El miedo y el CNI, terminaron con el huido Puigdemont y el “Procés”

La detención del expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en Alemania donde ha ingresado en la prisión deNeumünster, a primeras horas de la tarde de este Domingo a mediodía, no lejos  de la frontera con Dinamarca, en cumplimiento de la euro orden activada el pasado viernes por el juez del Supremo Pablo Llarena, termina definitivamente con el “procés”. Un “procés” que ha terminado también con toda una clase política, con muchos de ellos en la cárceles y otros en el exilio, y que han llevado a cabo días Referéndums ilegales y una Declaración Unilateral de Independencia, que ha sido el último elemento que ha dividido el propio independentismo y a la sociedad catalana.

La detención del expresidente Puigdemont en la frontera de Dinamarca con Alemania, después de pasar por Suecia en Ferry, pone de manifiesto que el político catalán estaba actuando bajo la imprudencia del miedo, huyendo de la Policía finlandesa que, en ningún momento, pudo localizar al fugado, ya que fuentes cercanas a quienes le habían invitado a dar una serie de conferencias en Helsinki, aseguraban que el mismo viernes por la tarde, abandonaba Finlandia para dirigirse hacia Bélgica, donde tiene fijada su residencia en Waterloo.

Según fuentes solventes durante unas horas el señor Puigdemont estuvo consultando con sus abogados y con quienes le habían invitado en Finlandia, sobre si la legislación finlandesa era más favorable a su situación, o por el contrario, era la legislación belga la que mejor tratamiento penal podía tener hacia quien, en estos momentos, tiene sobre él una orden internacional de detención por graves delitos de Rebelión, sedición y malversación de fondos públicos.

Según algunas fuentes, la legislación finlandesa reconoce el delito de rebelión y es totalmente solidaria con las peticiones de este tipo que realizan otros estados, según informaciones  que se hicieron públicos el sábado en las redes sociales. Según datos sobre la Orden europea de detención y entrega en Finlandia en el año 2015, la relación es la siguiente: peticiones recibidas 38, peticiones rechazadas 0, personas entregadas 36, entregas aplazadas 2. Con esos  datos, Puigdemont decidía huir también de Finlandia, convencido de que en Bélgica recibiría un mejor trato judicial, aparte de que tenía un soporte político en el partido nacionalista valón, que le ha prestado durante cinco meses de exilio todo tipo de ayuda, política y económica.

A partir de ahí, tanto el viernes, como el sábado, la confusión más absoluta ha envuelto la situación y el destino de Puigdemont, cuyo entorno decía que ya no estaba en Finlandia pero que se pondría a disposición de las autoridades belgas, para que se cumpliera la euro orden emitida por el juez Pablo Llarena, horas después de que dictase el ingreso en prisión de Jordi Turull, Carmen Forcadell, Bassa, Rull y Raúl  Romeva, por riesgo de fuga y posible reiteración delictiva.

Lo que ese entorno, el mismo que le había advertido que dejase de viajar por los países de la Unión Europea por el peligro de una imprevista detención, no sabía que desde su llegada a Finlandia Puigdemont estaba siendo monitorizado por los servicios de inteligencia, y que el CNI había colocado dispositivos electrónicos para tener localizado en todo momento el vehículo en el que viajaba. Obsesionado con el control que podía ejercerse sobre sus movimientos a través de los teléfonos móviles, había obviado la posibilidad de que los agentes del CNI instalasen micrófonos sofisticados en su cartera, en su maleta o en sus documentos.

Gracias a esto, Puigdemont era detenido en una  gasolinera cuando repostaba combustible, por parte de una patrulla que efectuaba controles para su localización, de acuerdo con la información de inteligencia de los servicios de información que tenían monitorizado al personaje, en la autopista Autobahn 7, en la zona fronteriza con Dinamarca, según datos proporcionados por agentes de la Comisaria de Información. Detenido en la ciudad de Schuby, a 130 kilómetros al norte de Hamburgo pasará la noche en la prisión de Neumünster, una prisión antigua que tiene 571 celdas, de las que 505 son para presos con condena firme, 44 celdas son para presos pendientes de juicio (una de las que ocupará Puigdemont) y 22 que hacen de centro de día para presos con tratamiento psiquiátrico. En esta cárcel, tres cuartas partes de la población es alemana.

La detención de Puigdemont, abre una segunda etapa en la crisis catalana, en estos momentos una crisis definitiva porque además ha sido detenido en el peor país para el futuro judicial del expresidente. La ley alemana apunta a penas de entre 10 años de prisión a cadena perpetua en los casos de escisión del territorio nacional para quienes pretendan “socavar la existencia continuada de la República Federal de Alemania por la fuerza o por la amenaza de la fuerza”, un supuesto violento que, Llarena incluye en su auto contra los antiguos responsables del Gobierno catalán y líderes del movimiento independentista. En casos menos graves, la sentencia puede variar entre uno y diez años de cárcel.