Lo que ha costado la locura de los Puigdemonts y los Oriols

En Agosto de 1954, en el primer viaje que el escritor catalán Josep Pla hizo a Nueva York, los amigos que le habían invitado a que conociera la Gran Manzana, le prepararon un paseo nocturno nada más llegar, y le enseñaron las luces de los rascacielos, las inmensas avenidas radiantes, la iluminación de tiendas y escaparates. Esperando la reacción del payés que era Pla, todos quedaron sorprendidos ante una pregunta que era el resumen de lo que pensaba en esos momentos: “Y todo esto, ¿quién lo paga?”.

Es la misma pregunta que hoy se hacen todos los españoles cuando empiezan a conocer muchas de las cuentas que, gracias a la intervención del Ministerio de Hacienda, y a la aplicación del artículo 155, ha permitido la toma del control  de todos los departamentos y poder levantar muchas alfombras. La última, ocultaba debajo 33 contratos por una cantidad de más  811 millones de euros para la creación con una cuarentena de empresas  UTES  ya formadas para, según informes de la Guardia Civil, la creación y el desarrollo de estructuras del nuevo Estado catalán.

Según la Guardia Civil los mayores gastos pueden estar en la Consejería de Raul Romeva, a través de los pagos de las embajadas catalanas, con la distribución de subvenciones a medios informativos extranjeros y plataformas de todo tipo, de apoyo a la Independencia. Aparte de las subvenciones a numerosas asociaciones que han constituido toda una tela de araña de influencia soberanista en la Autonomía, algunas de las cuales se han repartido los fondos que estaban dedicados a Asuntos Sociales e, incluso, a la Sanidad.

Pero, aparte de la dilapidación de todo ese dinero público, que puede suponer un claro delito de malversación de fondos públicos, penados con prisión, si el Gobierno no hace la vista gorda, aún teniendo todas las pruebas, está el daño que se ha hecho a la economía catalana, la destrucción de puestos de trabajo, los futuros EREs que harán muchas de las más de 2.500 empresas que se han ido de Cataluña, y el empobrecimiento de toda una Autonomía. Cataluña ha perdido el liderazgo en Producto Interior Bruto (PIB) de las regiones españolas como consecuencia de la fuga de esas empresas, según los cálculos realizados por la escuela de negocios Vlerick de Bruselas.

La Comunidad de Madrid, según esos datos, pasa a encabezar un clasificación históricamente liderado por la comunidad catalana. Que toda la explicación que ha dado el exvicepresidente Oriol Junqueras, encargado precisamente de la cartera de Economía, haya sido que esa huida de empresas, se ha producido, por la “represión  policial” del Referéndum 1 de Octubre, indica el grado de sectarismo y la improvisación con que ha hecho frente el  independentismo a los problemas diarios de una Comunidad en la que lo único importante era “el  procés”.

Jaime Malet, presidente de la Cámara de Comercio norteamericana en España, que agrupa a empresas que facturan varias veces todo el PIB de Cataluña, vaticinaba recientemente que hay planes para trasladar muchas unidades productivas fuera de Cataluña. “Una de cada 3 empresas con más de 50 trabajadores se ha ido. A las empresas no les interesa estar entre huelgas, corralitos, lucha callejera, legalidades paralelas y un Govern en prisión. Hay planes de contingencia para trasladar ya las unidades productivas fuera de Cataluña”. Y lo dice quien ya, en Febrero de 2014, dio la voz de alarma sobre la posibilidad de una huida masiva de empresas, si se continuaba con el Referéndum de independencia.

“Todos los gestos políticos – declaraba recientemente Malet al diario económico Expansión – con artículos en medios extranjeros y declaraciones como las de Puigdemont en Bruselas para internacionalizar el proceso, que espantan muchísimo a las multinacionales, no ayudan nada. De ser un sitio tranquilo, en el que se podía trabajar, se pasa a dar la imagen de que se quiere romper la legalidad. Puigdemont se va a Bruselas, es terrible y no se habla de nada más que del lío que están montando. Junqueras es un inútil y mentiroso. Es capaz de decir que no pasa nada porque se vayan empresas ¿cómo puede un Vicepresidente no darse cuenta de que esto genera desempleo y una pobreza enorme?”

No deja de ser significativo que el éxodo empresarial empezó incluso antes del Referéndum. Solo en Septiembre, abandonaron la región 548 empresas, algo a lo que las autoridades no le dieron la menor importancia. Luego vino la desbandada. Pero es que, además, seis de las siete empresas con domicilio en Cataluña, que son parte del selectivo índice búrsatil Ibex 35, fueron las primeras que huyeron a Madrid o a Autonomías cercanas. Además, las 13 mayores compañías que cotizan en bolsa y que se han marchado de Cataluña suman 84.396 millones de euros en capitalización.

El hecho de que muchas de estas empresas sean emblemáticas de Cataluña no fue impedimento para hacer las maletas asustadas de lo que estaba pasando. CaixaBank, Banco Sabadell, Aguas Barcelona, Editorial Grupo Planeta, el grupo asegurador Catalana Occidente, Abertis y Gas Natural Fenosa, por nombrar algunas, se sumaron al éxodo empresarial. Y eso, sin contar el daño que se ha hecho al turismo, a las ventas, al consumo, al sector servicios, a la inversión… Jamás tan pocos hicieron tanto daño. Por eso, la ciudadanía empieza a preguntarse lo que se preguntaba Pla en  Nueva York: ”Todo esto, toda esta loca aventura ¿quién la paga?”. Sobre todo después de  que los responsables del desastre hayan declarado ante los Tribunales que todo esa independencia era puramente “simbólica y virtual”. Un auténtico crimen contra la economía que no tiene nada de simbólico, sino de empobrecimiento.