Rajoy le declara la guerra abierta a Rivera

Después de una semana de horror para el PP, que se inicio con una Junta Directiva Nacional en la que, en contra de lo previsto no se hizo la menor autocrítica sobre la situación del partido tras el gran fracaso electoral en Cataluña, y las encuestas que indican que, en caso de unas elecciones generales ahora,  Ciudadanos seria el partido más votado (nadie se atrevió incluso a formular ninguna pregunta), y que se cerró el viernes con un capítulo más de la corrupción dentro del Partido Popular, tras las confesiones de los principales implicados en el ‘Caso Gurtel’, se abre una nueva semana en la que seguirán las confesiones sobre la corrupción en el PP valenciano, su exsecretario general Ricardo Costa y el expresidente de la Autonomía Francisco Camps, y la guerra ya definitivamente declarada contra Ciudadanos.

El descalabro electoral del partido en Cataluña, la irresistible ascensión de Ciudadanos en las encuestas, la falta de reacción de los Populares, la inacción del Presidente del Gobierno, el pulso que sigue manteniendo Puigdemont para ser investido, de nuevo, President de la Generalitat y la guerra declarada oficialmente este fin de semana por el Presidente del Gobierno contra Albert Rivera y Ciudadanos, hacen difícil que Rajoy pueda poner fin a la legislatura con un conflicto abierto con su principal aliado político. Una guerra y un conflicto que necesita, según el Presidente, batallas “barrio a barrio, casa a casa, y a todas las horas del día, todos los días de la semana”.

La serie de mensajes lanzados por Rajoy a Ciudadanos como telón de fondo, indican el grado de dureza de esa guerra que el Presidente cree que es la única salida de cara a las municipales del año que viene y, sobre todo, de las generales, en las que, todavía, no tiene decidido si se presentará o dará  paso a otro candidato (ver “Se dice que Rajoy estaría dispuesto a dar un paso atrás como candidato”). Los mensajes dirigidos contra Ciudadanos, su aliado en esta legislatura, son todos de una gran dureza, convencidos de que Ciudadanos ha entrado ya en el caladero de votos del PP y que casi la mitad de los españoles que votaron a Mariano Rajoy en las elecciones generales de 2016 han dejado de ser fieles al PP, según una encuesta elaborada recientemente, por Metroscopia para El Pais. El auge de Ciudadanos está dinamitando la base electoral de la formación a la que sostiene en el Gobierno. Si en noviembre el 68% de los votantes del PP garantizaban que repetirían su voto, ahora sólo el 54% lo haría.

Y la realidad es que ese auge sigue creciendo. La encuesta de enero realizada por Simple Lógica refleja cómo Cs sigue la tendencia ascendente y se sitúa como primera fuerza política, con un 24,1 por ciento de voto estimado, mientras que el PP baja tres puntos y queda relegado al tercer lugar cediendo la segunda posición al PSOE, que cae ligeramente mientras sube 1,3 puntos Unidos Podemos.

Aun así no se entiende muy bien esa declaración de guerra, esa agresividad, cuando la causa de los males del PP no está en Ciudadanos sino en el propio Partido, en su Presidente y en sus principales dirigentes que guardan silencio ante lo que está pasando, por miedo a ser descabalgados de las listas. “Este es un partido y no es una fuerza política de aficionados. Es un partido muy curtido, muy bregado.” “Sabremos plantar cara a los oportunistas”. “Ahora que todos hablan de comunicación, nosotros tenemos muchas cosas buenas que contar, otro nada”. “Defendemos la Constitución, no frivolizamos con ella y no estamos todo el día diciendo que hay que cambiarla sin decir exactamente lo que hay que cambiar, que parece lo más razonable”. “Aquí todos hablan pero las decisiones las toma, como siempre, el Partido Popular. Se ruega que no nos den lecciones”. “No sabemos que se puede esperar de otros, porque nunca han gobernado nada, nunca han asumido ninguna responsabilidad pero sí se ve realmente quienes son y porque creen que así son más fuertes”.

No son sólo frases en un mitin, sino que responde, según fuentes populares, a una guerra que continuará en el Congreso de los Diputados donde el PP va a intentar que Ciudadanos no venda sus conquistas del pacto firmado con esas 150 medidas que tan buen resultado le ha dado a Rivera. Desde ahora, el término más repetido por el PP será el de “deslealtad” de su socio, en una falta de responsabilidad en la gobernabilidad y, en cambio, una explotación del éxito ante cualquier medida conseguida de ese pacto.

En esta situación, con Ciudadanos apretando la cuerda (insiste en que no aprobará los Presupuestos Generales del Estado si no dimite la senadora Pilar Barreiros imputada en la ‘Operación Púnica’, y se niega a ceder un diputado al PP en el Parlament catalán alegando que solo lo quieren para cobrar los 800.000 euros por tener grupo parlamentario propio) es muy difícil que pueda aguantar la legislatura dos o tres años más. Entre otras cosas porque  si el PP no da un giro radical a su quietismo, Ciudadanos se irá alejando cada vez más del pacto firmado, mientras le sigue quitando votos de su caladero, forzará unas elecciones generales.