El miedo de Puigdemont a ser Groucho Marx y convertir Cataluña en Freedonia

“No me veo siendo un Presidente virtual, de un país virtual, en una sociedad anímica e institucionalmente devastada”. Estas palabras que meses más tarde se convertirían  en una cruel y desesperada realidad, son del entonces presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. Fueron pronunciadas el pasado 25 de Octubre, cuando ya había decidido, ante la inminente aplicación  del artículo 155 de la Constitución, aprobada por el Senado de España, que la  única salida  coherente a la gran crisis que se venía encima, y que ėl se veía sin fuerzas para afrontar, era la disolución del Parlamento y la convocatoria de elecciones.

Lo cuenta con todo tipo de detalles el Conceller Santi Vila en el libro  “De héroes y traidores” (Península), que se pondrá a la venta la semana que viene y que es un relato triste y dramático de los días decisivos e históricos que han vívido Cataluña y España, desde que se decide la celebración unilateral del Referéndum del 1 de Octubre, hasta la Declaración Unilateral de Independencia el 27 de Octubre, tras las manifestaciones callejeras en las que tachan de traidor a Puigdemont y el consiguiente terror del Presidente a convocar unas elecciones que tenía ya decididas.

Cuando Vila habla del ridículo de Puigdemont de convertirse en un presidente “virtual de un país virtual “, aclara a que con esa frase “Puigdemont se refirió al símil de Freedonia, la república soñada un día por Groucho Marx”. Y es verdad ese ridículo lo cuenta uno de los  Consejeros más fieles al Presidente, el único que dimitió antes de que se aprobase la DUI, aunque se arrepiente de no haberlo hecho antes, el 7 de Septiembre en los prolegómenos del “golpe de estado”  “Lo que queda para mi tormento y remordimiento como demócrata, como la página más negra de mi currículum, es haber presenciado la sesión plenaria del 7 de septiembre del 2017 en el Parlament, la que aprobó la disparatada ley de desconexión, y no haber dimitido al instante”, escribe en lo que es un relato amargo y casi desesperado.

Seis meses después de aquel triste episodio; un Referéndum frustrado; una Declaración de Independencia, que ahora dicen que fue puramente simbólica; una  intervención de la Autonomía catalana; una causa judicial contra una treintena de independentistas investigados por Rebelión, sedición, desobediencia y malversación de caudales públicos; la prisión de los Presidentes de Ómnium Cultural y la Asamblea Nacional de Cataluña ( ANC), el consejero de Interior responsable de los Mossos y el presidente de Esquerra Republicana  de Catalunya y vicepresidente del Govern, Oriol Junqueras y  la huida de cuatro consejeros, una diputada y el propio Presidente de la Generalitat, la situación es realmente  virtual, con un país virtual que nadie ha reconocido y con un Presidente que es lo más parecido al de esa Freedonia de Groucho Marx, que tanto temía Puigdemont.

Para no parecerse en nada al Presidente de Freedonia, el pasado Jueves (ver Republica.com  “Puigdemont tira la toalla y designa a Jordi Sánchez como candidato“), el expresidente fugado designaba para la investidura al  número dos de su lista  y, anunciaba  con la máxima solemnidad la presentación de una demanda contra el Estado español ante el Comité de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas por la violación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de la carta de los derechos civiles y políticos. “En los próximos días convocaré -añadía- a los miembros del Parlament de Cataluña a una reunión solemne para poder impulsar esta nueva etapa y para establecer el Consell de la República,  para que lidere el camino hoja la independencia efectiva”.

Horas más tarde, el mismo Sábado, todo se venía abajo, ante la decisión de los antisistema de la CUP, en un Referéndum interno, de abstenerse en la votación del candidato Sánchez ante lo que, dicen, que es una “salida autonomista” y, ante un candidato que frente a  la Justicia ha declarado que la Declaración de Independencia  (DUI), fue puramente simbólica. Ni siquiera tuvo que intervenir el juez Pablo Llarena, para recordar que la candidatura del preso Sánchez era ilegal. Probablemente, eso no hubiera ocurrido ni en Freedonia.

Sin embargo, el huido Presidente conseguía que el Parlament denunciara lo que llamaban “destitución ilegal e ilegitima” de Carles Puigdemont, como presidente de la Generalitat por la aplicación del artículo 155 de la Constitución, avalaban el Referéndum de autodeterminación del 1 de octubre, y reivindicaban la senda republicana contenida en la pregunta de ese Referéndum. Decisiones todas que sorprendentemente siguen “estudiando” los servicios jurídicos del Estado, cuando en realidad hay poco, muy poco que estudiar.