Cataluña entre dos fotos o el intento de una mediación imposible

Entre una foto y otra sólo ha transcurrido un año y, parece, que es toda una vida. En la primera, Febrero de 2017, la expectación por saludar al Rey, por situarse cerca del Jefe del Estado, para rendirle vasallaje (según la interpretación de la alcaldesa de Barcelona,  Ada Colau) era tal que fue el propio Rey el que tuvo que intervenir para sacar a la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría de los empujones y, colocarla al lado suyo y del vicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras que, probablemente, en otro gesto de vasallaje (versión Colau), se vio obligado a protegerla colocando sus manos sobre los hombros de quien, ahora, es la Presidenta en funciones de la Generalitat, por delegación del Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy Brei.

En aquella foto del tumulto por rendir pleitesía, y también vasallaje al rey Felipe VI, aparecían en una esquina la presidenta del Parlament catalán Carmen Forcadell, el entonces presidente de la Generalitat Carles Puigdemont, el Jefe del Estado, la vicepresidenta del Gobierno Sáenz de Santamaria y el presidente de Esquerra Republicana de Catalunya y vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras.

Un año después, Carmen Forcadell, después de desdecirse ante el juez del Supremo Pablo Llarena que la investiga por posibles delitos de Rebelión y Sedición, de todo lo que ha venido defendiendo hasta ahora, ha decidido retirarse de la vida política. Carles Puigdemont, se encuentra huido en Bélgica, empeñado en que sigue siendo Presidente de la República catalana en el exilio con sede en Waterloo, y con todo el proceso de investidura paralizado, porque quiere ser investido a distancia o, con un discurso que pronuncie otro, en su nombre. Por eso, continúa en vigor el artículo 155 de la Constitución que permite la intervención de la Generalitat por el Gobierno central. Y, Oriol Junqueras sigue internado en la prisión de Estremeras, por posibles delitos de Rebelión, sedición y malversación de caudales públicos. La vicepresidenta, tan gentilmente protegida por Oriol Junqueras, es la Presidente de facto de la Generalitat, gracias a ese artículo 155 de la Constitución aprobado por el Senado y el Gobierno, tras la Declaración Unilateral de Independencia el  27 de Octubre del año pasado.

La otra foto oficial, la de anoche, en el Palau de la Música (ejemplo vivo de corrupción de la desaparecida Convergencia Democrática de Catalunya, reconvertida hoy en PDeCat) era la foto del enfrentamiento de quienes han provocado la división entre catalanes, la huida de empresas, los problemas del turismo, la desaceleración del crecimiento económico y el miedo al futuro. En una mesa, a un lado el Rey, la Vicepresidenta y los máximos responsables del Mobile Word Congress, y enfrente la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, la autora intelectual de la protesta, el presidente del Parlament, Gerard  Torrent y el ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Alvaro Nadal. Unos frente a otros. Una  situación  tan tensa que  fue descrita por el senador Gabriel Rufián con un tuit ofensivo, provocador como todos los suyos y, muy en consonancia con las protestas que se vivía, en esos momentos, en los alrededores del Palau: “A los carceleros se les mira a los ojos. Grande” Todo un modelo de comportamiento.

Este año, más que el pasado, el independentismo, ha hecho todo lo posible para que el Mobile Word Congress (MWC) abandone su sede y busque un sitio donde todo no se ponga en cuestión. Puede ser Madrid, o Dubái, o Milán. Pero no quieren más sorpresas, con lo cual habrá que felicitar a la tal “Colau”, al tal Torrent, a los Comités de Defensa de la República por sus despropósitos.

Pero si los despropósitos del domingo no fueron suficientes, hoy la tal Colau ha explicado a la televisión catalana en lo que ella presenta como un gesto de valentía, que le echó  en cara al Jefe del Estado en un momento antes de la cena, su  discurso en contra del “procés”. No explicó que además le pidió al Rey que fuese mediador ni la respuesta del Jefe del Estado. “Yo no puedo mediar entre quienes cumplen la ley y quienes no lo hacen. Yo estoy para defender la Constitución y el Estatut”.