El independentismo gana tiempo para poder enterrar a Puigdemont

Al grito de “el pueblo ha votado, que se respete el  resultado” cientos de manifestantes convocados por la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC) y los CDR (Comités de Defensa de la República), muchos de ellos cubiertos con caretas  del expresidente fugado y exigiendo la investidura de Carles Puigdemont como presidente de la Generalitat, han roto  el cordón de seguridad, establecido por los Mossos d’Esquadra, en el Parque de la Ciudadela, han hecho saltar los candados, y se han colocado a las puertas mismas del emblemático edificio, mientras eran saludados como muestra de solidaridad por Diputados de la CUP (Candidatura de Unidad Popular).

Desde primeras horas de la mañana un fuerte contingente policial, protegía el edificio del Parlament, pero ha llegado un momento en que se han colocado a las puertas mismas del edificio, para exigir (“Libertad, presos políticos, Puigdemont, es nuestro Presidente, ‘TV3 no se toca’, ‘Fuera ocupas del Parlament’, ‘Fuera la justicia española’…), según lo previsto, que se iniciase la sesión de investidura de quién, en teoría, cuenta o contaba, con los votos suficientes para ser investido, aunque esa investidura, según el Tribunal Constitucional, necesitaba la presencia física del candidato y la correspondiente autorización del juez del Supremo,  que ha dictado orden de detención y que le investiga por posibles delitos de tebelión, sedición, desobediencia y malversación de caudales públicos.

Ni los manifestantes ni los Diputados de la CUP, estaban dispuestos a aceptar la decisión del presidente del Parlament, Gerard Torrent, de posponer la sesión de investidura  (“Investidura o Revolución” gritaban ante unos Mossos que se han empleado en una dura intervención, cuyas imágenes volverán a aparecer el Miércoles en periódicos de todo el mundo), hasta que el Constitucional resuelva una serie de cuestiones previas. Entre ellas, el recurso presentado por el Gobierno ante el Tribunal Constitucional que estuvo a punto de ser rechazado el Sábado, y que provocó la adopción de una serie de medidas cautelares que, de hecho, hace imposible la elección telemática, o por delegación, de quién como Puigdemont, está dispuesto a todo, con tal de ser reconocido como el auténtico Presidente de los Catalanes.

Todo eso, en el frente jurídico y en el de la movilización callejera, una especialidad de la ANC (su presidente Jordi Sánchez, actualmente en prisión, es número dos en la lista de Puigdemont y presidente del Grupo parlamentario)  que ha sacado a la gente a la calle para forzar una vuelta atrás en la decisión del  Presidente del Parlament de aplazar la investidura. Con la misma táctica que impidieron a Puigdemont convocar elecciones. Esos gritos de “traidor” de entonces, contra Puigdemont, que tanto influyeron en su huida hacia adelante, los han dirigido, en esta ocasión contra el presidente del Parlament, Gerard Torrent, en un intento inútil de amedrentarle y forzar una investidura que no podía realizarse según  las medidas cautelares del Constitucional. Para completar el escenario el discurso insensato del vicepresidente de la ANC Agustí Alcoverro, calentando más y más a los manifestantes, y hablando de una represión  feroz, que sólo existe en el imaginario independentista. Para después, asustados, llamar a la disolución para que pudieran salir, protegidos por los Mossos, los diputados encerrados en el Parlamento e insultados mientras salían…

Pero quizás lo más importante sea el frente político, precisamente el día en que ha cuajado esa pelea a muerte entre el PDeCat, JX Catalunya y Esquerra  Republicana de Catalunya (ERC), con el concurso de los anti sistema de la CUP. En ese frente político se ha roto la difícil unidad que existía entre los independentistas, especialmente entre JuntsX Catalunya, el partido de Puigdemont que cada vez tiene menos que ver con el PDeCat, el partido que ha venido a substituir a una Convergencia destruida por los escándalos de corrupción que afectan a dos expresidentes de la Generalitat: Jordi Pujol i Solei y Artur Mas Gavarró. Y, sobre todo el enfrentamiento con Esquerra Republicana de Catalunya, cuyo presidente Oriol Junqueras permanece encarcelado en Estrenaras y que ha renunciado ya a la vía unilateral.

Con el aplazamiento hoy de la investidura un sector del independentismo en el que se encontraría Torrent, ha ganado tiempo. Ha ganado tiempo, sobre todo, para proceder al entierro de Puigdemont que se ha negado durante todo el día a cogerle el teléfono. Todo entierro necesita tiempo y éste de alguien que ha perdido el sentido de la realidad, más, mucho más.