PP: primarias de terrazas veraniegas, y sin debates

A poco más de una semana para el Congreso extraordinario del Partido Popular que tiene que elegir, los días 20 y 21 de Julio, en unas complicadas primarias, en la que participarán los militantes al corriente de pago (hoy termina el plazo para este trámite, sin el cual, no se puede votar) y los llamados compromisarios, que decidirán entre los dos candidatos más votados. Algo que no garantiza, ni mucho menos, que esos compromisarios se decidan por el candidato más renovador, sino por el más cercano al aparato que es el órgano que, al final, maneje los hilos del Congreso.

Según las complicadas normas congresuales elaboradas por el vicesecretario de organización, Fernando Rodríguez Maíllo, la votación de los afiliados sería definitiva, es decir, serviría para elegir directamente al nuevo líder del PP sin que los compromisarios tengan que votar, si uno de los aspirantes obtuviese la mayoría absoluta de los votos en más de la mitad de las 60 circunscripciones en las que se divide el PP y sacase, al menos,15 puntos de diferencia al segundo clasificado.

Este día clave, habrá en realidad, dos votaciones. En una urna los afiliados elegirán entre los aspirantes a liderar el PP. En la otra, los afiliados que en cada circunscripción se presenten para ser compromisarios electos. En este sentido,  en la primera vuelta participan los militantes y habrá dos urnas: una para elegir entre los precandidatos que se presenten, y otra para elegir a los compromisarios que estarán presentes en el Congreso. La segunda vuelta se celebrará en el Congreso extraordinario en el que los compromisarios tendrán que votar para elegir al que será el Presidente. A esta segunda vuelta solo irán uno o dos candidatos, que serán los más votados en la primera votación.

Conforme se va desarrollando la campaña de estas primarias, con un recorrido de los seis candidatos por las distintas provincias que están  improvisando sus apariciones y sus contactos con la militancia más en terrazas de verano que en sedes del partido, no se están exponiendo programas ideológicos o políticos, sino unas ideas generales para que el PP pueda ser, de nuevo, el gran partido del centro-derecha capaz de conectar  con esas clases medias que, poco a poco, se han ido abandonando la agrupación de la Gaviota para pasarse a Ciudadanos. Para no haber no habrá debates entre los distintos candidatos…

En ese contacto con las bases, que todavía no terminan de creerse que se produzca esa renovación de la que tanto se habla, solamente van a quedar tres candidatos: dos mujeres, Soraya Saénz de Santamaría, y María Dolores de Cospedal y un hombre, Pablo Casado. De las dos mujeres solo una, Cospedal, habla de partido. La otra, solo habla de su obsesión: el Gobierno que cree que es la única que está preparada para conquistarlo por su experiencia. Una experiencia que es puesta en duda por otros candidatos, especialmente por su actuación en el contencioso catalán e incluso, por su extraña actitud el mismo día que triunfó la moción de censura que, por la información que debería tener, debía haber previsto. El tercer candidato, por talante y por  empatía, sería el candidato ideal  y el que realmente quiere cambiar el partido: Pablo Casado, el único capaz de unir a los equipos de Aznar y Rajoy, aunque hoy eso ya no se lleve…

Hoy María Dolores de Cospedal, la más crítica con Santamaría, ha hecho un llamamiento para el caso de que a la final de la contienda lleguen dos candidatos, uno de ellos renuncie o, se integre de alguna forma. Es la preocupación porque al final solo haya un candidato único. Ese era, desde el principio el Presidente Gallego para quien Maíllo había preparado, incluso, el sistema de las dos vueltas. Fue imposible porque, al comprobar las reticencias de Rajoy y el fuego amigo dentro del partido, renunció para seguir en Galicia y esperar mejor ocasión.