Puigdemont dice que “a veces damos risa”, pero no, es mucho más que eso

“A veces damos risa”. La frase pertenece a Carles Puigdemont, un hombre que empieza a preocupar a su partido, que no habla con nadie de la dirección, ni con su presidente Artur Mas, ni con su coordinadora Marta Pascal. Que no ha consultado con nadie para la elaboración de la lista de candidatos para las elecciones del 21 de Diciembre, ni siquiera la estrategia de la campaña electoral. No saben nada, o muy poco,  incluso, de la concentración convocada para el día 7 de Diciembre, en Bruselas, dos  días después de la campaña electoral, con el desplazamiento de más de diez mil asistentes a una marcha de protesta ante las sedes de los organismos comunitarios para pedir la libertad de los “presos políticos“.

En  la concentración y en la marcha participarán la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC) y Ómnium Cultural, que tienen a sus Presidentes en la cárcel de Soto del Real para los que exigirán su libertad, así como la de los miembros del Govern cesados, además de expresar las demandas soberanistas “ante la UE y ante el mundo”. Las entidades soberanistas han insistido en que esta movilización pretende mostrar la “determinación del pueblo de Catalunya” en tres objetivos: “Conseguir la libertad de los presos, recuperar las instituciones y construir la República”.

La marcha sobre Bruselas se produce en el peor momento político para los independentistas, cuando el señor Puigdemont, en un discurso que endurece por día, ha  insinuado la posibilidad de que se celebre en Cataluña un Referéndum para la salida de Europa con la excusa de que Europa ha sido insensible a sus reivindicaciones (ningún país ha reconocido esa independencia que según unos días, en Cataluña, dicen que se ha producido y que es un hecho, y según otros días se trata de una declaración sin ningún valor y simplemente simbólica), hasta el punto que en el corazón de la Unión el que se autodenomina Presidente de la República catalana en el exilio, no ha sido recibido por nadie, a pesar de los esfuerzos de su entorno.

Lo que más sorprende en Cataluña y en Bruselas, son las sorprendentes y contradictorias declaraciones del expresidente, hasta el punto que no se sabe cuál es su punto de vista sobre casi nada porque cambia de opinión, según el día y según con quien habla, algo que supone caer con demasiada frecuencia en el ridículo, algo que él mismo ha venido a reconocer cuando en una de sus numerosísimas declaraciones ha llegado a justificarse con la frase de que ”A veces damos risa” intentando meter en la rueda a todos, sin querer reconocer que es objeto de todo tipo de chanzas, chistes y bromas, para  quien dice seguir siendo Presidente de la Generalitat.

Pero ¿qué le ha pasado a este Puigdemont que durante dos años ha rehuido el debate público, el debate en el Parlamento, o el simple debate político y ahora habla sin parar, sin saber muy bien lo que dice, y que cuando lo descubren se limita a decir lo contrario de lo que acaba de decir. Muchos creen que es el complejo de alguien que sabe que no está preparado para el cargo para el que le eligió Artur Mas, con el beneplácito de la CUP, cuando  los antisistema se negaron a investir Presidente a uno de la banda del tres por ciento, que tuvo que cerrar el partido (Convergencia i Unió) para disfrazarlo de PDeCat. Otros, como el periódico Frankfurter Allgemaine Zeitung, más generoso, creen que, simplemente, el fugitivo Presidente simplemente ha descubierto la confianza en sí mismo, hasta el punto que sigue viéndose y presentándose como Presidente de la República catalana en el exilio.

Carles Puigdemont ha recuperado una confianza en sí mismo que nunca tuvo, como cuando decidió adelantar él las elecciones y la oposición de Junqueras y Rivera y los  gritos de “traidor y Judas” le asustaron, se echó para atrás y metió a Cataluña en una de las peores crisis de su historia. La Unión Europea, comenzó a decir, es un ” club decadente y obsoleto” que se ha unido en España con una “derecha post-franquista”  que viola los derechos humanos, en una entrevista con la cadena de televisión pública israelí Kan. Por lo tanto, (un ridículo más), lo mejor sería que los catalanes decidieran, en un nuevo referéndum, si aún quieren pertenecer a una UE que los ha decepcionado en su búsqueda democrática de la independencia.

Aunque Puigdemont lleva ya más de tres semanas en Bélgica, está haciendo todo lo posible por dejar su impronta ahora también en la campaña electoral. El sábado, a más de 1.300 kilómetros de Barcelona, en la pequeña ciudad belga de Oostkamp, presentó su lista electoral “Juntas  per Catalunya” en cuyo núcleo se encuentra él mismo: a gritos de “Presidente, Presidente” fue coreado por los noventa candidatos que acudieron a Bélgica en un vuelo chárter… El 4 de diciembre, un juez belga decidirá sobre la orden de detención española contra él y cuatro exconsejeros catalanes que huyeron con él a Bruselas. Apelarán contra una posible extradición, y el litigio, probablemente, se prolongará hasta después de los comicios, a menos, como le ha pedido su partido, se presente en Barcelona la víspera de las elecciones, poco  antes de la “jornada de reflexión”, para recuperar un voto, que no le es tan favorable como pensaba, con su “lista del Presidente”. En ese tema ya ha entrado en duda, sin saber qué hacer.