Cataluña: un Rajoy afectado reconoce que no es el culpable de todo

Por primera vez en el Parlamento el presidente del Gobierno  Mariano Rajoy se ha abierto a la posibilidad de reformar la Constitución a preguntas de su socio de Gobierno,  Albert Rivera, que le ha recordado el punto 122 del pacto de investidura que firmaron PP y Ciudadanos hace un año, y que incluye el compromiso de actualizar la Carta Magna “sin ocurrencias y sin disparates”. Por eso, ha emplazado a Rajoy a comprometerse a abrir ese debate en un futuro porque el “inmovilismo” no es la solución. Es la  primera vez que se abre esa puerta,  con ciertas reticencias sobre el tipo de reforma constitucional que se pretende,  e insistiendo en que en el momento actual y en lo que respecto a la grave situación de Cataluña, la prioridad es el cumplimiento de la legalidad constitucional.

El Presidente, muy afectado y preocupado con lo que está ocurriendo en Cataluña, especialmente a raíz de la Diada del pasado lunes, ha asegurado que la prioridad en este momento es defender la ley y la Constitución ante el desafío y las “ocurrencias” que se están produciendo, pero no se ha cerrado a abrir ese debate sobre la reforma constitucional más adelante con “serenidad y rigor”. Eso sí, ha rechazado “construir nada de nueva planta” que toque los pilares básicos del texto fundamental, dando a entender que está más cerca de las posiciones que defiende Ciudadanos que las que propone el PSOE sobre el modelo territorial y las Autonomías.

En estos momentos la principal preocupación del Presidente, una preocupación que ha empezado a obsesionarle,  aunque de puertas afuera sabe conservar y transmitir la mayor calma, es el Referéndum y las sucesivas “ocurrencias” que puedan producirse. Entre ellas la utilización de la televisión pública TV3 en la campaña del Referéndum, partiendo de la base que en contra de la Fiscalía se ha negado a dejar de emitir el spot publicitario de la cita del 1-0. Se teme que el propio Puigdemont utilice la televisión pública, totalmente controlada por la Generalitat, para que la víspera del Referéndum haga un llamamiento a la participación ciudadana y que el 2 de Octubre presente unos resultados que no tengan nada que ver con la realidad.

La preocupación presidencial, según algunos de sus colaboradores, es mayor que la que tuvo, al principio de su mandato en 2012, cuando España estuvo a punto de ser intervenida, igual que ocurrió con Portugal, Irlanda y Grecia. Siempre pensó que este era el mayor reto que tendría que afrontar como Presidente, descartando, de entrada, el desafío catalán que ya, en esas fechas, había empezado a poner de manifiesto que era imparable. Esa Diada del año 2012, la BBC aseguraba que se había producido en Barcelona la manifestación  “más grandiosa” de su historia y, es verdad que en ella participaron cerca de un millón y medio de personas exigiendo “independencia”. Fue, sin duda,  una de las primeras señales de alarma de que algo grave se estaba incubando.

Este martes el Presidente del Gobierno en una intervención en el Senado, que pasó relativamente desapercibida ante el alud informativo sobre el conflicto catalán, daba una pista sobre su estado de ánimo al contestar en la sesión de control a una interpelación del senador del PDeCat Josep Lluís Cleries, con una frase significativa: “Yo no soy el culpable de todo esto”, harto de que el independentismo, Podemos y, el PSOE, le estén acusando de haber ocasionado el conflicto catalán. En un relato alternativo el Presidente del Gobierno se refirió a la radicalización de Convergencia y Unió pactando con Esquerra, perdiendo escaños, y volviendo a pactar con la CUP, después de la “pantomima“ del 9N. Su actuación, según él se ha limitado a tomar dos decisiones: negarse a convocar un referéndum que liquida la soberanía nacional y pagar el déficit de Cataluña para que la Generalitat pueda sufragar los servicios públicos… Así que de echar la culpa a los demás, no.