Puigdemont camino de la insignificancia

Nuevas elecciones o camino hacia la insignificancia del expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. Esas son las dos únicas alternativas que existen, en estos momentos, sobre el complicado panorama  político catalán, dominado por la obsesión casi mesiánica del expresidente catalán de recuperar su cargo del que le expulsó Mariano Rajoy aplicando el artículo 155 de la Constitución. Para esa recuperación el expresidente se niega a presentarse en el Parlament catalán (ya que existe una orden de detención contra él), para ser investido de nuevo Presidente. Eso sí,  pretende, violando todas las reglas, según decidirán los letrados de la Cámara en un informe que están a punto de hacer público, presentarse por vía telemática, por plasma o por persona interpuesta que leería su discurso, aunque no podría responder a las réplicas que a ese discurso diesen los representantes del resto de los partidos políticos.

Los letrados de la Cámara mantienen la tesis de que lo que se desprende del Reglamento del Parlament y de la Ley de Presidencia, es que la comparecencia del candidato debe ser presencial y no telemáticamente o,  por persona interpuesta. De todas formas el Presidente de la Mesa del Parlament que es el que, según el Reglamento, tiene que proponer el candidato, puede obviar el dictamen de los letrados, ceñirse escrupulosamente, a lo que dice el Reglamento y, presentar el candidato que proponga un grupo Parlamentario, en este caso  el de Puigdemont Junts pel Catalunya ( JXC).

Aquí es donde se produciría el primer conflicto por lo que Carmen  Forcadell, imputada por el Supremo, en delitos de rebelión, sedición y desobediencia y  actualmente en libertad provisional, ha decidido rechazar la propuesta de Esquerra de continuar al frente de la Presidencia del Parlament, con el consiguiente riesgo de volver a prisión, según le advirtió, en su momento, el magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo Pablo Llarena. Forcadell renuncia a ser nuevamente la segunda autoridad institucional de Catalunya por consejo de sus abogados, ya que consideran que aceptar el cargo, complicaría su situación, involucrada como está en un proceso judicial por delitos de una gran gravedad, así como, facilitar la votación en la Cámara catalana de la declaración de independencia.

Por ello, Carmen Forcadell, ha dado un paso atrás (después de otro paso al lado del presidente del PDeCat, Artur Mas, que dimitía de la presidencia del partido, enfrentado con las ambiciones de Puigdemont) ha manifestado que la Presidencia del Parlament debe recaer ahora “en una figura libre de procesos judiciales”. De este modo, Forcadell renuncia a ser nuevamente la segunda autoridad institucional de Catalunya por consejo de sus abogados, quienes consideran que complicaría su situación involucrada, como está, en ese proceso judicial. Quien asumirá ese riesgo será, en todo caso, Ernest Maragall, el nuevo candidato a presidente por Esquerra Republicana de Catalunya ( ERC) y que presidirá, el próximo día 17, la Mesa de Edad (tiene 75 años). Antiguo concejal del Ayuntamiento de Barcelona con el PSC, ha sido consejero de Educación en el tripartito .Maragall, actualmente europarlamentario puede seguir el criterio de Esquerra que ha  dejado el conflicto en manos de los letrados del Parlamento.

Por si fuera poco el bloque Constitucional que apoya el artículo 155 se ha comprometido a acudir al Tribunal Constitucional si se plantease una investidura telemática o delegada. Aparte de que el Gobierno, adelantándose a los acontecimientos ya tiene sobre la mesa, un informe en el que se descarta la posibilidad de una investidura a distancia, por videoconferencia o por delegación. Estudiado el reglamento del Parlament, se observa que “no contempla la posibilidad de una presentación no presencial y no cabe por el carácter personalísimo del acto de presentación”, afirma el Ejecutivo en el documento, refiriéndose al artículo 146 que exige que el candidato a la Presidencia presente su programa de gobierno, o solicite la confianza del Pleno. Así, el carácter personalísimo de la presencia en cualquier debate se pone de manifiesto, en el caso del Parlamento de Cataluña, en el artículo 4.1 del Reglamento, que establece la obligación de asistencia de los parlamentarios.

Es decir que todo lleva a la conclusión que esta vez Puigdemont tiene perdida la batalla, a menos que decida presentarse en Barcelona corriendo el riesgo de que le detengan. Algo a lo que no está dispuesto. Puede intentar incluso conservar el falso título de Presidente en el exilio en un intento inútil de tener algún tipo de protagonismo, pero lo único evidente es que el mesiánico Puigdemont ha iniciado ya el camino hacia la insignificancia.