Cataluña: la Historia se repite, primero como tragedia, después como farsa

Decía Marx (Karl, no Groucho) que “la historia se repite, primero como tragedia, después como farsa”. Y no sólo es verdad, sino que puede volver a demostrarse, y de hecho ya se está demostrando, en la aventura política en que nos han metido los independentistas catalanes para repetir un episodio dramático de la historia, como fue la declaración de independencia  de Cataluña por parte del Presidente de la Generalitat Lluís Companys en Octubre de 1934.

Hubo ya un primer intento tres años antes con la proclamación de la Republica en toda España en 1931, algo que aprovechó Companys no sólo para proclamar la República, también en Cataluña, sino que dio un paso más al proclamar la “República catalana”, primer problema con el que tuvo que enfrentarse el gobierno de la República española. “Catalanes: -fueron sus palabras- interpretando el sentimiento y los anhelos del pueblo que nos acaba de dar su sufragio, proclamó la República Catalana como Estado integrante de la Federación Ibérica. De acuerdo con el presidente de la República española señor Niceto Alcalá Zamora, con el que hemos ratificado los acuerdos adoptados en el Pacto de San Sebastián, me hago cargo provisionalmente de las funciones de Presidente del Gobierno de Cataluña, esperando que el pueblo español y el catalán expresen cuál es en estos momentos su voluntad”.

Aquello se recondujo con un Estatuto de Autonomía en 1932 que encontró numerosas dificultades porque sobrepasaba las competencias de la  Constitución de la Republica pero, que al fin, fue aprobado por gran mayoría, se celebraron elecciones regionales, ganó Esquerra Republicana de Cataluña (ERC ) y accedió a la presidencia de la Generalitat Lluís Companys, uno de cuyos planes era la aprobación de una Reforma agraria que intentó plasmar en una Ley de cultivo que el gobierno central recurrió ante el Tribunal Constitucional.

En un ambiente de crisis política con la caída del gobierno del Partido Republicano Radical y social, con la declaración de una huelga general por parte del PSOE, Companys decide dar lo que en la época se bautizó como “Golpe de Estado” y proclamó el 6 de Octubre de 1934 a las ocho de la tarde, desde el balcón de la entonces Plaza de la República y hoy de San Jaume el “Estado Catalán de la República Federal Española”, o sea, el Estado dentro del Estado. El pronunciamiento había seguido a una movilización de los escamots de Estat Catalá, a los que se había provisto de armamento y de un plan de acción que debía desembocar en la toma y control de los puntos estratégicos de Barcelona. Al final, las tropas del general Domingo Batet -no más de 400 hombres- se bastaron para reducir a los miles de patriotas que supuestamente habían salido a la calle.

Eran las seis de la mañana del 7 de octubre cuando el presidente Companys, tras anunciarse por radio su capitulación, se rendía al comandante del Ejército que se había personado en el Palacio de la Generalitat, para proceder a su arresto y al de todo su Gobierno. Atrás quedaban medio centenar de muertos -entre ellos, ocho soldados-, un gobierno encarcelado, una autonomía en entredicho y un ridículo tan espantoso como evitable. Es decir primero la tragedia y, después la  farsa.

Ochenta y tres años después, en otro Octubre, se está desarrollando una auténtica farsa con un Referéndum que no reúne las mínimas garantías democráticas, con un inicio de ruptura de Cataluña con España, con una Ley de Transitoriedad hacia la fundación de una República catalana aprobada en contra de la oposición y utilizando una ley declarada ilegal por el Constitucional, y con una estrategia independentista que puede terminar en tragedia. Es verdad que la farsa es la segunda que se produce ya que hubo otra, la del 9 de Noviembre de 2014, que dividió, aun más, a la sociedad catalana.

Ahora, en este inicio de repetición de la Historia, unos (Mariano Rajoy) insisten en que “no menosprecien la fuerza de la democracia. Otros (Puigdemont) responden “no subestimen la fuerza del pueblo catalán”. Unos: “Nos van a obligar a donde no queremos llegar”. Otros: “Estamos ante un dictadura como Turquía, ante un estado de excepción encubierto. Han perdido el Norte y van a perder el Nordeste”. Es decir, Tragedia y Farsa, a la vez.