Cataluña: La guerra del castellano y el miedo de Rajoy a enmendar la plana a Aznar

¿Postureo? ¿Intento de quitarle a Ciudadanos una bandera muy popular en España, cuando Cataluña se ha convertido en el campo de batalla en el que ha empezado a despegar el partido de Rivera, ante el hundimiento del Partido Popular? ¿Deseo verdadero  y sincero, de que se cumpla la legalidad de ese 25% de enseñanza en castellano, y que, en toda Cataluña, solo cumple un Instituto de Castelldefels? ¿Medida de presión a los independentistas para volver a la normalidad, con la investidura de un candidato sin ningún tema judicial pendiente, que permita el levantamiento del artículo 155 de la Constitución que impediría, por el momento, hacer frente al modelo de enseñanza en catalán, cumpliendo con las obligaciones para el castellano?

Este seria el mejor resumen de lo que esta pasando en lo que, los mas radicales observadores y analistas, cercanos al independentismo ya han definido como el traspaso de la guerra de la  Lengua al “frente de las escuelas”, acostumbrados como están en utilizar, incluso a los niños, en  su guerra contra España. Cuando, en realidad, se trata simplemente de que sean los padres los que elijan en qué lengua quieren que se eduque a sus hijos y, que se apliquen las diferentes sentencias judiciales, entre ellas una del Tribunal Constitucional, que garantiza que el castellano también sea lengua vehicular en Cataluña para las familias que así lo soliciten y no sólo catalán.

Anunciar Rajoy que está estudiando la posibilidad de aplicar el 155 para hacer cumplir la ley sobre la matriculación en castellano y hablar de ofensiva anti catalana, todo ha sido una. Como están acostumbrados a no cumplir las leyes (y, ahí está el golpe de estado con la Declaración Unilateral de Independencia, (calificado por la Guardia Civil de “delincuencia organizada”), no hay por qué cumplir el fallo del Constitucional del Estatut de 2010, que señala que el castellano debe “disfrutar de la condición de lengua vehicular”, ni por supuesto, la decisión de los Tribunales que han dictaminado que se imparta, al menos, un 25% de horario lectivo en castellano.

La simple propuesta del Ministerio de Educación de estudiar la inclusión de la llamada “casilla lingüística”, en los folletos de inscripción escolar, que permita a las familias elegir la lengua  vehicular que quieren para sus hijos, ha provocado una autentica rebelión, sabiendo como saben, que la educación es fundamental para la formación de ese nuevo independentismo que comenzó a resurgir en Cataluña cuando José María Aznar, para poder gobernar, le dio a Pujol todo lo que pedía.

Un Aznar sin mayoría absoluta le dio a Pujol (los Pactos del Majestic) el 33% de la recaudación por IRPF, el 35% del IVA (antes era cero) y el 40% de los impuestos especiales. Transfirió competencias de Tráfico, Justicia, Agricultura, Cultura, Farmacia, Sanidad, Empleo, Puertos, Medio ambiente, Seguros, Vivienda y, por supuesto, Educación. Pero el líder popular incluso fue más allá. Tras la aprobación de la autonómica Ley de Política Lingüística de 1998, que establecía una clara discriminación hacia los castellanohablantes -especialmente en el ámbito de la educación y del comercio-, evitó recurrirla ante el Tribunal Constitucional e hizo todo lo posible, y más, para que el Defensor del Pueblo tampoco recurriera.

De hecho, fue incapaz de garantizar el derecho de los padres a que sus hijos recibieran la enseñanza en español (junto al catalán), como ordenó el Tribunal Constitucional en 1994, y permitió que se siguiera aplicando el sistema de inmersión lingüística escolar obligatoria exclusivamente en catalán. Tampoco consiguió implantar los contenidos educativos comunes a nivel nacional que pretendía la fracasada reforma de las Humanidades impulsada por la entonces ministra de Educación y Cultura, Esperanza Aguirre, que también se sumó a las cesiones en Educación cuando como responsable máxima, tenía mucho que decir.

El propio Pujol, en sus Memorias, agradeció públicamente al expresidente del Gobierno las facilidades que le dio: “Aznar, hombre de palabra, cumplió los compromisos del pacto y creó las condiciones para que las relaciones con el PP de Cataluña fueran más cordiales y de mejor colaboración. Pudimos pasar de la actitud agresiva de Aleix Vidal-Quadras, su líder en Cataluña durante los últimos años, a la de Josep Piqué y Francesc Vendrell”. Ahora pretender que se cumpla la Ley es, dicen, llevar la guerra al frente de las escuelas… Es la gran oportunidad de Rajoy de enmendar la plana a Aznar, aunque son muchos los que piensan que quizás no se atreva.