Sánchez-Torra: “Sin cortapisas”, 30 meses después de aquel primer encuentro

Tras la primera entrevista de Mariano Rajoy con el expresidente catalán Carles Puigdemont en el Palacio de la Moncloa el miércoles 20 de abril de 2016, el hoy exilado President de la Generalitat  advertía al Presidente del Gobierno español que estaba dispuesto a no levantarse de la mesa de negociación, “al tiempo que iremos haciendo camino aunque nadie quiera dialogar al otro lado.”

Han pasado dos años y tres meses y, Rajoy ha vuelto al registro de la propiedad de Santa Pola, mientras la guerra civil ha estallado en el Partido Popular; el interlocutor de Puigdemont ha salido del poder por una moción de censura, que todo el equipo de abogados del estado y asesores de la Moncloa no pudieron imaginar, (“Soraya está en lo que está” intentó explicar Rajoy a algunos de los suyos); Puigdemont está la espera de que Alemania acepte la extradición pedida por España por delitos de Rebelión, sedición y malversación de fondos públicos y, la plana mayor responsable del desafío al estado con el ilegal Referéndum del pasado 1 de octubre, está en distintas cárceles de Cataluña, una vez que el juez del Supremo Pablo Llarena ha cerrado la causa por el intento de Golpe de estado a la catalana.

A Puigdemont le ha sustituido un supremacista llamado Quim Torra que solo actúa a las órdenes del presidente exilado en Alemania, al tiempo que a Rajoy, con la ayuda de los independentistas, le ha sustituido, en una inesperada moción de censura, el socialista Pedro Sánchez, que ha tenido la habilidad de formar un gran gobierno y hacerse una excelente imagen en Europa, hasta el punto que ha sido bautizado como el Trudeau español. Ahora, este lunes, debe pasar, dos años y tres meses después de la primera entrevista del anterior Presidente con Puigdemont, la primera prueba de fuego con el encuentro que tendrá lugar en el Palacio de la Moncloa con el imprevisible, Quim Torra.

Por si quedaba alguna duda de toda una forma de actuar, el señor Torra, a las órdenes de Puigdemont ha aplicado por adelantado lo que el expresidente advirtió en su encuentro de hace quince meses con Rajoy “iremos haciendo camino aunque nadie quiera dialogar al otro lado”. Y para empezar ha roto relaciones con la Corona, ha montado el espectáculo en Washington con el embajador de España y en contra de los letrados ha impulsado la misma declaración que dio lugar al llamado “procés”, en contra del Tribunal Constitucional por el que se reconoce que ese “procés” está vivo y sigue. En esta situación del mundo al revés incluso se ha indignado de que el Gobierno haya anunciado que volverá a recurrir al Constitucional, tras el preceptivo informe del Consejo de Estado.

Frente a eso, La Moncloa ha decidido armarse de paciencia (sabiendo de antemano que no hay posibilidades de acuerdo), ha aceptado que el señor Torra puede hablar de lo que quiera (la célebre  frase “sin cortapisas”), incluido el tan manoseado derecho de autodeterminación no reconocido en la Constitución española y aplicable solo a los países que hay que descolonizar. Desde Moncloa se transmite el mensaje de que hay un cierto clima de distensión, a pesar de las provocaciones del presidente catalán y de parte de su entorno (el más enfrentado con el PDeCat, el partido fundado por Artur Mas).

Con la esperanza de que haya un segundo encuentro (Torra quiere que sea en la sede la Generalitat), que se desbloquee, muchos de los temas económicos, que se ponga en marcha órganos de cooperación entre la Generalitat y el Gobierno central, como la Comisión bilateral entre Madrid y la Generalitat paralizada desde hace años, y que se rebaje la tensión ambiente, Sánchez va a intentar ganar tiempo, sabiendo como sabe que está en un tema que no se resolverá en años.