¿Dónde estaban las pancartas de condena del terrorismo? ¿Dónde la condena del Isis? ¿Dónde el recuerdo de las víctimas?

Sin ninguna pancarta contra el terrorismo, sin ninguna condena contra el ISIS; sin la mínima referencia a los miles de asesinatos cometidos por el Estado Islámico; sin ninguna fotografía  ni mención de los dieciséis ejecutados por la célula salafista dirigida por el Imán de Ripoll; sin ningún grito de repulsa por la sangre inocente derramada y, eso sí, con millares de banderas independentistas, pancartas contra el Rey y el presidente del Gobierno acusándoles de ser responsables indirectos de los atentados por las relaciones comerciales de España con Arabia Saudita y Qatar y eslóganes tan solidarios como los de “vosotros ponéis  la política y nosotros los muertos“, se celebró este sábado el primer ensayo general de lo que será la Diada del 11 de septiembre, al grito de “Non Tic Por“ (No tenemos miedo), como gesto de desafío y protesta a todo lo que decida el Estado contra el referéndum del 1 de Octubre.

Este domingo Mariano Rajoy desde Pontevedra, dónde ha inaugurado el curso político, le ha vuelto a pedir a Puigdemont que dé marcha atrás en la convocatoria del referéndum y, ante los insultos y vejaciones de la manifestación del sábado, ha dicho que “las afrentas de algunos no las hemos escuchado”. Pero además de esas afrentas, lo del sábado fue un ensayo general que muchos se lo temían y por ello se quedaron en casa, convirtiendo la manifestación del 26- A en la más deslucida, tensa y desagradable que se ha hecho en Barcelona contra el terrorismo: desde la que tuvo lugar en contra de ETA por la matanza de Hipercor a la que se realizó después del atentado islamista  del 11-M en Madrid. Aquello tenía de manifestación contra el  terrorismo  y de solidaridad con las victimas lo que Puigdemont tiene de lealtad institucional. Tan poco leal que se dejó de nuevo arrastrar por la CUP (Candidatura de Unidad Popular) que es el partido antisistema que realmente manda en Cataluña; por la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC), que ha ya hecho llamamientos concretos a la insumisión; y por Ómnium Cultural.

Tanto la Asamblea como Ómnium son las dos instituciones manejadas por la Generalitat, encargadas de las movilizaciones y de las protestas, como las que tuvieron lugar este sábado en Barcelona. Conocían previamente hasta el recorrido que iban a hacer las autoridades que venían de Madrid para asegurarse de que serian testigos privilegiados de los insultos y de las reivindicaciones que nada tenían que ver con la convocatoria del Ayuntamiento de Barcelona y de la Generalitat. Porque lo del sábado fue planteado como un acto preparatorio de la Diada del 11 de septiembre, que dará paso a movilizaciones en la calle hasta el mismo día del referéndum, para el que ya tienen las urnas, según se encargó de confirmar, el día antes de la manifestación, el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, al “Financial Times”.

La próxima semana comienza, de hecho, la cuenta atrás para la publicación oficial de la Ley del Referéndum que se hará por decreto ley firmado por el presidente Puigdemont, si se atreve a asumir sus responsabilidades o por debate único, los días 6 y 7 de septiembre en el Parlament, lo más cerca posible de la fiesta oficial de la Diada. Es decir, que ya los independentistas han decidido responder a las medidas jurídicas contra la violaciónón de la legalidad constitucional con protestas en las  calles y la manifestación del sábado ha sido un ensayo general, perfectamente preparado.

Probablemente desde el mismo día 11 de septiembre, con la ocupación en de la Plaza de Cataluña, para convertirla en una especie de Plaza Maridan ucraniana. Si, efectivamente, los separatistas catalanes están tan seguros de la celebración del referéndum. Y de la casi segura victoria de los que quieren la escisión de Cataluña de España, no se entiende todo este juego al escondite, para no verse afectados por medidas sancionadoras. Sería teóricamente la nueva República catalana, la que terminaría con todas las sanciones para quienes, en todo caso,  se convertirían automáticamente en los Nuevos Héroes de la Independencia.