garcia Egea y el número 3, el vicesecretario de organización, que substituye a Rodríguez Maillo, Javier Maroto.

Después de interminables reuniones con los representantes de Santamaría, reuniones rotas anoche por la Vicepresidenta anunciando que no habría integración, porque sólo se aceptaba a dos miembros de su candidatura, Pablo Casado ha decidido plantarle cara a su contrincante electoral y, en el primer Comité Ejecutivo que  se ha celebrado este Jueves en Barcelona, ha anunciado que sí hay integración y, ha advertido a Santamaría, para que no quede dudas que dentro de PP “no hay corrientes”. El Comité Ejecutivo Nacional hecho público por Casado, ante la ausencia de Santamaría, que ha dejado vacía su silla, lo que es interpretado como un rechazo a formar parte del  equipo de Casado, incluye a diez miembros de la candidatura de la vicetodo, otros diez de la candidatura de María Dolores de Cospedal,  que tanto ha ayudado a la victoria de Casado y tres más, del resto de las candidatura que se sumaron  antes de las votaciones de los compromisarios a las del vencedor.

Aparte de todos esos nombramientos que forman el equipo del nuevo líder del Partido Popular, una de las decisiones que el nuevo Presidente ha tomado es la salida de Javier Arenas de la dirección Nacional del partido como vicesecretario de Politica Autonómica  (substituido por un cospedalista como Vicente Tirado). Pero es que, además, Arenas también ha sido sustituido como secretario del grupo parlamentario en el Senado. Un cese que, junto a su salida como vicesecretario, es realmente simbólico, dado el poder que Arenas ha tenido en el PP, con José María Aznar, con quien fue secretario general del partido, y sobre todo con Mariano Rajoy, con quien se convirtió en su principal consejero, siempre ostentando, igual que Soraya Santamaría, su postura anticospedal.

La destitución de Javier Arenas, principal inspirador de la campaña de Santamaría y artífice del triunfo entre los militantes en las primarias en Andalucía, es el único de los históricos que permanecía en el poder como responsable de los temas autonómicos y, como secretario del grupo parlamentario en el Senado, un cargo que Arenas pensaba que iba a seguir ostentando como única salida personal, aunque, confesaba a este cronista, en una conversación telefónica el pasado día 23 de Julio, que no había sido confirmado en el cargo. Un cargo decisivo en el  funcionamiento del Senado que ha querido controlar también Casado que ha iniciado toda una renovación generacional. Hay que recordar que cuando Arenas ocupó su primer cargo político como concejal del Ayuntamiento de Sevilla por Alianza Popular y en representación del partido democristiano  PDP de Óscar  Alzaga, Pablo Casado todavía estaba en la guardería.

Esa conversación con este cronista que se produjo tras un tuit en el que se recogía comentarios de Arenas sobre el papel proporcional que debía tener la candidatura de Santamaría en la integración en el partido, y la difícil situación de Casado que podía durar lo mismo que Antonio Hernández Mancha. Esto último era un comentario general entre los sorayistas, nada más clausurarse el Congreso del partido .El  contenido del tuit respondia a la realidad: la situación de Arenas en el Senado, la exigencia de la proporcionalidad para la integración, mensaje que Santamaria transmitió personalmente a Casado, y el futuro de Casado que ya está siendo debatido a raíz de las complicaciones judiciales de su máster y de  sus estudios académicos.

En la conversación de ese día con Arenas, muy cordial como el propio personaje, y con el que no hablaba desde hacía seis años en un encuentro casual en Múnich, ya intuía los problemas que se venían encima, algo que parecía ignorar una funcionaria como Soraya, la misma que ofrecía cinco puestos en su candidatura para la integración, previa al Congreso, y que tras su derrota exigía nada más y nada menos que un 42% de representación.  Lo que comentaba, precisamente Arenas en su vuelta en Ave a Málaga (no era Sevilla), Soraya en su mentalidad de funcionaria pensaba que estaba negociando un Gobierno de Coalición y no un nuevo equipo del Partido en el que ella había sido derrotada.