Puigdemont libre en Bruselas y el independentismo sin saber que hacer con él

Pasadas las doce de la noche el juez designado por la Fiscalía de Bruselas para estudiar la euroorden emitida por la jueza de la Audiencia Nacional Carmen Lamela contra el ex presidente de la Generalitat y cuatro de sus consellers, que no se presentaron a la citación de la semana pasada en la Audiencia Nacional por una querella por rebelión, secesión y malversación de caudales públicos, ha decidido que no era pertinente la detención y el ingreso en prisión del cesado presidente de la Generalitat y de cuatro de sus consejeros.

Horas antes de hacerse pública la noticia, el gobierno, pendiente de Bruselas desde que a primeras horas de la mañana del domingo tanto Puigdemont como los cuatro consellers que huyeron de Cataluña se entregaron a la Policía Federal según acuerdo que tenían con ellos desde el sábado, veía con preocupación como el actual ministro del Interior el flamenco Jan Jambón declaraba en una entrevista en la belga VTM que Madrid había “ido demasiado lejos” y pedía la intervención directa de Bruselas por el comportamiento del gobierno español. Un gobierno que minutos antes había sido criticado abiertamente por el ex primer Ministro belga Elio Di Rupo que calificaba como “franquista autoritario” el comportamiento del presidente del Gobierno español Mariano Rajoy, Esas dos declaraciones daban algún tipo de pista de lo que podía decidir el juez encargado de hacer cumplir la euroorden de Madrid y el ambiente político en el que se producía la decisión del juez.

Desde el lunes de la pasada semana y probablemente, durante toda la campaña electoral que, de hecho ha empezado ya, con el primer plazo que vence el próxima martes, día para la presentación de coaliciones políticas electorales (no podrán concurrir ni la Cup que tiene que consultar a sus bases qué decisión tiene que tomar, ni Podemos que vota “telematicamente” el cese del secretario general de Podemos en Cataluña Dante Fachin, el gran adversario político de Pablo Iglesias), Puigdemont se ha convertido en un problema para su partido, el PDeCat.

Y no sólo para su partido, sino también para el independentismo especialmente para Esquerra y su presidente Oriol Junqueras, con el que prácticamente no se habla; para el gobierno español puesto de ejemplo de gobierno que no respeta a las minorías ni tiene una justicia independiente según denuncia de Puigdemont, y para el gobierno belga cuyo primer ministro Charles Michel, no solo ha pedido sino que ha “implorado” a los miembros de su gobierno, la máxima prudencia sobre el tema de los huidos catalanes y también sobre la situación catalana en general utilizada por Puigdemont como elemento desencadenante de una internacionalización del conflicto independentista.

Desde hace meses, Michel está preocupado por los efectos que puede tener en la política belga el llamado “dossier catalán” y su vinculación con el partido nacionalista flamenco N-VA, que forma parte de la coalición de gobierno en un país que se ha llevado sin gobierno mas 500 días, hasta que se llegó a la actual coalición formada por seis partidos. Una crisis con ese partido nacionalista flamenco podría provocar la ruptura de la actual coalición y la convocatoria de elecciones. Durante estos días, que se sepa, Puigdemont y los cuatro consejeros sobre los que se dictó el pasado viernes una Euroorden de detención firmada por la jueza de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, se han abstenido de mantener ningún tipo de contacto con miembros del partido flamenco que fueron los que primero se pronunciaron a favor de acoger en el país a los políticos catalanes.

En este sentido los huidos no han querido crearle un problema al gobierno belga, han sido parco en declaraciones, salvo la entrevista que Puigdemont concedió a la televisión pública belga el sábado en la que anunció que iba a presentarse con una lista soberanista, algo que como casi todo lo que ha venido haciendo desde que decidió abandonar Cataluña, no estaba consultado ni hablado con su partido que se ve desbordado y molesto por su actuación. Dicen que no contesta a las llamadas que le hacen, que no informa ni consulta nada y que va por su cuenta, en unos momentos muy difíciles para un partido como el suyo que se hunde en las encuestas y que nadie le quiere para ningún tipo de pacto. Es más, el más sensato de todos los posibles candidatos, Santi Vila, que dimitió antes de la Declaración Unilateral de Independencia, está buscando otro partido para presentarse porque la vida dentro del suyo es insoportable.

Es la primera vez, después de renunciar a presentarse de nuevo a unas elecciones, que el señor Puigdemont, que está actuando por su cuenta y al margen de su partido, anuncia una vuelta a la política que dio por cerrada en abril del año pasado. Convencido entonces de que estaba viviendo una etapa única que definía como “de la postautonomia a la preindependencia”, un proceso que consideraba que Cataluña “debía vivir una sola vez”, declaraba a la radio pública catalana que aceptó el cargo como sucesor de Artur Mas, con la condición de que no se volvería a presentar. “Yo soy un presidente para esta etapa. Después me voy a casa y no seré candidato a la Presidencia de la Generalitat”.

Por eso ni se ha ido a su casa como había prometido, ha huido a Bruselas sin informar a nadie de su gobierno (salvo los que le han acompañado en la huida), insiste en que es el presidente de la Republica catalana, ha intentado montar un gobierno en el exilio, y para colmo, ha prometido seguir haciendo el mismo estropicio que ha hecho hasta ahora y el ridículo en cinco idiomas. Pero el gran problema es que, desde Bruselas, no ha podido detectar el señor Puigdemont que hasta los propios independentistas no saben cómo quitarse al presidente de la Republica catalana en el exilio de encima, convencido del daño que está haciendo y del efecto demoledor de las bromas, chanzas y chistes de la gran prensa internacional…