Aniversario Constitucional, bajo el síndrome del golpe de Estado…

Como en 1981, el año del golpe de Estado con el asalto al Congreso de los Diputados por la Guardia Civil al mando del teniente coronel Tejero, en que se conmemoraba el tercer aniversario de la Constitución, meses después de un golpe de Estado fracasado, este año 2017, también se ha celebrado en este caso, el 39 aniversario, con el síndrome de otro golpe de Estado fracasado en Cataluña protagonizado por el gobierno de la Generalitat. Un Govern  que está haciendo frente a una querella de la fiscalía general del Estado por delitos de rebelión, sedición y malversación de fondos públicos. Por esa querella permanecen en prisión, el candidato de Esquerra Republicana de Cataluña, Oriol Junqueras, el consejero de Interior Joaquín Forn y los presidentes de la Asamblea Nacional de Cataluña y el de Ómnium Cultural, mientras el resto de los consellers están en libertad provisional bajo fianza y el presidente de la Generalitat Puigdemont, huido.

En 1981, el 6 de diciembre, mientras se preparaba el juicio contra los golpistas del asalto al Congreso de los Diputados en el Servicio Geográfico del Ejercito en Campamento, todo el país amaneció plagado de banderas españoles hasta el punto que se agotaron las existencias en los establecimientos comerciales que durante semanas habían hecho acopios de bandera, y la conmemoración se celebraba (no había acto oficial en el Congreso de los Diputados) en ayuntamientos y fiestas y verbenas populares, suelta de palomas y miles de globos con los colores rojos y amarillo. Hasta el lehendakari vasco Carlos Garaikoetxea rendía homenaje a “los avances que la Constitución  representa” y pedía defenderla contra sus enemigos.

Treinta y seis años después de aquello, y mientras se prepara el juicio contra los que intentaron, violando la Constitución, dar un auténtico golpe de estado el pasado 27 de octubre, para, tras un referéndum ilegal declarar la Republica catalana, también han aparecido numerosas banderas nacionales en numerosas ciudades españolas y la conmemoración se celebraba no en Ayuntamientos, sino en el Congreso de los Diputados, como viene haciéndose desde hace más de veinte años. Por primera vez la celebración tenía un aire totalmente catalán y electoral. Todo el interés informativo estaba centrado en las encuestas que se han hecho públicas en las últimas semanas en las que se registra un practico empate entre independentistas y constitucionalistas, en la rectificación de la fiscalía sobre el dossier Puigdemont y en esa reforma de la Constitución que muchos piensan que puede ser la vía para solucionar el contencioso catalán. Algo a lo que es totalmente reticente el presidente el, Gobierno Mariano Rajoy que ha aprovechado el acto oficial de hoy para ponerlo de manifiesto y asegurar que rechaza reformar la Carta Magna para contentar al independentismo.

Frente al Partido Socialista que ha luchado por la creación de una Comisión en el Parlamento para la reforma del Estado autonómico, el Partido Popular ha ido rebajando las expectativas de los socialistas de abordar después, una reforma de la Constitución, como Pedro Sánchez asegura que pactó con Rajoy, antes de que se aprobara el artículo 155 de la Constitución para intervenir la Autonomía catalana. Ya la celebración del año pasado tuvo lugar en un clima inédito, con un bipartidismo seriamente tocado desde las últimas elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2015, con la aparición del Cuatripartito (PP, PSOE, Ciudadanos y Unidos Podemos) y con un deseo, que ha ido calando en la opinión pública, de la necesidad de un cambio cada vez más urgente de la Constitución.

De cualquier forma, la Constitución que ahora se ha puesto de moda denostar, es, sin duda, el intento más importante de consenso y de acuerdo, que se ha realizado en nuestro país en los últimos siglos. Probablemente, el único en el que no se ha impuesto una Constitución de unos contra otros. En el que se ha conseguido elaborar y poner en práctica una Constitución de todos y para todos. Una Constitución que ha permitido el periodo de más libertad, prosperidad y bienestar del tramo final del siglo XX, después de una dictadura de casi cuarenta años y que necesita de una urgente reforma, un melón que no se puede abrir…. sin el consenso del PP.