“The Guardian”: Puigdemont se la ha jugado, y ha perdido

Corte de decenas de autopistas hasta la frontera con Francia; invasión de las vías del Ave; interrupción de todos los trenes de cercanías; barricadas en las principales carreteras ocupadas por universitarios y pocos miembros de los llamados Comités de Defensa de la Republica (CDR), alteración grave de la vida ciudadana y una huelga general,  fracasada, reclamando la liberación de los “presos políticos”, es el balance de la jornada de hoy en Cataluña donde el acento se ha puesto en la paralización de Barcelona, sabiendo como sabían los convocantes, que la huelga general a la que se oponían los dos principales sindicatos: Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores (UGT) estaba destinada, de antemano, al fracaso.

Si algo empieza a notarse a pesar de la capacidad de movilización de colectivos nacionalistas, que giran, sobre todo, en torno a la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC), Ómnium Cultural, y la CUP  (Comités de Defensa de la República) es un cierto cansancio y falta de entusiasmo que estas organizaciones que han querido substituirlos por la movilización de los universitarios, que están siendo el punto de lanza de los grupos que salen a la calle para paralizar calles, autopistas y carreteras.

Al fin y al cabo, todo eso responde a la situación de división del independentismo y a la imposibilidad de repetir coaliciones de cara a las elecciones del 21 de Diciembre, a las que ha querido agarrarse desesperadamente Puigdemont, pretendiendo tener esa supuesta fuerza que le da el seguir presentándose en Europa como “Presidente en el exilio de la República catalana”, algo que de tanto repetirlo suena a chiste. Sobre todo, después de que hoy el Tribunal Constitucional haya hecho público que anula la Declaración Unilateral de independencia del pasado 27 de Septiembre y la llamada Ley de Transitoriedad, que rompía con la legalidad establecida por la Constitución española.

En un artículo en The Guardian, un periódico muy complaciente con las posiciones independentistas, Puigdemont arremete contra la falta de independencia y neutralidad de la justicia española, mediatizada por el Gobierno, vuelve a hablar de represión masiva, de ofensiva judicial brutal, encarcelamientos masivos y criminalización de los candidatos y, quizás para compensar publica una crónica firmada que lleva por título “Carles Puigdemont se la jugó y perdió” en la que destaca que su huida a Bruselas decepcionó a los que esperaban que le plantase cara a Madrid o, al menos, encabezase una campaña de desobediencia civil.

El Mundo, ironizaba el columnista del Financial Times, Robert  Shrimsley, tenía un nuevo y heroico combatiente por la libertad, De Gaulle, Gandhi, Mandela y ahora Carles Puigdemont, líder depuesto de Cataluña que, mientras España tomaba el control de su región, huyó a Bruselas y se niega a regresar hasta tener garantías sobre su propia seguridad. Imagínense las conversaciones entre el líder en el exilio y sus asesores. Desde luego, son dignas de imaginar. Probablemente tengamos que esperar a la publicación de las memorias de Puigdemont para poder saber qué se le pasaba por la cabeza. En menos de una semana, cometió dos terribles errores políticos: no convocar las elecciones él y declarar la independencia.

“Tras haber decidido apretar el gatillo -con lo que estaba garantizada la suspensión de la autonomía por parte de Madrid- debería haberse quedado en España, independientemente de las consecuencias”. “Para hacer historia, -concluye The Guardian– la mayor parte de las veces es necesario asumir grandes riesgos políticos. Un hombre de Estado, señaló Bismarck, debe esperar y escuchar hasta que oiga a Dios abriéndose paso entre los acontecimientos; entonces debe saltar y agarrarse al dobladillo de su ropa”. La tragedia de Puigdemont es que cuando oyó esos pasos, entró en pánico y optó por ignorarlos.