Puigdemont Bonaparte vuelve a Waterloo

Esta semana Carles Puigdemont (Napoleón P) abandona Hamburgo (Alemania) y se traslada a Waterloo, su residencia oficial en Bélgica que ha convertido en la sede de la República catalana en el exilio. Para él, en cierto modo, es la “vuelta a casa”, convencido como está, que desde que huyó de España, esa será, durante años, su residencia antes de que, alguna vez llegue la hora de la hipotética  declaración de la República en Cataluña, su independencia  y la escisión de España.

La vuelta a Waterloo, una vuelta hasta cierto punto triunfante, tras conseguir que el Tribunal alemán de  Schleswig-Holstein aprobase su extradición a España por sólo un delito de malversación de fondos públicos (nada de sedición ni de Rebelión), ha supuesto el levantamiento de la euroorden emitida por el juez Pablo Llarena, aunque ha mantenido la orden de detención en España. Esa euroorden, tras rechazar Llarena la extradición por delitos que hubiera supuesto una condena de treinta años, y sólo por malversación que en el caso más extremo supondría hasta doce años de prisión, puede activarse en cualquier momento. Especialmente si el ciudadano de Waterloo, entra en un país dónde la Justicia española piensa que hay posibilidades de conseguir su entrega por todos los delitos.

Antes de su vuelta a casa donde estará también la sede del Concell para la República catalana, Puigdemont Bonaparte, ha ido moviendo sus fichas para conseguir el control total del PDeCat (el partido que ha venido a substituir a la enfangada Convergencia Democrática de Cataluña, CDC, por la corrupción del clan Pujol y por el montaje del tres por ciento) e incluso, de su grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados, el mismo que en contra de sus ordenes se sumó a la moción de censura contra Rajoy para hacer presidente del Gobierno a Pedro Sánchez. El grupo ahora también estará a sus órdenes, algo que inquieta en Moncloa.

Antes ya había movido suficientes fichas como para presentarse a las elecciones del 21 de Diciembre,  no como cabeza de lista del PDeCat, sino como cabeza de lista de un nuevo partido que se inventó y bautizó como Junts per Catalunya (JXC) con el que consiguió unos resultados  con los que intentó ser investido Presidente. Delegó en Quim Torra (mucho más sectario que él ) y se marcó como objetivo inmediato terminar con el PDeCat, declarándole la guerra de Marta Rovira, la secretaria general del partido que, en contra de su criterio fue la que decidió sumarse a la moción de censura presentada por Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy, tras conocerse la sentencia de uno de los sumarios del caso “Gürtel”, en la que se ponía en duda si Rajoy había dicho la verdad o no, en su forzada declaración ante el Supremo.

Fruto de esa estrategia, fue la presentación la semana pasada en el Ateneo de Barcelona  (ver republica.com “Puigdemont, el Movimiento  y la solución que propone el “Financial Times”), de una especie de Movimiento Nacional de Cataluña en la que Carles Puigdemont pretende fundar el Movimiento Nacional (de Cataluña), bautizado como “Crida Nacional de la República”.  Un proyecto personal del expresidente de la Generalitat, del actual, Quim Torra y del expresidente de la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC) y actual portavoz parlamentario de JXCatalunya Jordi Sánchez, y que cuenta con el apoyo de gran parte de los diputados de esa formación, que se integrará en ese Movimiento, rechazado por  Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) que, además de sostener que se trata de un proyecto “neoconvergente”, iría en contra de sus intereses electorales.

En efecto, según el último barómetro del CEO  (Centro de Estudios de la Generalitat) Esquerra ganaría de forma holgada las elecciones autonómicas. ERC que sufrió un gran desencanto al quedar terceros en las pasadas elecciones del 21 de diciembre, superaría a Ciudadanos y Junts per Catalunya, con lo que, según ese barómetro, el independentismo revalidaría la mayoría absoluta en escaños. El PDeCat perdería entre cinco y siete escaños, que son los que ganaría Esquerra Republicana de Catalunya, el partido que está jugando de forma más inteligente y posibilista, y que no quiere saber nada de esa especie de Movimiento Nacional en que se ha metido Puigdemont.

Esta semana Napoleón P,  vuelve a casa, y ya están  preparando un gran recibimiento en Waterloo al líder carismático que ya ha tenido el primer choque con su ventrílocuo Torra: no le gustó nada la entrevista con Sánchez en la Moncloa, y le obligó a comparecer ante la radio catalana para matizar, matizar y matizar… que en Cataluña solo se vota la autodeterminación, no un nuevo Estatuto.