El escándalo de los mensajes: Puigdemont da todo por perdido

El expresidente Carles Puigdemont ha salido del delirio con el que se ha manifestado durante los dos meses que ha permanecido fugado en Bruselas (ver republica.com “Puigdemont entra en la peligrosa fase del delirio“) y ha decidido tirar la toalla reconociendo, en mensajes de WhatsApp cifrados, a su compañero de fuga Toni Comin que, en la batalla contra el independentismo ha ganado la Moncloa, que le han traicionado, que viven los últimos días de la “Cataluña Republicana” y, que están al borde de hacer un “ridículo histórico”.

Para justificar ese ridículo, que es verdad que viene haciendo el expresidente desde hace dos meses, el señor Puigdemont desliza una falsedad: que ese ridículo compense la puesta en libertad de los “presos políticos” (Oriol Junqueras, Joaquín Forn, Jordi Sánchez y Jordi Croixat), insinuando que hay un pacto con el Gobierno. Libertad  a cambio de retirada de la escena política de  Puigdemont, algo que no responde a la realidad, pero que utiliza como si fuese un sacrificio que tiene que hacer el líder, cuando en realidad, es que estamos ante una lucha por el poder dentro del independentismo. Además el juez Llarena está a punto de inhabilitar a todos los que están investigando por rebelión y sedición.

En informaciones en exclusiva que ha hecho Ana Rosa Quintana en su programa de Tele 5 (El programa de Ana Rosa), se ha revelado que Puigdemont se da por vencido, y que lo único que desea es que la situación que se creó el Martes con el aplazamiento de su investidura por parte del presidente del Parlament, Gerard Torrent, un hombre de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), sirva para la puesta en libertad de los presos que actualmente se encuentran en Estremeras y Soto del Real. “Si no, habremos hecho un ridículo, un ridículo histórico”, dice un Puigdemont decepcionado que tiene la sensación de que, incluso, ha sido traicionado por los suyos, especialmente por los del PDeCat, que no han tenido nada que ver con la elaboración de las listas de las últimas elecciones autonómicas, algo que hizo personalmente, en su momento, el candidato independentista sin consultar a nadie, salvo a su jefa de campaña Elsa Artadi.

Ayer este cronista (ver republica.com “El independentismo gana tiempo para poder enterrar a Puigdemont“) sostenía  que, en efecto, el expresidente estaba políticamente muerto, algo que con la difusión de los mensajes a través de una aplicación de mensajería súper protegida, ha confirmado el propio expresidente que, por primera vez reconoce que ha hecho un “ridículo histórico”, algo que para alguien que pretendía pasar a la gran historia del independentismo liberador, puede ser un auténtico drama personal y vital. Máxime cuando el propio interesado acaba de anunciar que el único camino que le queda es retirarse y dedicarse a preparar su defensa jurídica ya que hay una orden de detención contra él, y una  investigación por supuestos delitos de rebelión, sedición, desobediencia y malversación de fondos públicos, que pueden suponer una condena de más de quince años de prisión.

La difusión de los mensajes que ponen de manifiesto el doble juego de Puigdemont, abre una crisis insalvable dentro del independentismo que no se sabe cómo puede terminar. Ni se sabía que podía pasar el Martes cuando el presidente del Parlament catalán Gerard Torrent decidió, de pronto, sin hablarlo antes con Puigdemont, que se negaba a contestar al teléfono, y aplazar la investidura de Puigdemont para ganar tiempo (ver republica.com “El independentismo gana tiempo para poder enterrar a Puigdemont“) , mientras los más radicales, intentaban asaltar el Parlamento, especialmente los más cercanos a los llamados CDR (Comités de Defensa de la República), cercanos a los antisistema de la CUP, que intentaron pasar la noche en los alrededores del Parlamento en una especie de desafío permanente, como si el Parque de la Ciudadela donde se encuentra el Parlamento fuese la Plaza Maidan de Kiev, durante la Revolución Naranja de 2014.Todo un símbolo para muchos independentistas.

Lo que hoy parece claro es que la “era Puigdemont” ha  llegado a su fin, según recoge la prensa europea que está siguiendo, al minuto, el desarrollo de los acontecimientos en Cataluña por el efecto contagio que podría producirse con movimientos nacionalistas en otros países de la UE. El juego del político que organizó un referéndum ilegal, proclamó la independencia, fue cesado, huyó a Bruselas y que esperaba volver tras las elecciones como Presidente regional de Cataluña, ha quedado fuera de juego y la revelación de los mensajes es la prueba definitiva de esa situación. Al Fugado, le quedan solo dos opciones: vivir como exiliado en el extranjero o como mártir en una prisión española. La última esperanza de un glorioso regreso al Palacio del Gobierno regional en Barcelona se esfumó el pasado Sábado, cuando el  Constitucional  concluyó que Puigdemont debe estar físicamente presente en el momento que el parlamento pretenda investirle como presidente. Pero, Puigdemont no quiere convertirse precisamente en un mártir. Para eso ya están otros como Oriol Junqueras.