Cataluña: Ya empiezan a darse cuenta de que han vivido otra realidad…

El Presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, estudia la posibilidad de comparecer ante el Senado para pronunciarse sobre el articulo 155 y su aplicación a Cataluña, un tema decisivo que comenzará a debatirse este martes en la Comisión Constitucional del Senado, para la elaboración  de un documento que será votado el viernes por el Pleno de la Cámara baja, en la que el Partido Popular tiene mayoría.

La filtración de esa posible comparecencia del Presidente de la Generalitat se producía horas después de que la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, en entrevista con Carlos Alsina en el programa de Onda Cero “Más de Uno”, aclarase que todo estaba preparado “y el Senado tiene capacidad para adaptarse a lo que el Parlament o la Generalitat pueda hacer en cada momento”. Es decir que si el Presidente de la Generalitat convocase elecciones como le están reclamando, sobre todo los sectores económicos, ante el deterioro económico que se nota por días, y no hay Declaración Unilateral de Independencia, el artículo 155 no entraría en vigor.

De este modo, y a la espera de las agendas y los calendarios sería la primera vez que Puigdemont acepta comparecer en una de las Camaras ya que, hasta ahora, todas las ofertas que se le han hecho para que se explicara en el Parlamento, han sido rechazadas por el político catalán, que no quiere sufrir una derrota parecida a la que sufrió el lehendakari Ibarretxe  en el Congreso de los Diputados cuando presentó en febrero de 2005 su polémico plan en el que proponía un nuevo Estatuto de Autonomía, basándose en que el pueblo vasco es un pueblo de Europa con identidad propia, que el derecho del pueblo vasco es decidir su propio futuro de acuerdo con el derecho de autodeterminación y que las decisiones del pueblo vasco (Comunidad autónoma vasca, Navarra y País vasco francés), debían respetarse por el resto de los pueblos de Europa. Además de una serie de peticiones que según el texto constitucional eran inasumibles.

La presencia de Puigdemont en el Senado seria un gesto de distensión en la convulsa situación de Cataluña que tiende a radicalizarse por días, sobre todo, si entra en vigor el artículo 155  que  provocará, y ya lo han anunciado los antisistemas de la CUP, y la propia Asamblea Nacional de Cataluña (ANC), que será acogido con una desobediencia civil masiva y con la toma de las calles. En el fondo, todos esos sectores que sueñan con una independencia a la Eslovena, a la Lituana o a la Ucraniana, están encantados con ese 155 que, para ellos, sería una conquista política y social.

Ha sido el periódico The Guardian, el más simpatizante de las posiciones independentistas pero, también, de los pocos que han reconocido que les engañaron con noticias falsas de los heridos el día del Referéndum, el, que se atreve hoy a preguntarse “qué es lo que se ha hecho para merecer lo que está pasando”  ya que durante muchos años, la independencia de Cataluña se ha retratado como un feliz, fácil y económico camino hacia un mundo mejor. La gente creyó en la tierra prometida de un estado mas rico, más libre que disfrutaría del estado del bienestar escandinavo y que sería admirado por todo el mundo: como una Dinamarca del Sur, como el anterior presidente regional solía decir. “En Cataluña, mientras los acontecimientos se suceden con rapidez, la gente empieza a darse cuenta de que el camino hacia la independencia es más abrupto de lo que nadie creía y, a fin de cuentas, podría resultar simplemente intransitable”.

Para el periódico británico que cree que la detención de los Jordis es un error, lo grave es que el componente populista del grupo independentista está siendo cada vez más evidente. El populismo presenta soluciones simples (en este caso, la independencia) a problemas complejos (el reparto de poder en un estado descentralizado desigualmente en tiempos de crisis). “Los líderes independentistas crean narrativas basadas en históricas reivindicaciones y parecen atrapados por una negación de la realidad. En Barcelona la sensación es que el daño ya está hecho, y que las cosas no mejorarán, sino que irán a peor. La cadena de errores por ambas partes ha resultado ser tan tóxica que los barceloneses empiezan a percibir las repercusiones en su vida diaria. La parte emocional del conflicto actual se impone sobre cualquier discusión racional”.