Puigdemont sin mediadores europeos y sin apoyos internacionales

Cuarenta y ocho horas después de la llamada a la mediación realizada por el Presidente de la Generalitat en su plan de internacionalizar  el conflicto y encontrar mediadores para salir del actual impasse, no hay el menor síntoma de apoyo  internacional, ya  que la mayoría de los países europeos y latinoamericanos se han manifestado a favor de España y de la vuelta a la legalidad. Aparte de que la Comunidad internacional no reconocerá la independencia catalana, es difícil que algún país se ofrezca a mediar, teniendo en cuenta que el Presidente del Gobierno español ha rechazado cualquier mediación y ha exigido el fin de la aventura emprendida por los separatistas.

Por eso no es de extrañar que la mayoría de la prensa internacional (parte de la cual se ha sentido utilizada con informaciones de los independentistas que no han respondido a la realidad y que han sido mentiras muy claras que han tenido que rectificar)  se manifiesta muy escéptica con esa mediación, reclamada por numerosos países de la tierra según declaración del Presidente de la Generalitat Carles Puigdemont el pasado martes en el Parlament, en dónde no se votó nada, se anunció una suspensión de la independencia  y se firmó la declaración unilateral de independencia en una sala aparte, casi en la clandestinidad.

Es decir que, según la versión del New York Times la crisis independentista catalana dio un confuso giro, después de que el líder catalán hiciera una declaración incomprensible en la que pareció declarar la independencia de España, para pasar a suspenderla inmediatamente para pedir más “diálogo” con los líderes de Madrid.

El discurso de Puigdemont solo ha aumentado la confusión. “Al reiterar el derecho de Cataluña a la independencia, continúa irritando a quienes se oponen a la secesión. Pero , al mismo tiempo, al rehusar comenzar el proceso de secesión inmediatamente, ha frustrado a algunos de sus aliados del movimiento independentista, que  consideran que no ha adoptado una postura suficientemente contundente. Para añadir más confusión, Puigdemont y otros diputados independentistas firmaron un documento que proclamaba la independencia de Cataluña , una firma que los diputados independentistas sostenían que “era una oportunidad para negociar la independencia con Madrid”.

Ningún gobierno europeo -dice The Economist– ha mostrado el menor signo de interés ante la petición de una mediación por parte del Presidente  catalán. El francés Emmanuel Macron, la ha descartado de plano.¿Qué posibilidades hay entonces de una mediación internacional?, se pregunta Financial Times, después de que el gobierno catalán dijese  que se habían abierto varias vías para una mediación internacional. Algo que según FT, aún está por ver. Para Puigdemont, la mediación internacional es crucial. Su gobierno sabe que, sin el reconocimiento de la comunidad internacional, cualquier declaración de independencia estaría desprovista de contenido. “Sin embargo, por ahora, Europa ha tomado partido por Madrid en esta disputa, afirmando que debe respetarse el estado de derecho”.

Lo que, al  final, hizo  Puigdemont fue, sostiene The Times, alejarse  del precipicio. Pero el líder separatista del gobierno catalán casi “no se separó lo suficiente del precipicio como para que las autoridades españoles lo consideren un punto de inflexión en la crisis”.

Sin embargo, insistió en que un referéndum el 1 de octubre, considerado ilegal por las autoridades españolas, había ganado el derecho de Cataluña de establecer un Estado independiente. “También dejó abierta la posibilidad de que si el diálogo entre los gobiernos catalán y español terminara en fracaso, habría una declaración de independencia”.

De cualquier modo,  pidiendo  la mediación europea y reivindicando la validez del referéndum, Puigdemont ha cruzado las líneas rojas establecidas por el  Presidente español Mariano Rajoy. El resto del mundo, entretanto, se mantiene perplejo.”La petición de una mediación de la UE -señala The Guardián- ha caído en saco roto. Desde Theresa May hasta Angela Merkel, el mensaje es el mismo: se trata de una cuestión interna de España. Puigdemont  sugirió que esto podría cambiar, pero no especificó qué país europeo podría ofrecerle ayuda.”A no ser que la UE obligue a Rajoy a iniciar negociaciones, el discurso de Puigdemont sólo servirá para prolongar el suspense en Cataluña”.

Es evidente que la mezcla de mano dura por parte de Madrid, de contramanifestaciones en Barcelona y de falta de apoyo en el extranjero han desconcertado a la parte (ligeramente) más moderada de los nacionalistas del entorno del presidente regional catalan.”El aplazamiento de la declaración de independencia es una señal de que los separatistas, en última instancia, no tenían un plan realista” editorializa  el periódico alemán Frankfurter Allgemaine Zeitung.

El otro importante periódico alemán Der Tagesspiegel sostiene que “ningún gobierno europeo podría tolerar tal forma de actuar, sobre todo porque el líder nacionalista catalán y presidente de la Generalitat, parece decidido a disputar el conflicto a costa de su propia población. Los 7,5 millones de catalanes no son, como él afirma, un pueblo unido, sino una sociedad profundamente dividida en un campo pro-español y otro anti-español”.

“Al dirigente catalán le gustaría internacionalizar la crisis. Le costará. Poco sospechoso de deriva dictatorial o de eurofobia, un pelotón de dirigentes europeos -recuerda el periódico francés Le Figaro– han salido para advertir de la locura de la aventura. Sería un naufragio para una Cataluña excluida de la UE, un desastre para una España convaleciente”. Por su parte la Libre Belguique, pone de manifiesto que todos los indicadores apuntan a que la independencia generará el empobrecimiento de la región catalana y, consiguientemente, de España en su conjunto. El nacionalismo catalán es como todos los demás nacionalismos. Es un repliegue sobre sí, un reflejo egoísta e incluso populista que va a contracorriente de la historia. Además, prevalecen divergencias en el seno de una sociedad catalana en la que los partidarios de la unidad tienen dificultades para que se les escuche.