Puigdemont: Una semana en prisión, tras una huida de cinco meses

Este Domingo de Resurrección se cumplen Cien días de las últimas elecciones catalanas, durante las  cuales, los independentistas todavía, no se han puesto de acuerdo en la propuesta de un candidato que reúna las condiciones para ser investido president de la Generalitat catalana, y 155 días de la aplicación, por el Gobierno central, del artículo 155 de la Constitución, que supone la intervención de la Autonomía, algo que, aparte de una anormalidad política que no parece preocuparle mucho a los independentistas porque no hacen nada para salir de esa situación, supone, como efecto colateral, la paralización de los Presupuestos Generales del Estado, por la negativa del PNV a dar su voto mientras esté en vigor el artículo 155.

Casualmente, y de forma imprevista, se cumple también este domingo, una semana del ingreso en la prisión alemana de Neumünster, en Schleswig Holstein (norte de Alemania), del expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, a la espera de ser extraditado a España, por delitos de Rebelión (alta traición en Alemania), sedición, malversación de caudales públicos y corrupción. Una extradición en la que no piensa intervenir bajo ningún concepto por respecto a la autoridad judicial, y así lo ha manifestado, la canciller alemana Ángela Merkel, que, como otros años, pasa sus vacaciones de Pascua, con su marido, en la Isla de la Gomera, en Canarias.

Tras una semana de Pasión para el independentismo, que el jueves 22 de marzo, víspera del Viernes de Dolores, intentó investir President a Jordi Turull (cuarenta y ocho horas más tarde, ingresaba en la prisión de Estremera por orden del juez Llarena), a pesar de la oposición de la CUP y tras los intentos fallidos de investidura del propio Puigdemont y de su numero dos Jordi Sánchez, el “procés” vivía su definitivo final con la detención el Domingo de Ramos de Puigdemont, autonombrado Presidente de la Republica independiente de Cataluña, y de cuatro de sus acompañantes, en una gasolinera  de provincias alemana como un vulgar delincuente, después de cinco meses de huida y exilio. Cinco meses convertidos en un espectáculo mediático de alguien que salía del anonimato hace menos de dos años para ser nombrado Presidente de la Generalitat, por deseo precisamente, de la CUP que decidía terminar con Artur Mas.

Ese nuevo presidente, poseedor de un gran complejo de inferioridad por su escasa biografía y formación, que de niño quiso ser astronauta y de joven, llegó a ser bajista en una banda, cursó sólo los estudios básicos y el bachillerato en su pueblo (Amer, Gerona, donde nació hace 55 años) y en el internado del Collell inició Filología Catalana en el Colegio Universitario de Gerona. Estudios que abandonó para dedicarse al periodismo para fundar la Agencia Catalana de Noticias (ACN) y posteriormente, Catalonia Today, periódico catalán en lengua inglesa sostenido por subvenciones públicas de la Generalitat de Catalunya y del que ha vivido durante años, hasta que fue elegido Alcalde de Gerona en 2011.

Ese complejo de inferioridad lo ha intentado superar en estos dos años con grandes dosis de ridículo (ridículo que en ocasiones ha sobrepasado todo sentido de la medida), aunque también siempre ha navegado en la duda, temiendo que dada su escasa formación y trayectoria política, le acusasen de no ser “sufriente” nacionalista y le tachasen de traidor (por ignorancia) a la causa de la independencia. Fue lo que le pasó cuando decidido a convocar elecciones en octubre, y queriendo huir de la Declaración Unilateral de Independencia (DUI), varios centenares de manifestantes movilizados por Esquerra Republicana de Catalunya y la CUP salen a la calle, para echarle en cara que no sea capaz de llegar hasta el final. Llega hasta el final, declara la independencia y huye sin avisar a nadie, ni siquiera a sus compañeros políticos que, poco a poco, van entrando en prisión, e intenta montar una Republica catalana en el exilio. Su primer paso es alquilar un palacete en Waterloo para revestir su ridículo de un “glamour” que no tiene ni sabe lo que es.

En su intento de refugiarse en el palacete y cuando el juez Llarena activa la euroorden,  emprende una absurda y desesperada huida por Finlandia, Suecia y Dinamarca, sin saber que está siendo seguido por los servicios secretos, a través de su coche que sale de Bélgica a recogerlo y de los móviles de sus acompañantes, uno de los Mossos que lleva uno de los teléfonos del expresident y el del misterioso profesor Josep Lluis Alay a sueldo de la Diputación de Barcelona. Al final, hoy hace una semana, los agentes del CNI confirman la noticia a la sede de la carretera de la Coruña: “la Fregona está en el cubo”, repetimos “la Fregona está en el cubo”.