Anna Gabriel, como su compañera Mireia Boya, hubiera quedado libre

Si este Miércoles la exdiputada y portavoz de la Candidatura de Unidad Popular (CUP) en el Parlamento catalán  Anna Gabriel, hubiese comparecido ante el juez de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, como hizo la pasada semana, el 14 de Febrero su compañera de partido y presidenta del Grupo Parlamentario de su mismo partido, Mireia Boya, es muy posible que esta misma tarde estuviese en su casa sin ningún tipo de medida cautelar, como le ocurrió a Mireia Boya que, después de un auténtico mitin político delante del juez, se encontró con que la Fiscalía no pidió ningún tipo de medidas cautelares.

Y  eso en contra de todos los que habían pasado por el juzgado de Llarena, que por unanimidad en una estrategia de defensa, habían manifestado que la declaración de independencia fue simplemente simbólica, ella dijo que no fue simbólica, que fue real y no de maquillaje y que su intención era que tuviera efectos reales en la independencia de Cataluña, como habían pedido las bases de la CUP. Pero no, Anna Gabriel que por esas fechas ya estaba en Suiza, ya tenía decidido, en un gesto de valentía y de coherencia, huir, porque decía nada más llegar a Ginebra que le iban a caer treinta años de prisión y que ya estaba condenada de antemano.

Por eso este Miércoles no compareció a la situación judicial y el juez del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, emitía una orden de detención contra la exdiputada y portavoz de la CUP que este miércoles no comparecía ante la Sala Segunda del Tribunal, aunque ya había anunciado a través de la televisión suiza, país en el que se encuentra desde hace días, en que no tenía intención de comparecer y que en caso de que la justicia española pidiese su extradición, solicitaría asilo político en el país helvético, alegando persecución política y falta de imparcialidad en un juicio justo.

La Fiscalía y la Abogacía del Estado habían pedido a Llarena que solicitase también a las autoridades suizas la detención y entrega de la diputada de la CUP, aunque el magistrado ha creído que no era el momento procesal oportuno, y la orden de detención sólo tendrá vigencia en España. Igual que en su momento hizo el juez, en el caso de Puigdemont, refugiado en Bruselas, retirando la euroorden que había emitido, en su momento, la Audiencia Nacional, en este caso ha hecho lo mismo.

En el caso de Anna Gabriel, la exdiputada, ha venido estudiando durante semanas la situación judicial suiza para un eventual exilio en el país de los Alpes. Si en el caso de Bélgica se acudió a una euroorden, en el caso de Suiza (que no forma parte de la Unión Europea) se solicitaría la extradición, según convenio firmado entre los dos países y que, según fuentes judiciales, ha venido funcionando razonablemente. Hoy el ministro de Justicia, Rafael Catalá, ha dado por hecho que, en el caso de una solicitud de extradición, ésta se consideraría con normalidad.

Según las mismas fuentes judiciales, Suiza no se caracteriza por ser un país protector, como pueden ser Bélgica o Canadá, y su eficacia colaboradora está consolidada. Aun así, el sistema judicial podría retrasar e incluso paralizar la entrega, en el caso de la diputada y ya, esta misma mañana, ha habido una filtración del Ministerio de Justicia suizo, indicando que si hay persecución política, que es precisamente lo que alegará la diputada catalana, la entrega podría rechazarse. Ése es el objetivo de Gabriel, que intenta por todos los medios internacionalizar el proceso catalán.

El Código Penal suizo no tipifica como delito la sedición ni la rebelión, pero en su artículo 265 castiga con penas de entre un año de cárcel y cadena perpetua los “delitos contra el Estado” o intentar “cambiar mediante la violencia la Constitución” o “separar mediante la violencia parte del territorio”. Sería muy difícil que la Oficina Federal de Justicia   encargada del tema, accediese a una extradición de la justicia española, según se ha encargado de adelantar el propio Ministerio de Justicia aceptando todas las tesis de la exdiputada de la CUP, militante antisistema desde que entro en política con 16 años. Es el país que menos tiene que ver con la trayectoria vital y profesional de Gabriel. Por lo pronto, para ir adaptándose al país, ha cambiado  totalmente de look, de peinado y de vestimenta